I.

¡Oh vírgen celeste, suave, pura, amable, tan adorada y tan digna de

serlo! ¡Oh dulce y modesta benevolencia! ¡Quién no te acogerá en su

seno! ¡Quién no te dará un blando asilo en su alma! ¡Quién no querrá

hacer de tí la compañera de su vida!

Bajo tu blanco velo se cobijan todos los desdichados, y tu grata

sonrisa borra todos los defectos: en vano la intolerancia te muestra su

torva y adusta faz; serena y apacible, tú le muestras tu tranquila

mirada y grata sonrisa.

Puede decirse que tú haces más bien que la caridad; porque ésta sólo

alivia las grandes desgracias y tú endulzas las mil amarguras de la

vida.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 69 / 399 题