II.

La sensibilidad es uno de los más bellos atributos de la mujer, y sin

ella puede decirse que no tiene de mujer más que el nombre.

Pero aquella bella y dulce cualidad no se da á conocer por alardes

contínuos: una pequeñez la descubre, y acaso ni ella misma sospecha que

existe: la sensibilidad es una compasion natural y tierna de las penas

y de los dolores de los otros; es el deseo de ayudarlos; es el generoso

anhelo de la felicidad ajena: una lágrima es á veces un testimonio

irrecusable de la sensibilidad del corazon: el cuidado de los animales

indefensos, el cariño que se les profesa lo es tambien: no hay ninguna

persona verdaderamente sensible que maltrate á un animal.

Hace pocos dias fuí yo á ver á una jóven muy bella que conozco: su aire

de hada, la delicadeza encantadora de sus facciones, la dulzura de su

voz y la elegancia de sus modales, hacen de ella, más bien que una

mujer, una sílfide: ademas está siempre hablando de su sensibilidad:

jamas va á ver un drama, porque se pone mala: las emociones, segun ella

dice, la matan, y se queja contínuamente del corazon.

Cuando yo llegué á su casa se me hizo entrar en una pequeña habitacion,

donde se hallaba: delante del balcon, y acostada en un canastillo,

habia una gata rodeada de cuatro hijuelos que habia dado á luz: la

sílfide eligió el de la piel más bonita, y señaló los otros tres á un

criado, diciéndole:

--Vaya V. ahora mismo á tirarlos léjos de aquí.

Este rasgo acaso parezca insignificante á muchas personas: ¿qué

importa, en efecto, la vida de tres animalillos recien nacidos?

Nada á primera vista; y sin embargo, yo no he podido ya estimar á la

delicada persona que decretó la muerte de aquellos infelices bichos,

con la sonrisa en los labios, con tan perfecta tranquilidad.

Una mujer sensible puede alumbrar sin palidecer para que corten un

brazo á una persona querida, si de esto depende la conservacion de la

vida de aquella persona, y no será extraño que al ver á un anciano

tenderle una mano en demanda de una limosna prorrumpa en lágrimas.

Una frase de un drama ó de un libro humedece á veces los ojos de una

mujer, y (bueno es decirlo en loor suyo) los ojos de un hombre tambien;

y sin embargo, acaso esta mujer y este hombre no se habrán sabido

desmayar en toda su vida, ni habrán dicho ninguna frase pomposa y

estudiada.

Dejemos á las sensibles para acudir á las _sensibleras_, no sin

asegurar ántes que la sensibilidad es silenciosa y se oculta en el

misterio y en la sombra.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 75 / 399 题