He visto algunas mujeres que equivocan la gracia con el gracejo, y que
sólo creen poseerla usando de maneras desahogadas y de palabras libres.
Eso no es la gracia; ó á lo ménos, no es la gracia tal como yo la
entiendo y como se admira en la buena y culta sociedad.
La gracia es la reunion encantadora del candor púdico, de la decencia
irreprochable, del natural cultivado, que se manifiesta con el lenguaje
dulce y cortés: la gracia es un compuesto de benevolencia, de elegancia
natural y perfecta, de maneras distinguidas: la gracia, cuando
verdaderamente la posee una mujer, traspira en todo lo que hace, y en
todo lo que toca, y hasta en todo lo que la rodea.
Una mujer dominante y de carácter duro é irascible, no tendrá jamas
gracia; por eso las virtudes rígidas, severas, y perfectas en una
palabra, tienen siempre muchos ménos adeptos que las amables
debilidades de algunas mujeres: parece como que la mujer debe estar
siempre envuelta en una delicada nube, que es la mitad decoro y la
mitad coquetería, y que la gracia debe flotar en la atmósfera que
respira, como un perfume impalpable.
La mujer es amable cuando llora, cuando rie y hasta cuando padece, si
es que quiere serlo: siempre que se descubra en ella la gracia y la
suavidad y que sus impresiones demuestren una alma noble y un buen
corazon, puede estar segura de su imperio.