La coquetería y el coquetismo se confunden generalmente, y no obstante,
son muy diferentes: la primera la sienten todas las mujeres desde que
despunta la luz de su razon, y algunas veces no las abandona hasta el
sepulcro: el segundo no se siente, se ejerce; porque léjos de ser un
sentimiento, es un sistema calculado y sujeto á reglas.
El coquetismo, y no la coquetería, es lo que hace las coquetas; porque
el coquetismo lo ejercen únicamente las mujeres de corazon frio y de
poco elevados sentimientos.
La coquetería es conveniente: constituye el principal encanto de la
mujer, y necesita conservarla para su felicidad, porque la coquetería
es una especie de conocimiento de su propio mérito, que la induce á
realzarlo en cuanto puede con mil graciosos é inocentes recursos; puede
decirse que la coquetería es un deseo constante de agradar.
Hay algunas mujeres dotadas de encantadora coquetería en su juventud;
todo participa de ella; sus acciones, su traje, sus palabras, y hasta
sus menores movimientos; su más vivo deseo es complacer; y yo encuentro
en esa constante ocupacion del placer de los demas algo de generoso y
tierno.
Su coquetería las hace siempre amables y dulces: su coquetería las
inclina á cultivar todo género de habilidades, y á presentarse, áun en
familia, bien y elegantemente prendidas: su casa está siempre cuidada
con esmero, y en la colocacion de los muebles, en los pliegues de las
cortinas, en la fisonomía general que presenta su domicilio, se ve ese
anhelo de complacer que cautiva todas las voluntades.
No, no es la coquetería lo que hace las coquetas; porque la coquetería,
la amable y graciosa coquetería se emplea tambien con éxito para
alcanzar las simpatías de nuestro sexo; coqueterías son los mil
pequeños servicios que una mujer puede prestar á otra para captarse sus
simpatías.
¡Cuántas cosas que parecian imposibles ha conseguido una dulce mirada,
una palabra amable, una frase dicha á tiempo, y dicha con deseo de
agradar!