Oponiendo la paciencia á la injuria y á la sinrazon se han conseguido
grandes resultados: una mujer desdeñada de su marido, sólo con la
paciencia puede volver á conquistarle, porque la paciencia es la suave
valla que impide romper los diques al decoro y que conserva la dignidad
en el interior de la familia.
En tanto que media el respeto y la consideracion entre los esposos, no
hay que temer que se derrumbe el edificio conyugal; pero la impaciencia
de la mujer es lo que le hace muchas veces venirse al suelo; la
impaciencia hace acudir á los labios las palabras descompuestas y
duras, las injurias y los denuestos; la impaciencia acrece los
defectos, y ve, como ya dije, con cristal de aumento las faltas más
leves y más ligeras.
En muchas ocasiones, la paciencia equivale á un rasgo de talento,
porque vale mucho más aparentar que se ignoran las faltas que
impacientarse por ellas.
Mas donde la impaciencia causa un daño horrible es en la educacion de
los hijos: la dignidad paternal y maternal dependen, sobre todo, de la
gran calma y serenidad del ánimo: el padre, y áun más la madre, que se
descompone delante de sus hijos, baja de su alto puesto, y dejándole,
no puede exigir que los demas se lo conserven.