IV.

Réstame hablar de la más bella de nuestras armas; del puñalito con cabo

incrustado de pedrería y delicadamente cincelado; del primoroso juguete

cuyo resplandor atrae y seduce.

Esta es... la coquetería.

¿Os asustais? No hay por qué; la coquetería no tiene nada que ver con

el coquetismo.

Es sencillamente el deseo de agradar y el arte de conseguirlo.

La mujer necesita conservar la coquetería para su felicidad, porque la

coquetería es una especie de conocimiento de su propio mérito, que la

induce á realzarlo en cuanto puede y á aumentarlo con mil graciosos é

inocentes recursos; puede decirse que la coquetería es amable; puesto

que se ocupa de complacer.

Entre una mujer que descuide su traje y su atavío y una mujer vestida

con coquetería, no hay que dudar cuál de las dos alcanzará más

victorias: no será la más buena, sino la más agradable.

Casi todos los maridos negarán una cosa justa, solicitada en nombre del

derecho por su esposa, y no resistirán á la vista de un brazo blanco y

torneado que se apoya en su hombro, en tanto que los labios piden por

favor la misma cosa entre dos lágrimas y una sonrisa.

¡Oh, las lágrimas! Las lágrimas á tiempo son otro de los auxiliares de

la coquetería.

Pero las lágrimas vertidas dulcemente, y, sobre todo, sin cólera,

aunque sea con sentimiento.

Ellas son las balas de que debemos servirnos para tomar las fortalezas

más inexpugnables.

La dulzura, la persuasion, la belleza, el llanto; y cuando nada de esto

baste, la paciencia; hé aquí nuestros medios de conquista y nuestros

recursos diplomáticos para alcanzar la felicidad en esta vida.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 62 / 399 题