II.

Os voy á referir lo que yo misma he visto, pues el precepto sin el

ejemplo no convence gran cosa.

Conocí á una mujer muy bella y que poseia una fortuna más que regular;

su marido la amaba, y era madre de dos hijos que adoraban los dos.

Todas sus amigas envidiábamos á aquella mujer; en su casa sólo habia

delicias; la paz, la alegría, moraban allí; era un compuesto de risas

de niños, músicas, flores, lujo y aromas; la mesa, espléndida, atraia

amables y risueños amigos; la magnificencia de su salon, amigas bellas

y elegantes; cada uno hallaba en aquella casa lo que preferia, así es

que todos se apresuraban á ir á ella.

Por las noches se reunia una concurrencia tan numerosa como escogida;

se cantaba, se leian versos, se tomaba té, se hablaba de arte y de todo

lo que es bello y agradable. Luisa, que así se llamaba mi amiga, vivia

en un cielo; así deciamos cuantas personas la tratábamos.

Cuando pasaba con su marido y sus hijos, recostada en un soberbio

carruaje por las anchas calles de la Fuente Castellana, todos decian:

--Ahí va la mujer más dichosa de Madrid.

De repente la vimos enflaquecer, y sus mejillas perdieron el bello

matiz de rosa; parecia triste y preocupada, pero á nadie confió el

secreto de su pena, que permaneció guardado en su pecho.

Pocos dias despues de esta mudanza, empezó á correr un rumor extraño.

Se decia que el esposo de Luisa hacía la córte á una amiga de su

esposa, muy á la moda y muy elegante, aunque de escasa fortuna.

Una noche Luisa fué al teatro con su marido y algunas personas llegaron

á saludarla. Así que estuvo acompañada, le dijo aquel que iba á salir

un instante y que volvia; la funcion terminó y Luisa esperaba aún á su

esposo. Tomó su coche y volvió sola á su casa.

Le esperó toda la noche en vano: no volvió.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 65 / 399 题