III.

El esposo y la amiga habian huido juntos, llevándose toda la fortuna.

Sólo se salvó el dote de Luisa, que era corto, pues su marido se habia

casado con ella por amor y no por miras interesadas.

--¿Qué se han hecho de tantas amigas y tantos amigos como yo tenía?--me

preguntaba un dia Luisa,--todos han desaparecido con mi felicidad y mi

opulencia; desde que vivo en esta modesta casa, á nadie veo.

--Te quedan tus hijos,--le dije,--no te quejes ni eches de ménos lo que

tan poco vale.

Luisa se resignaba abrazando á los dos niños. De repente fué el mayor

atacado de viruelas malignas; contagióse el segundo, y en el término de

quince dias los perdió á los dos.

Entónces aquella pobre alma cayó en la más negra desesperacion.

--Trabaja,--le dije un dia,--ó te matarás.

--¡Trabajar!--exclamó con amargura,--¿para qué? ¿para quién?

--Para distraerte.

--¿Piensas que el coser ó el bordar me distraerá?

--No hablo del trabajo mecánico; ocupa tu pensamiento; traduce para un

editor; y con lo que te dé, socorre á los que tienen ménos que tú: eso

te producirá dos bienes: la distraccion y el poder aliviar la desgracia.

Luisa siguió mi consejo; la soledad de sus dias se los hacía eternos;

su dicha habia huido como el humo, para no volver.

Sabía el inglés y el frances y se puso á traducir.

Cuando se cansaba de este trabajo, tomaba una obra de tapicería y

copiaba de los dibujos que se venden para este fin, pinturas y paisajes

enteros, con una facilidad y belleza sorprendentes.

Así la combinacion de los colorea y detalles ocupaba su imaginacion,

tanto como su mano.

Luisa sabía dibujar con perfeccion, y utilizaba su talento dibujando

con su aguja.

De todo esto sacaba algun dinero y socorria algunas desgracias.

Lo que no hubieran alcanzado las diversiones y las distracciones del

mundo, lo consiguieron el trabajo y la ocupacion contínua.

Luisa se consoló poco á poco de la injusticia de su suerte, y dejó de

pensar en los amigos ingratos y egoistas, en las amigas que la

explotaban sin amarla, y que huyeron de su lado el dia de la

desventura; pensaba en sus hijos, que le guardaban un sitio en el

cielo, y se ocupaba de aliviar las desgracias ajenas, que es el solo

medio de ser dichoso en el mundo.

Un dia supo que su marido, arruinado por la mujer á la que todo lo

habia sacrificado, se hallaba miserable y careciendo de recursos. Luisa

le envió todos los que tenía, y redobló su trabajo.

Su marido, avergonzado, conmovido, quiso salir de la abyeccion en que

estaba, é imitó su noble ejemplo; buscó trabajo á su vez, lo encontró y

fué á llamar á la puerta de su mujer.

--No hablemos del pasado,--le dijo ésta,--yo no me acuerdo de nada; me

hallas honrada como me dejaste; trabajemos juntos.

Así se hizo; Luisa siguió traduciendo y bordando; su marido aceptó un

modesto destino, y en breve un agradable y tranquilo bienestar

reemplazó á su pasada opulencia.

Un hijo ocupó el lugar de los que habian volado al cielo, y fué para

los esposos un nuevo lazo. Este niño, educado para el trabajo, será

algun dia uno de los grandes artistas de quien nuestra patria se

envanecerá con más justicia.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 66 / 399 题