III.

»Una de las señoritas me suplicó que le acercase un asado colocado

cerca de mí; en mi afan de complacerla puse en la boca un pedazo de

budin que tenía en el tenedor sin pensar en que estaba abrasando;

entónces me fué imposible disimular mi tormento; la garganta se quemaba

conforme iba pasando por ella el budin; los ojos se me querian salir de

las órbitas; cada uno de los presentes me propinó un remedio distinto:

el uno me aconsejaba vino, otro aceite; yo pedí agua, y un criado trajo

un vaso lleno; pero sea que se equivocase, sea que el traidor quisiera

burlarse de mí, me trajo aguardiente en vez de agua fresca; lancé un

grito, y el líquido salió por las narices y por mi boca en un acceso de

tos; la señora riñó á su criado; ciega con el dolor de la quemadura y

del aguardiente, llevé á la cara el pañuelo con el que habia secado la

tinta; una risa general estalló entónces, porque la más exquisita

cortesía no bastaba ya ante tanta ridiculez, y huí á mi casa sin

despedirme de nadie y loca de dolor.

«¡Oh invencible timidez! Yo te maldigo como á mi más cruel enemigo.»

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 95 / 399 题