III.

Se oye algunas veces decir:

«¡Qué alegre y animada es la señora A. ó la señorita X!...»

Es decir, ¡qué burlona, qué franca en sus modales, qué propensa á la

hilaridad, qué chistosa, en fin!

¡Libre Dios á las amigas de mi alma de semejante elogio!

¡Líbreos Dios de él, mis amadas lectoras! El pudor, la decencia, la

cortesía, la amable y santa benevolencia, tienen reglas fijas, é

infringirlas es muy perjudicial y muy triste.

Ningun hombre valiente, generoso, dotado, en fin, de cualidades sérias,

es chistoso.

Ninguna mujer suave, dulce, modesta, digna y bien educada lo es tampoco.

Hay, sí, en algunas almas una cierta alegría serena y pura que jamas ve

negro en los horizontes de la vida, que mira cada cosa por su lado

mejor, y que no se deja abatir por las penas pequeñas y mezquinas; pero

estas bellas almas están dotadas de una esperanza, de una resignacion,

de una tranquilidad, de una dulce alegría que no excluye el

sentimiento, y que está muy léjos de la grosera y vulgar alegría que

produce el chiste. Yo he dicho en una _Plegaria á la Vírgen_, que acaso

conoceréis algunas de vosotras...

La vida es buena: si en el bien se emplea,

Resbala alegre en la modesta casa;

Risueña corre en la pajiza aldea,

Vuela feliz si en la opulencia pasa.

* * * * *

Sí; la vida es buena para el que trabaja, para el que piensa, para el

que ama, sobre todo; y el que se burla de cuanto conoce, ni ama, ni

espera, ni es feliz, porque la burla deja en el alma un sabor amargo.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 35 / 399 题