III.

No sé qué deplorable flaqueza nos impele siempre á ver en cada uno de

nuestros defectos una cualidad.

Las personas muy mezquinas, se creen _económicas_ y _arregladas_.

Las dominantes, se juzgan llenas de abnegacion hácia las otras.

Las oficiosas, _serviciales_.

Las aduladoras, _amables_ y _cariñosas_.

Las despilfarradoras y manirrotas, _generosas_.

Las maldicientes, _listas_, contoneándose muy huecas con esta idea.

«¡El que me la pegue á mí!...»

He visto á un hombre muy cobarde y villanamente insultado, que,

preguntado por un hermano suyo que por qué no pedia satisfaccion de

aquella ofensa, contestó:

--Yo soy un hombre prudente que me debo á mis hijos: éstos me necesitan.

--¡Más necesitan el honor que tú les quitas con tu cobardía! exclamó

irritado su hermano.

Así cegados los ojos de nuestra razon, en vez de combatir nuestros

defectos como á enemigos, los acariciamos y cuidamos como á cualidades

relevantes que nos ensalzan.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 130 / 399 题