II.

No hay nada que más se tema, y por consiguiente que ménos se ame, que

una persona excesivamente rigorista: un hombre de carácter duro é

intratable inspira temor, y se desea estar siempre léjos de él; pero si

estos defectos recaen en una mujer, la hacen insoportable y causan su

eterna desgracia.

Es natural suponer en la mujer un carácter dulce, apacible y blando, un

corazon tierno y sencillo, y gran flexibilidad de voluntad; nadie se

admira de que una mujer sea excesivamente tímida y dócil, pero á lo que

nadie puede acostumbrarse es á ver á una mujer dura é intolerante.

La que se halle dotada de estos hirientes defectos no conocerá nunca la

amistad, ni acaso el amor.

La benevolencia es la llave que abre todos los corazones, y parece tan

natural en la mujer como el perfume en la flor. ¿No sería extraño que

una bella rosa exhalase miasmas pútridos?

Tan extraña me parece una mujer intolerante y malévola.

¡Cuántas veces ha conquistado una amistad eterna una sola palabra

indulgente!

¡Cuántas el rencor ha caido deshecho como nube de verano ante una dulce

y confiada sonrisa! Hay pocas personas y pocas acciones que merezcan

ser miradas con rigor y calificadas con dureza: áun en el fondo de los

crímenes se ocultan casi siempre grandes y aterradoras desgracias.

Una de las reglas más seguras de la buena educacion es darse por

ofendido en sociedad las ménos veces posible; el ofenderse, ademas de

demostrar mal carácter, humilla al enojado; la verdadera dignidad hace

imposible hasta el pensamiento de que se le falte, y quita la

susceptibilidad ridícula, dejando la noble é inquebrantable fortaleza

con que debe rechazarse siempre el verdadero insulto.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 70 / 399 题