La sensibilidad es uno de los más bellos atributos de la mujer, y sin
ella puede decirse que no tiene de mujer más que el nombre.
Pero aquella bella y dulce cualidad no se da á conocer por alardes
contínuos: una pequeñez la descubre, y acaso ni ella misma sospecha que
existe: la sensibilidad es una compasion natural y tierna de las penas
y de los dolores de los otros; es el deseo de ayudarlos; es el generoso
anhelo de la felicidad ajena: una lágrima es á veces un testimonio
irrecusable de la sensibilidad del corazon: el cuidado de los animales
indefensos, el cariño que se les profesa lo es tambien: no hay ninguna
persona verdaderamente sensible que maltrate á un animal.
Hace pocos dias fuí yo á ver á una jóven muy bella que conozco: su aire
de hada, la delicadeza encantadora de sus facciones, la dulzura de su
voz y la elegancia de sus modales, hacen de ella, más bien que una
mujer, una sílfide: ademas está siempre hablando de su sensibilidad:
jamas va á ver un drama, porque se pone mala: las emociones, segun ella
dice, la matan, y se queja contínuamente del corazon.
Cuando yo llegué á su casa se me hizo entrar en una pequeña habitacion,
donde se hallaba: delante del balcon, y acostada en un canastillo,
habia una gata rodeada de cuatro hijuelos que habia dado á luz: la
sílfide eligió el de la piel más bonita, y señaló los otros tres á un
criado, diciéndole:
--Vaya V. ahora mismo á tirarlos léjos de aquí.
Este rasgo acaso parezca insignificante á muchas personas: ¿qué
importa, en efecto, la vida de tres animalillos recien nacidos?
Nada á primera vista; y sin embargo, yo no he podido ya estimar á la
delicada persona que decretó la muerte de aquellos infelices bichos,
con la sonrisa en los labios, con tan perfecta tranquilidad.
Una mujer sensible puede alumbrar sin palidecer para que corten un
brazo á una persona querida, si de esto depende la conservacion de la
vida de aquella persona, y no será extraño que al ver á un anciano
tenderle una mano en demanda de una limosna prorrumpa en lágrimas.
Una frase de un drama ó de un libro humedece á veces los ojos de una
mujer, y (bueno es decirlo en loor suyo) los ojos de un hombre tambien;
y sin embargo, acaso esta mujer y este hombre no se habrán sabido
desmayar en toda su vida, ni habrán dicho ninguna frase pomposa y
estudiada.
Dejemos á las sensibles para acudir á las _sensibleras_, no sin
asegurar ántes que la sensibilidad es silenciosa y se oculta en el
misterio y en la sombra.