Mas hablemos de nosotras, ó más bien de tí, amada Valeria, de tí que
pones ahora el pié en el florido sendero de tu vida; de tí, que tienes
el alma llena de fe y henchida de esperanza, y que me preguntas con el
santo candor de la inocencia:
¿Qué haré? ¿Conviene más á la mujer pensar ó sentir? ¿Deberé crear en
los mundos de la pasion, ó fabricarme una vivienda en los de la razon?
Ni lo uno ni lo otro, Valeria: vive en ambos, y no renuncies del todo á
ninguno de los dos: líbreme Dios del dolor de verte _racionalista_ como
del dolor de verte soñadora: aquello es el desierto de hielo; esto la
perpétua y dolorosa decepcion: vive sobre todo para el amor, pero deja
á la razon que modere la impetuosidad de tus impresiones y que las
regule, como un hábil mecánico regula el movimiento de una magnífica
péndola, para que marque el trascurso del tiempo; el decorado de esta
péndola puede ser tan bello como el sueño de un poeta: mas esto no
impide que la máquina sea de una exactitud y regularidad perfectas,
sino que, por el contrario, estas condiciones hacen de ella una obra
maestra, y completan la admirable armonía del conjunto.