La parte más frívola de la vida es quizá la que hace más agradable á la
mujer, y áun añadiré, sin temor de equivocarme, que es lo que la hace
más amada.
Porque, fuerza es confesarlo en detrimento de la fortaleza humana, la
virtud desnuda de atractivos seduce poco, generalmente hablando, y una
mujer agradable obtiene tantas simpatías, por lo ménos, como una mujer
buena.
La elegancia es uno de los mayores atractivos de la mujer, y es desde
luégo un atractivo mucho más poderoso y durable que el de la hermosura.
Para ser elegante una mujer no debe nunca _competir_, sino
_distinguirse_; la competencia es un escollo odioso; la distincion es
una gracia y una gran prueba de talento. La competencia provoca
enemistades; la distincion atrae el afecto y hasta la admiracion.
Así, pues, mis queridas señoras, no imiteis nada; inventad, y si teneis
un poco de buen tacto y de buen gusto, seréis vosotras las imitadas.
Si teneis pocos medios de fortuna, el sistema de no imitar os librará
de muchos sinsabores; y desde luégo os impedirá el sentir los dolores
intolerables de la envidia, madre infernal de la competencia; en vez de
caer en el género _cursi_, que es el querer aparentar lo que no se
tiene, arreglad vuestra casa de un modo que esté en relacion con
vuestros medios, y vestid con arreglo á los mismos; el aseo y la
elegancia se hallan al alcance de todos.
Cuando una mujer debe asistir á una reunion de personas donde se sabe
de antemano que el lujo ha de ser espléndido, dará una gran prueba de
talento vistiendo con una sencillez tal, que haga contraste con todas
las maravillas adonde no puede ni debe llegar; la sencillez en ese caso
será una gran distincion.
Lo que no puede suprimirse jamas es el decoro, la gracia y la modestia,
que es el adorno más bello de la mujer y la hija encantadora del
verdadero talento.