I.

Hay un consuelo para todas las penas de la vida: un bálsamo para todos

los dolores: un rayo de sol que disipa todas las tinieblas que

incesantemente oscurecen el horizonte de nuestra existencia: la caridad.

Se han visto personas cuyo corazon se hallaba yerto y marchito á fuerza

de sentir amargos sinsabores, que en el ejercicio de esta virtud han

hallado un consuelo supremo é inagotable, y que en pos de la caridad ha

venido á visitarles la esperanza, esa hermosa mensajera del Dios de las

misericordias.

La caridad es un beneficio para el que la ejerce, porque nada es tan

consolador como el espectáculo del bien que se ha hecho, de la

felicidad que es obra nuestra y que ha reemplazado al llanto de la

desesperacion.

La caridad lleva en su manto el consuelo y la alegría. El que la ejerce

ama á Jesucristo en el mendigo andrajoso y macilento, en la enferma

anciana y desvalida, en el niño lloroso y abandonado.

¡Oh caridad! la pureza inmaculada de tu ropaje y la blancura de tus

alas toman nueva brillantez al rozarse con la miseria que procuras y

consigues aliviar. ¡Tú extiendes tanto tus beneficios que es imposible

señalarles un término! ¡No te contentas con dar pan al hambriento, con

vestir al desnudo y con prestar consuelo á todos los dolores! ¡Perdonas

ademas todas las penas, y no hay injuria que no haga olvidar tu plácida

dulzura!

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 84 / 399 题