Triste tarea es buscar en todo el ridículo, que es como si dijéramos,
el padre del chiste: verdad es que hay gustos tan puros y tan nobles,
que al instante le advierten; mas tambien la amable benevolencia de
carácter trae la indulgencia consigo y suaviza todo lo que es
desagradable á los otros. El chiste, no solamente nota el ridículo,
sino que lo busca donde no existe, y ridiculiza todo lo que hay de más
noble y más santo en la tierra, sin que los espíritus celestes escapen
siempre de su tijera envenenada.
Yo veo siempre al chiste envuelto en un vapor de sangre, porque sé que
un chiste ha costado la vida á muchas personas y la felicidad á muchas
familias.
Así, pues, mis amables lectoras, reprimid todo lo posible la propension
que sintais á reiros de algunas cosas y á ridiculizar otras; respetadlo
todo, excusadlo todo, admirad lo bello, que esto hace bien al alma, y
cuando veais al mal, llorad en vez de reiros.
Sólo una cosa ahoga el ridículo, la sangre; la persona de figura más
risible, si al entrar en un salon dispara un tiro al primero que vea se
burla de él, adquiere en el instante la terrible majestad del crímen y
de la venganza.
Un chiste puede traer un ridículo incurable, y por lo mismo puede
causar la muerte de alguno.
Que vuestros puros labios no se manchen jamas con la risa burlona y con
las chanzas atrevidas: todos los seres de la creacion merecen nuestro
respeto, y el más abyecto merece nuestra consideracion, nuestra
simpatía, nuestra compasion siquiera.
El ridículo no está en lo que miran los burlones: existe, á mi ver, en
su perversion interna; hay aberraciones en el espíritu, como en el
cuerpo hay dolencias; pero si provocan una sonrisa no deben hacer que
nos cebemos con malignidad en los que las padecen.
Sobre todo, jóvenes lectoras, á las que amo tanto y cuya felicidad
tanto me interesa, huid de la reputacion de chistosas; y si vuestro
carácter es alegre, que sea el rayo de sol que todo lo embellezca y
fecundice, y no el relámpago de cárdena luz, que dé á los objetos
tintas lívidas y sombrías.