III.

Voy á poner algunos ejemplos, de cómo comprendo el valor en la mujer.

Creo que al casarse una jóven--casi siempre de muy pocos años--no se

deja el corazon en la iglesia, y desgraciado de su marido si tal

hiciera.

Y bien: ese corazon que se ha abierto al amor del hombre á quien ha

elegido por esposo, como una flor al rocío de la aurora; ese corazon

tierno, sensible, lleno de ilusiones, puede verse destrozado por

amargos desengaños, puede helarse al soplo del egoismo marital, como

sucede muchas veces.

Pero como las heridas del corazon no afean el rostro, sino que, por el

contrario, suelen hacerle más interesante, la pobre esposa inspira á

otro hombre simpatía y afecto verdadero: entónces compara entre el

esposo desencantado y el galan rendido; entre el que la deja sola y el

que anhela verla un instante; entre el que la desdeña y el que la ama;

¿quién puede salvar á esta mujer del precipicio cuando á nadie puede

pedir consejo? su valor; ese valor que está apoyado en el sentimiento

del deber, en su fe cristiana, en su propia dignidad.

Con valor generoso huye de ver á quien la persigue, y con valor

contesta negativamente á todas sus aspiraciones.

Valor necesita para sofocar su sed de ternura, su necesidad de afectos,

y este valor sólo á Dios lo pide; sólo de Dios puede venir.

Valor necesita para preferir el abandono en que la deja su marido y la

soledad de su casa, á las dulces pláticas del amor mutuo y

correspondido; para dejar las flores por las espinas, lo agradable por

lo enojoso, la alegría por la tristeza, las sonrisas por las lágrimas;

y sin embargo, este valor lo tiene siempre la mujer honrada.

Busquemos á la esposa en otra esfera; imaginemos que ha pasado ya la

edad del amor, ó que, por dicha suya, no lo ha inspirado á ningun otro

hombre más que á su marido; pero supongamos que este marido es

irascible, colérico, grosero, mezquino, en una palabra, insoportable.

¿No es un valor heroico el de la mujer que á todos estos defectos opone

las cualidades contrarias? ¿No hay un valor sublime en oponer la

conformidad y la dulzura á la ira, la moderacion á la grosería, la

paciencia á la mezquindad, la resignacion á la injusticia y el silencio

digno al insulto?

Hablemos aún de la esposa; ved á esta otra afanada en arreglar su casa

todo lo posible con el escaso sueldo de su marido; vedla ideando mil

prodigios de economía, arreglando de su ropa los trajecitos que han de

engalanar á sus hijos; mirad el vestido de la mayor; es uno de los que

su madre se hizo para casarse; la blusita del segundo está hecha de la

única bata de abrigo que tenía; la colgadura de la cama en que duerme

el niño que áun alimenta á su pecho, es de su blanco vestido de boda.

Ella cose, borda, plancha, lava, y por la noche, cuando están dormidos,

reza por la dicha de su esposo y de sus hijos, en vez de descansar de

las fatigas del dia.

¿Y en la mesa? la comida, dispuesta por sus manos, no es ni muy

abundante ni muy delicada; ella hace platos para ofrecerlo casi todo á

su marido y á sus hijos, y desde luégo todo lo mejor; ¡pobre mujer! la

fatiga, los cuidados, la falta de buen alimento, han marchitado su

belleza y el delicado color de sus mejillas; se apagó el brillo de sus

ojos, pero áun se ve en su rostro la sublime expresion del amor, de la

esposa y de la madre. Y léjos de agotarse su valor, cada dia se levanta

alegre y esforzada á sufrir las mismas penas, á soportar las mismas

privaciones; y no se crea que esta mujer ha sido nunca vulgar ó

prosaica; si tiene algunos minutos de tiempo, en tanto que sus hijos

duermen, toca el piano; esta mujer piensa y siente; gusta de leer y

comprende lo que lee; no lee nunca libros necios é insípidos, y sabe

distinguir, así en la lectura como en todo, lo que es bueno de lo que

no lo es; tiene instinto de lo bello y una poesía natural que se

comunica á cuanto toca y la rodea; no es, en fin, una mujer ordinaria,

sino una criatura noble, dotada de una naturaleza exquisita; por eso

tiene todas las virtudes, por eso es admirablemente valerosa para

descender á todas las realidades de la vida, para soportarlas y para

cumplir con sus deberes de esposa y madre.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 111 / 399 题