III.

--La sociedad exige mucho y da muy poco,--dijo nuestro anciano

amigo,--despues de una noche de baile que has pasado sin dormir y

empaquetada en un traje incómodo: despues de un dia de visitas,

fatigoso y eterno, ¿vuelves á tu casa con el espíritu alegre y el

corazon tranquilo?

--¡Nunca, tio mio! ¡Mi cuerpo llega cansado! ¡Mi espíritu, vacío y

triste!

--Así sucede á casi todas las personas, y desde luégo á todas las que

piensan y sienten.

--¿En qué consiste, pues, que algunas jóvenes que yo trato están sólo

contentas así?

--¡Porque ni sienten ni piensan; porque esa frivolidad basta para

llenar su tiempo y divertirlas; porque no tienen recursos en sí mismas;

en una palabra, hija mia, porque miran siempre á la tierra y jamas al

cielo! Pero eso no da la felicidad, ni la alegría, ni áun la

tranquilidad: adquiere la costumbre de preguntarte cada noche al

recogerte: ¿Qué he hecho hoy?--y verás qué dolor sientes al tener que

contestarte:--Nada que valga algo.--¡Luégo he arrojado un dia al

abismo! _Diem perdidi_, como decia el Emperador Tito.

--Pero señor,--observó un jóven elegante y perfumado que se hallaba

presente tambien,--¿se ha de retirar la señora de todo trato? ¿Bella,

rica, libre, pues es viuda, y en lo más florido de la juventud, va á

dedicarse sólo á pensar y á sentir? ¿Y el buen tono? ¿Y su proverbial

elegancia? ¿Se ha de eclipsar? ¿Se ha de morir moralmente?

--No, señor, ántes por el contrario, le aconsejo una resurreccion á la

dicha, á la paz consigo misma: que entre todas esas innumerables

visitas elija aquellas que le sean más simpáticas ó que sean

verdaderamente distinguidas por sus talentos y virtudes: que elija, en

una palabra, lo que le agrade, lo que pueda amar, ó á lo ménos estimar;

para la amistad, que se dedique más á conquistar afectos que á provocar

envidias; más á ser amiga que á ser rival; más á ser útil que á

deslumbrar; que desee más ser querida por sus bondades que ser citada

por modelo de elegancia, y que prefiera la dulce intimidad de algunas

pocas y elegidas personas, al gran círculo en el que sólo se admiran

sus trajes y sus prendidos sin pensar en las nobles cualidades de su

carácter y de su corazon.

Mi amiga besó tiernamente la mano de su tio, prometiéndole así, de una

manera tácita, seguir sus consejos.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 126 / 399 题