La resignacion es otra de las armas mejores, y á la vez una de las
santas coqueterías de la mujer.
No es la falta de sentimiento; es el sentimiento mismo, domado,
suavizado, embellecido, por decirlo así, con la dulzura y la paciencia.
No hace mucho tiempo que reconvenia yo á un hombre de mérito que,
casado con una bella jóven, hacía la córte á otra mujer no tan bella.
Hacíale yo notar que no ganaba en el cambio, y me respondió:
--Usted se engaña, amiga mia, gano y mucho; mi mujer tiene un carácter
insoportable, y en casa de esa persona descanso de oirla quejarse de
todo; justamente esa otra no se queja de nada.
--Porque le quiere á V. ménos.
--Pues desearia que mi mujer no me quisiera tanto, y sería más feliz;
cariño que se expresa mortificando, no sirve para nada.
--¿Y no le remuerde á V. la conciencia de ser infiel á su mujer?
--Absolutamente; pasaria muy malos ratos si la viera resignada y
triste, pero dulce; mas ha tomado un camino que me absuelve; se enoja,
se encoleriza, y me creo en paz con mi conciencia en atencion á lo que
me hace sufrir.
--Si ella supiera que le era V. fiel, no estaria incomodada.
--Lo estaba lo mismo cuando yo lo era; lo ha estado siempre y siempre
lo estará; así es que tanto me sirve obrar bien con ella como obrar
mal, y no veo la razon de por qué no he de ser yo feliz, haciéndome
ella tan desdichado.
¡Cuánto hubiera ganado aquella pobre mujer por medio de la dulzura y de
la resignacion!
No hay hombre de corazon tan duro que al ver sufrir á su esposa
silenciosa y noblemente por sus extravíos, no se avergüence de ellos y
no procure corregirlos.
La cólera exaspera al sexo fuerte; semejante al clarin del combate,
convida á la batalla y hace desafiar todos los peligros.
La resignacion es una hija del cielo, tan hermosa, tan dulce, tan
benéfica, que en el alma de la criatura más afligida, más infeliz y más
perseguida, derrama la tranquilidad y el bálsamo del consuelo; no hay
pena que no dulcifique, ni herida cuyos dolores no alivie.