II.

En el matrimonio te recomiendo más todavía el pensar: las sublimidades,

querida mia, no lo son en la vida real sino cuando van acompañadas de

la augusta luz de la razon: si no haces más que sentir, eres mujer

perdida: el raciocinio es de todo punto indispensable para guiarnos en

las sinuosidades del camino: el sentimiento nos extravía muchas veces,

ó más bien nos extravía siempre.

Hay que sentir, por decirlo así, con medida, y hay que pensar mucho:

hay que pensar en la dicha de toda una familia, y hay que poner al

sentimiento límites muy estrechos las más veces, por más que el

sentimiento parezca ilimitado como todo lo infinito.

Ya en la edad madura, presumo que el pensar se sobrepondrá en tí al

sentir, como sucede á todas las mujeres. La ancianidad: hé aquí el

puerto de paz de las mujeres que sienten con exceso: la ancianidad con

su velo blanco apaga el fuego de la pasion, y trae á la razon por la

mano, como fiel y cariñosa compañera.

En las nobles y elevadas regiones del arte, el pensar y el sentir son

tambien dos cosas que deben ir juntas si el artista ha de producir

obras de esas que no mueren jamas; pero en el artista el sentimiento ha

de preceder al pensamiento, y ha de ser más grande; se necesita sentir

en sí mismo la belleza ideal, y luégo pensar con firmeza en la

ejecucion; pensar incesantemente en la necesidad de llevarla á cabo; el

trabajo constante es la ley del arte, como es la ley de la vida.

«Paganini, dice Balzac, que hacía vibrar su alma en las cuerdas de su

violin, hubiera llegado á ser un violinista ordinario si hubiera pasado

tres dias sin estudiar.»

Y en otra página de sus libros inmortales añade el mismo gran escritor

frances:

«El arte es la creacion idealizada: así los grandes artistas, los

poetas completos no esperan ni los encargos ni los compradores: crean

hoy, mañana, siempre; y de esto resulta esa costumbre del trabajo y ese

perpétuo vencimiento de las dificultades, que les mantiene en eterno y

amoroso lazo con su musa protectora y con sus fuerzas intelectuales.

Canova vivia en su taller, como Voltaire en su gabinete: Homero y

Fídias han debido vivir tambien así.»

Si el artista se deja llevar sola y exclusivamente del sentimiento,

degenerará en soñador, y entónces no hay gloria posible para él; porque

la pereza es el estado normal de todos los artistas, pudiendo ocuparla

con sus sueños sin fin, y es muy fácil convertirse de pensador en

soñador y sumergirse en esa peligrosa reverie, enfermedad del alma, y

abismo donde quedan sofocadas las nobles aspiraciones del arte y del

trabajo.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 121 / 399 题