II.

Nunca he podido oir hablar de la emancipacion de la mujer sin que una

sonrisa de lástima se haya asomado á mis labios.

¿Para qué quiere la mujer vivir por sí sola? Tal como vive hoy tiene

ancha esfera donde moverse y donde lucir santas y adorables virtudes; y

léjos de separarla del hombre, convendria educarla para que viviese á

su lado, y para que fuese lo que debe ser.

No há menester el valor para seguir una carrera de áridos y monótonos

estudios; no le necesita para manejar por sí sola sus negocios, para

luchar con dificultades, para vencerlas, para defender un pleito ó para

matar á quien la calumnie ó la ofenda; necesita el valor para sufrir

como cristiana, para soportar las amarguras de la vida, y para separar

de los suyos las espinas, dejándoles ver sólo las flores.

Necesita el valor para conservar en su hogar el calor y para que brille

en él la luz suave y vivificante de las creencias religiosas,

mantenidas con su ejemplo.

Le necesita para trabajar en las más prosaicas tareas de la casa, á fin

de que no falte á su familia la decencia, lujo de las fortunas

modestas, ó la limpieza, lujo de la desgracia.

Le necesita para educar á sus hijos, para consolar á su marido si

sufre, para alegrar los últimos dias de sus ancianos padres: éste es el

valor, ésta es la hermosa ciencia de la mujer, y no la que puede hallar

en las aulas ó el que puede desplegar en los combates.

Mujeres valerosas necesita más que nada la sociedad: mujeres valerosas

que se priven animosamente de las galas que puedan arruinar á su

marido: que se humillen á los importantes, aunque al parecer fútiles

cuidados del ama de la casa: que se doblegue á coser, á zurcir, á

enseñar á su cocinera el modo de condimentar un plato y á arreglar sus

habitaciones: para defender las grandes cuestiones sociales, para

hablar en la tribuna, para verter sangre en la guerra, para las

cátedras y para otros elevados destinos están los hombres; si algun dia

llega en que la mujer sepa desempeñar todas esas cosas y en que no le

sea necesario el hombre, en ese dia fatal habrán recibido una herida de

muerte el hogar y la familia: porque el prestigio de la mujer debe

cifrarse en valer para las cosas insignificantes en la apariencia, pero

que son en realidad el eje en que descansa el gran edificio de la dicha

doméstica.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 110 / 399 题