Deplorable cosa es que los celos debiliten el ánimo y quiten la
facultad de reflexionar; porque, á no ser así, las desdichadas, heridas
de esa pasion podrian conjurar el mal en vez de acrecentarlo,
entregándose á los extremos de un violento dolor.
Oid, las que sufrais ese tormento, el consejo de una amiga vuestra: no
os quejeis demasiado, no hagais del llanto vuestra ocupacion contínua,
no deis al mundo el espectáculo de vuestra pena; ocultadla, si os es
posible, porque vuestros lamentos, vuestras lágrimas, vuestro dolor, no
es probable que os ganen de nuevo el corazon que hayais perdido.
No intenteis tampoco vengaros, aconsejadas de vuestro despecho, pagando
desvío con desvío é infidelidad con infidelidad: entónces perderíais
tambien lo único que puede serviros de consuelo: perderíais la paz de
la conciencia y el derecho de levantar la frente limpia de toda mancha.
Una suave y digna resignacion, una conducta irreprensible y decorosa,
una firmeza noble é igual en los modales, y una prudente reserva en la
vida íntima, quizá os devuelvan el sitio que es vuestro, en los
corazones que hayais perdido.
Nada de quejas, nada de lágrimas, nada de súplicas; no seamos ni
víctimas ni verdugos, porque es tan degradante y tan odioso lo uno como
lo otro.