II.

Mi amiga miró asombrada á su tio, que prosiguió:

--No se pueden tener muchas amistades si se han de tener algunos

amigos, hija mia; la vida está llena con dos afectos, y bastan si se

sienten profundamente: el amor y la amistad son dos dulces necesidades

del corazon, y para satisfacerlas todo el tiempo es corto.

¿A qué ese cúmulo de frívolas visitas? ¿Puede creer en tu simpatía é

interes la dama que sólo conoce de tí el nombre inscrito en las

tarjetas que le sube el lacayo? ¿Puedes tú creer en los suyos, cuando

ella hace lo mismo?

--¡Pero si esa es la costumbre!

--Costumbre absurda y no tan generalizada tampoco como tú crees;

llévate siempre esta regla en tu trato: ni buscar amistades, ni

perderlas.

Las visitas son necesarias para conservar las relaciones sociales; son

la expresion de la deferencia hácia los que nos son superiores; de la

simpatía á nuestros iguales, de la piedad hácia los que sufren; son, en

fin, el lazo que une á la gran familia llamada sociedad, y bajo este

punto de vista son, no sólo necesarias, sino agradables; pero lo que es

inútil y absurdo es ese afan de visitar que se ha desarrollado en

nuestros dias y que á nada conduce más que á perder el tiempo y la

paciencia: si se dedican todas las horas de que se puede disponer á las

visitas de cumplido, ¿qué tiempo dedicarémos á las de afecto? ¿Y cómo

expresarémos éste sino yendo á ver de cuando en cuando á las personas

que nos lo inspiren?

--Lo que me ha herido profundamente,--dijo la jóven,--es que durante

los dias de mi enfermedad apénas ha venido nadie á verme; nadie se ha

ofrecido á velarme; nadie me ha acompañado una hora.

--En cambio, desde que saben que te levantas, tienes al criado de la

antesala constantemente anunciando visitas y recibiendo tarjetas:

ademas, la lista que se ponia á la puerta de la habitacion estaba llena

todos los dias.

--¡Sí! de nombres que venian á escribir criados ó conocidos de mis

amigos.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 125 / 399 题