El esposo y la amiga habian huido juntos, llevándose toda la fortuna.
Sólo se salvó el dote de Luisa, que era corto, pues su marido se habia
casado con ella por amor y no por miras interesadas.
--¿Qué se han hecho de tantas amigas y tantos amigos como yo tenía?--me
preguntaba un dia Luisa,--todos han desaparecido con mi felicidad y mi
opulencia; desde que vivo en esta modesta casa, á nadie veo.
--Te quedan tus hijos,--le dije,--no te quejes ni eches de ménos lo que
tan poco vale.
Luisa se resignaba abrazando á los dos niños. De repente fué el mayor
atacado de viruelas malignas; contagióse el segundo, y en el término de
quince dias los perdió á los dos.
Entónces aquella pobre alma cayó en la más negra desesperacion.
--Trabaja,--le dije un dia,--ó te matarás.
--¡Trabajar!--exclamó con amargura,--¿para qué? ¿para quién?
--Para distraerte.
--¿Piensas que el coser ó el bordar me distraerá?
--No hablo del trabajo mecánico; ocupa tu pensamiento; traduce para un
editor; y con lo que te dé, socorre á los que tienen ménos que tú: eso
te producirá dos bienes: la distraccion y el poder aliviar la desgracia.
Luisa siguió mi consejo; la soledad de sus dias se los hacía eternos;
su dicha habia huido como el humo, para no volver.
Sabía el inglés y el frances y se puso á traducir.
Cuando se cansaba de este trabajo, tomaba una obra de tapicería y
copiaba de los dibujos que se venden para este fin, pinturas y paisajes
enteros, con una facilidad y belleza sorprendentes.
Así la combinacion de los colorea y detalles ocupaba su imaginacion,
tanto como su mano.
Luisa sabía dibujar con perfeccion, y utilizaba su talento dibujando
con su aguja.
De todo esto sacaba algun dinero y socorria algunas desgracias.
Lo que no hubieran alcanzado las diversiones y las distracciones del
mundo, lo consiguieron el trabajo y la ocupacion contínua.
Luisa se consoló poco á poco de la injusticia de su suerte, y dejó de
pensar en los amigos ingratos y egoistas, en las amigas que la
explotaban sin amarla, y que huyeron de su lado el dia de la
desventura; pensaba en sus hijos, que le guardaban un sitio en el
cielo, y se ocupaba de aliviar las desgracias ajenas, que es el solo
medio de ser dichoso en el mundo.
Un dia supo que su marido, arruinado por la mujer á la que todo lo
habia sacrificado, se hallaba miserable y careciendo de recursos. Luisa
le envió todos los que tenía, y redobló su trabajo.
Su marido, avergonzado, conmovido, quiso salir de la abyeccion en que
estaba, é imitó su noble ejemplo; buscó trabajo á su vez, lo encontró y
fué á llamar á la puerta de su mujer.
--No hablemos del pasado,--le dijo ésta,--yo no me acuerdo de nada; me
hallas honrada como me dejaste; trabajemos juntos.
Así se hizo; Luisa siguió traduciendo y bordando; su marido aceptó un
modesto destino, y en breve un agradable y tranquilo bienestar
reemplazó á su pasada opulencia.
Un hijo ocupó el lugar de los que habian volado al cielo, y fué para
los esposos un nuevo lazo. Este niño, educado para el trabajo, será
algun dia uno de los grandes artistas de quien nuestra patria se
envanecerá con más justicia.