III.

Es imposible llevar nada en la vida con un rigor extremado, porque es

imposible que los que nos rodean lleguen á la perfeccion que nosotros

mismos no podemos alcanzar.

La tolerancia, la benevolencia, son necesarias no sólo con la sociedad

y con nuestros amigos, sino hasta con la propia familia.

Exigir que un hombre abrumado con los cuidados de la vida sea siempre

afable é indulgente, galante, cariñoso y lisonjero, es una utopia que

nunca llegará á verdad, es una ilusion que jamas podrá verse realizada.

Nadie nace perfecto: el carácter tiene sus alternativas, como las tiene

el corazon: como el mar tiene sus mareas, como el cielo sus nubes: toda

persona que siente mucho es desigual, porque la variedad de sus

impresiones se refleja en el exterior si no tiene gran dominio sobre sí

misma.

La benevolencia es, pues, uno de los ejes sobre que gira la felicidad

humana; cuando alguna accion desagrada, es necesario ponerse en el

lugar del que nos ofendió y preguntarnos:

¿Qué hubiera yo hecho en su caso? Con su educacion y en sus

circunstancias especiales, ¿hubiera hecho otro tanto?

Este exámen de sí mismo trae, á no dudarlo, la indulgencia.

Á no haber mucha benevolencia, tampoco lograrémos nunca tener amigos:

es preciso tomar á las personas con sus defectos y sin la pretension de

corregirlas: por el contrario, hay que excusar estos defectos por el

recuerdo de las buenas cualidades: apénas habrá una persona que no sea

apreciable por alguna sobresaliente y bella dote de corazon ó de

carácter.

Las personas más intolerantes y más rígidas aprecian y admiran á las

benévolas y corteses.

Hace poco tiempo oí yo decir á una persona que era más que intolerante,

maldiciente:

--El Sr. N.... es sumamente apreciable y tiene la más distinguida

educacion, porque jamas habla mal de nadie.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 71 / 399 题