II.

Acaso esta necesidad de apoyo en la mujer consiste en su educacion

atrasada, y en que ningun estudio serio ha venido á endurecer su

carácter y á dar un temple firme á su corazon; más la verdad, esto, á

mi juicio, le hace muy poca falta, y con tal que sepa lo necesario para

dar á sus hijos la educacion moral y religiosa que necesitan, con tal

que enseñe á sus hijas á ser buenas esposas y buenas madres, ha llenado

por completo su modesta, pero importante mision.

Creo, ademas, que á ningun español le agradaria para esposa una mujer

sábia y científica, que por ir á explicar una cátedra, dejase sus hijos

y su casa á merced de los criados.

No es esto que yo abogue por la ignorancia de la mujer: pienso, al

contrario, que debe cultivarse con cuidado su espíritu; pues como dice

con mucha gracia una poetisa amiga mia,

_No porque haya faroles en la villa,

Ha de estar el hogar sin lamparilla._

Pero esta lamparilla debe encenderse para que su suave luz ilumine á la

familia y comunique un dulce y grato resplandor á la casa.

Nunca como hoy es necesaria la mujer en su casa: en otro tiempo, el

hombre era el administrador natural de la fortuna de la familia; el que

calculaba y el que cuidaba del porvenir de su esposa é hijos; hoy,

sobre todo en Madrid, las discusiones políticas, las juntas

patrióticas, los clubs, las manifestaciones en que de contínuo pasea

las calles, absorben todo su tiempo, y apénas está en su casa las horas

precisas para comer y dormir.

Si á la mujer se la hace sábia y se la da ademas la libertad de emplear

y lucir su sabiduría, ¿quién velará por la fortuna y por la educacion

de sus hijos? ¿quién por el buen órden de la casa, por la armonía

interior, por el bienestar doméstico, único positivo de la vida?

El hombre, fatigado por las luchas de la política, por el malestar y

las decepciones que traen consigo los negocios, necesita el fresco

oásis donde descansar del abrasado arenal, que cada dia tiene que

cruzar en el desierto de la existencia.

Cuanto más se haga dificultoso el camino, más la compañera que ha

elegido necesita hacerle grato y sosegado el lugar del reposo. Al

entrar en su casa debe hallar el dulce silencio de la paz y las

melodías de la risa, que son la expresion de la alegría y de la

felicidad: el órden, que es el bienestar, la armonía, que es la gracia,

le harán grata la estancia en su casa, y tal vez, como el ilustre y

desgraciado escritor Cárlos Bernard, tendrá el buen gusto de preferir

el blando sosiego de su salon á las luchas de afuera, y á los salones

donde impera la ambicion.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 29 / 399 题