II.

En mi pobre opinion de mujer, creo que para la vida interior ó de

familia, es mucho mejor tener un solo vicio que muchos defectos.

En primer lugar, un vicio puede curarse; una fuerte sacudida moral, una

desgracia originada por ese mismo vicio, suelen ser el cauterio de la

llaga; pero de los defectos nadie se cura jamas, pues casi siempre los

creemos cualidades relevantes.

Refiriéndome de nuevo á la madre y á la hija de quienes ya he hablado,

puedo asegurar que las dos tienen la culpa del malestar en que viven, y

del completo y triste desacuerdo á que han llegado.

La madre quiere que su hija sea perfecta.

La hija quiere, á su vez, que su madre sea una madre modelo.

Cayendo en la manía comun, llama la madre á sus exigencias de

perfeccion AMOR, y la hija las llama TIRANÍA.

Ambas carecen de la más amable de las cualidades: de la que es el

copito de algodon en rama, dulce, suave y blando, que iguala todas las

sinuosidades del carácter y todos los lados salientes de las

situaciones: carecen de benevolencia; han llegado á no entenderse, que

es la mayor de las desgracias en la intimidad de la familia.

Esos dos pobres seres viven juntos y está cada uno de ellos solo,

¡eternamente solo!

¡Dios mio! ¿Qué sacrificio puede parecer penoso si precave el llegar á

tan horrible estado? ¿Y qué es un poco de tolerancia, comparada con las

ventajas y la paz que trae consigo?

¡Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza! ¡Adorables virtudes, que

el cielo ha señalado como cardinales y primeras! ¡Vosotras sois las

cuatro fuertes columnas en las que descansa todo el edificio de la paz

doméstica! ¡Vosotras dais la dicha y la paz al hogar, la calma á la

conciencia y la tranquilidad al alma!

La prudencia calla y tolera los defectos ajenos, pensando en los

propios.

La justicia mide las circunstancias atenuantes de lo que da impulso á

las acciones, que á primera vista parecen culpables.

La fortaleza perdona las injurias despues de soportarlas con valor.

La templanza contiene los movimientos descompuestos de la ira, y

derrama un bálsamo exquisito en el alma herida.

¡Oh, nobles virtudes! ¡Sed siempre las santas compañeras de mi débil

sexo! ¡Sed siempre los ángeles guardadores de la mujer!

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 129 / 399 题