¿No os ha llamado la atencion alguna vez, lectoras mias, la errada
manera con que generalmente se juzgan en el mundo, no sólo las
acciones, sino hasta los sentimientos?
Raras, rarísimas veces se da á las cosas el nombre que les corresponde,
y esa terrible _opinion pública_, á que tanto y con tanta razon tememos
todos, tiene ordinariamente un punto de vista que no puede ser más
equivocado.
Se llama, por ejemplo, _bondadosa_, á una persona que sólo es amable;
_dulce_, á la que no se cuida de que el mundo se desplome; _cariñosa_,
á la que hace algunas zalamerías de rutina, sin pensar jamas en las
desgracias ajenas; _prudente_, á la que deja ofender con una cobardía
indigna á un amigo ausente; _indulgente_, á la que mira con
indiferencia los yerros y áun las faltas de las personas que deben
serle más amadas, y así se juzga de todo lo demas.
Por lo que toca á la mujer, la opinion pública anda aún más
descaminada: la modestia y áun la dignidad se toma muchas veces por
escasez de inteligencia, al paso que se da el nombre de _talento_ á la
osadía para hablar de todo, bien ó mal.
Pero dejando las várias equivocaciones que tanto daño hacen al sexo
débil, vengamos al asunto que es objeto de este pobre artículo; es
decir, á la definicion de una especie que abunda mucho y que merece ser
conocida.
Voy á hablar de las _sensibles_ y de las _sensibleras_, y quisiera
hacerlo de un modo que aquéllas y éstas quedasen en el lugar que les
corresponde, para que no se pudieran confundir en adelante como hasta
hoy.