El verdadero talento tiene una magia que no posee el talento sólo de
apariencia: todo lo ilumina, todo lo embellece, todo lo suaviza, y
puede decirse que lo alcanza todo.
No es sólo una gran penetracion y un entendimiento extraordinario lo
que lleva á cabo grandes obras morales, empresas difíciles ó negocios
arriesgados; es preciso utilizar todos estos recursos en tiempo y
ocasion oportunos; es preciso no malgastar las fuerzas, cuando hay que
reservarlas para ocasiones más importantes ó más decisivas.
Esto es lo que adivina el talento, porque su intuicion es maravillosa;
sabe hacer tres cosas que parecen insignificantes y que tienen, sin
embargo, importancia suma en la vida y en el logro de todas las
empresas.
Estas tres cosas son: _callar_, _escuchar_ y _esperar_.
¡Callar! ¿qué elocuencia hay en algunas ocasiones, comparable á la
dignidad, al dolor ó al desden del silencio?
¡Escuchar! ¿dónde hay complacencia más amable que la de oir
pacientemente los proyectos de un sabio, las esperanzas de un poeta, ó
las quejas de un desgraciado?
¡Esperar! ¡cuántas dulzuras encierra esta palabra! ¡qué consuelo para
las penas! ¡qué grato y poderoso antídoto para la impaciencia!
Estos tres grandes recursos los posee el verdadero talento; se doblega
sin humillacion, acaricia para conseguir, y le sirven, no sólo para las
cosas grandes, sino tambien para lo que se llama _pequeñeces_, y que en
la vida de la mujer ocupan tan gran lugar.
El verdadero talento se aviene á todo, se doblega á todas las
situaciones, y pone constantemente en práctica esta gran verdad de un
gran escritor.
«Se debe aceptar de buen grado todo aquello que es irremediable.»
La familia, la amistad, el hogar doméstico, la fortuna, todo gana, todo
está bien conducido, todo está floreciente, todo está bien y bellamente
ordenado, cuando la mujer posee, no el talento que brilla, que
deslumbra y que se agita, sino el bello, el grato, el tranquilo y
modesto, en fin, el verdadero talento.