Es muy comun en el mundo hacer juicios errados y equivocar lo que es
consecuencia de altas cualidades del espíritu con defectos de carácter.
No hace mucho tiempo que oia yo á unas jóvenes quejarse de que su madre
tenía mal genio, y esto lo oia por la milésima vez.
Nunca habia querido discutir con aquellas personas, temiendo que acaso
no comprendiesen lo que iba á decirles; mas la acusacion esta vez me
pareció más injusta que otras, ya por la particular disposicion de mi
ánimo, ya porque era más claro el error de aquel aventurado juicio.
--Vuestra madre, dije, no tiene mal genio, y vosotras la juzgais con
injusticia.
--¿Pues no ves, me respondieron, cómo se enfada? ¿Nos podrás negar que
su carácter es impaciente?
--No, porque lo es.
--Y el ser impaciente, ¿no equivale á tener mal genio?
--Es muy distinto; vuestra madre se impacienta porque la herís; porque
es excesivamente sensible, y porque la lastimais de contínuo. ¿No
habeis reparado que la menor palabra vuestra la tranquiliza y la
aplaca? Pues el carácter que se doblega así no es malo.
--¿Querrás decir que lo tiene dulce?
--No, lo tiene impaciente, y ése es un mal más bien para ella que para
vosotras. Vuestra madre siente con vehemencia y expresa con sinceridad:
eso es todo.
--Y nos hace á los demas completamente infelices con esas dotes.
--No sostendré lo contrario; pero lo que os hace infelices es la
exageracion de esas dotes, y, sobre todo, la impaciencia, que es
consecuencia inmediata.
En efecto: si aquella madre hubiera sabido reprimir la impaciencia, sus
hijas la hubieran amado mucho más y estimado mucho más tambien de lo
que la estimaban.
Hay personas muy pacientes y hasta muy apacibles; pero es porque no
sienten. Todo lo miran con indiferencia, y aunque el mundo se desplome,
si salvan su individualidad no pasan pena alguna. Su semblante no se
contrae jamas, la sonrisa no desaparece de sus labios y se hallan
siempre en una perfecta tranquilidad moral y material.
La impaciencia les es perfectamente desconocida, y es que, como nada
les interesa, por nada se apresuran, pues, lo repito, miran ante todo
por su individuo.
Estas personas pasan generalmente por muy buenas, muy bondadosas, muy
angelicales, cuando no son más que... muy impasibles.
Si la paciencia fuese nuestra fiel é inseparable compañera, seríamos, á
no dudar, muy dichosos, porque cuando no reside en el alma, ésta se
halla amargada, sufre, se queja, y ve todas las sinrazones con cristal
de aumento.
Por el contrario, la paciencia es un estado de perfecta quietud: el que
sabe esperar y sufrir, lo sabe todo; y en cuanto á las mujeres, la
paciencia es la más adorable de las virtudes que pueden poseer.