No es la gracia patrimonio de la juventud y tambien le lleva ésta gran
ventaja á la belleza: dos excelentes escritores franceses han
demostrado que la mujer, en su edad madura, y áun en su ancianidad,
puede poseer una gracia suprema. Mad. d'Aubray, adorable creacion de
Dumas (hijo), es una prueba de este aserto, y Octavio Feuillet ha
presentado otra no ménos convincente en su precioso proverbio titulado,
_La Partida de damas_.
Las mujeres que más adoradas han sido, no han estado dotadas de gran
belleza; ninguna de ellas pertenece á la tribu divina de que nos habla
Balzac en _La Coussine Bette_.
Cleopatra, Mad. de Pompadour, Enriqueta de Inglaterra, María Antonieta
de Francia, Isabel de Aragon, la Duquesa de Borgoña, la hija del
Regente, Gabriela de Estrées y Agripina la Grande, no eran más que
mujeres agradables; pero todas estaban dotadas de elevada inteligencia
y de la gracia infinita que de ella nace, cuando á aquel dón del cielo
va unido un carácter sensible y el sentimiento de lo bello, que revela
una alma de artista.
Indudablemente, lo que comunica al trato más gracia y más encanto es
una buena educacion: la grosería y la vulgaridad son insoportables:
separad de las familias el delicado velo del decoro, y sólo quedarán
las sinuosidades del carácter y lo prosaico, es decir, lo odioso de la
vida: desnudad el amor de las atenciones, de las delicadezas;
desposeedlo de una educacion perfecta y distinguida, y el amor morirá
ahogado por el materialismo, como muere una bella rosa que ha nacido en
un zarzal, sofocada por las punzantes ramas, que no permiten llegar
hasta ella las brisas y el sol.