Puede asegurarse que la gracia en la mujer es producto de un bello y
dulce carácter, ó á lo ménos de un deseo constante de agradar. El arte
de decir á cada uno aquello que puede serle más grato; de complacer en
la mesa individualmente; de hacer con talento los honores de un salon;
de mantener la conversacion viva y agradable; de vestirse bien y segun
conviene para cada hora del dia; de hablar con dulzura; de sonreirse á
tiempo, y sobre todo de dar á cada uno en la sociedad el lugar que le
corresponde, es lo que constituye todo lo que de explicable hay en la
gracia; pero hay otros mil detalles que no se pueden definir, y que son
los que constituyen ese encanto de algunas mujeres tan poderoso como
irresistible.
Yo deseo á mi sexo, más que belleza, gracia; pues en ésta y no en
aquélla estriba su imperio: aquélla puede compararse á una dalia, que
sólo cautiva los ojos: ésta, á una rosa que satura de un precioso aroma
el sitio donde reside.