--La sociedad exige mucho y da muy poco,--dijo nuestro anciano
amigo,--despues de una noche de baile que has pasado sin dormir y
empaquetada en un traje incómodo: despues de un dia de visitas,
fatigoso y eterno, ¿vuelves á tu casa con el espíritu alegre y el
corazon tranquilo?
--¡Nunca, tio mio! ¡Mi cuerpo llega cansado! ¡Mi espíritu, vacío y
triste!
--Así sucede á casi todas las personas, y desde luégo á todas las que
piensan y sienten.
--¿En qué consiste, pues, que algunas jóvenes que yo trato están sólo
contentas así?
--¡Porque ni sienten ni piensan; porque esa frivolidad basta para
llenar su tiempo y divertirlas; porque no tienen recursos en sí mismas;
en una palabra, hija mia, porque miran siempre á la tierra y jamas al
cielo! Pero eso no da la felicidad, ni la alegría, ni áun la
tranquilidad: adquiere la costumbre de preguntarte cada noche al
recogerte: ¿Qué he hecho hoy?--y verás qué dolor sientes al tener que
contestarte:--Nada que valga algo.--¡Luégo he arrojado un dia al
abismo! _Diem perdidi_, como decia el Emperador Tito.
--Pero señor,--observó un jóven elegante y perfumado que se hallaba
presente tambien,--¿se ha de retirar la señora de todo trato? ¿Bella,
rica, libre, pues es viuda, y en lo más florido de la juventud, va á
dedicarse sólo á pensar y á sentir? ¿Y el buen tono? ¿Y su proverbial
elegancia? ¿Se ha de eclipsar? ¿Se ha de morir moralmente?
--No, señor, ántes por el contrario, le aconsejo una resurreccion á la
dicha, á la paz consigo misma: que entre todas esas innumerables
visitas elija aquellas que le sean más simpáticas ó que sean
verdaderamente distinguidas por sus talentos y virtudes: que elija, en
una palabra, lo que le agrade, lo que pueda amar, ó á lo ménos estimar;
para la amistad, que se dedique más á conquistar afectos que á provocar
envidias; más á ser amiga que á ser rival; más á ser útil que á
deslumbrar; que desee más ser querida por sus bondades que ser citada
por modelo de elegancia, y que prefiera la dulce intimidad de algunas
pocas y elegidas personas, al gran círculo en el que sólo se admiran
sus trajes y sus prendidos sin pensar en las nobles cualidades de su
carácter y de su corazon.
Mi amiga besó tiernamente la mano de su tio, prometiéndole así, de una
manera tácita, seguir sus consejos.