La caridad es un deber para todos, pero este deber se convierte en una
satisfaccion muy dulce para la mujer, porque es innegable que la mujer
ha nacido con un caudal más rico de sentimiento que el que ha sido
otorgado al hombre.
El destino, la principal ocupacion de la mujer, es el amor. ¿Y qué otra
cosa es la caridad que un amor grande, generoso y purificado?
El cálculo y el trabajo constituyen la vida del hombre: la de la mujer
está consagrada, como ya dije, al amor.
La caridad debe ser, pues, una ocupacion en la mujer, por avenirse
mejor con su organismo y con el destino que el cielo la ha deparado
sobre la tierra.
Á la mujer que reciba en su pecho á esa bella hija de la religion, Dios
la colmará de dicha y de prosperidades: con la caridad vendrán la
esperanza y la fe, y su vida será feliz y estará exenta de pesares,
pues no hay dolor que no endulcen esas hijas del cielo.
¡Feliz aquélla que las abriga bajo su techo!
¡Feliz la que consiga que se reclinen en las cunas de sus hijos!
¡Feliz la que les rinde el amoroso culto que merecen!
Las malas pasiones no desgarrarán jamas su seno; la felicidad no se
apartará de su hogar, porque la felicidad reside en nosotros mismos, y
sólo una conciencia pura puede darla.