Al siguiente dia la pobre viajera se hallaba en cama y atacada de una
fuerte calentura; la fatiga de un largo viaje en un caluroso dia de
Julio, habia encendido la sangre en sus venas.
La ciencia no pudo salvarla.
Dos dias más tarde las campanas doblaban por ella: murió con
tranquilidad y sonriendo.
--¿Está V. arrepentida de lo que ha hecho? ¿ha sentido venir aquí?--la
preguntó el sacerdote que asistia sus últimos instantes.
--No, padre mio,--contestó;--hice lo que mi corazon me dictaba; el
Señor me ha llamado á sí, ¿qué más da en esta ocasion que en otra?
¡Hágase su santa voluntad!