Dice no sé qué pensador profundo, que de casi todas nuestras desdichas
debemos pedir perdon al cielo.
Lo que quiere decir, que de todas nuestras desdichas tenemos nosotros
la culpa.
Esto parecerá aventurado y duro; y sin embargo, reflexionándolo bien,
se ve que dicha afirmacion encierra una gran verdad.
Hay dos cosas que se pagan caras en el mundo, y que tienen su castigo
próximo y cruel: la impaciencia y la necedad.
Muchas empresas han abortado por no tener un poco de paciencia. Hay
quien lleva á cabo una grande obra, y acabándose su paciencia cuando
llega á los últimos detalles, pierde todo cuanto en ella ha trabajado.
La perseverancia ha alcanzado triunfos increibles. Una persona de muy
pocos alcances puede llegar con la constancia adonde no llega el más
luminoso y elevado talento, y es que por lo regular al gran talento va
unida la carencia de perseverancia y de fe.
Por el contrario, una inteligencia limitada se reconoce incapaz de
hacer grandes cosas, y se aplica con todas sus fuerzas á lo que
emprende.