Mujeres conozco que han atormentado de tal suerte á sus maridos, con
celos infundados, que aquéllos tenian por la mayor desgracia el
quedarse solos con ellas; las mujeres de que os hablo les contaban los
minutos que estaban fuera de casa y el dinero que gastaban; les
impedian cumplir en sociedad con los deberes de buena educacion; les
pedian cuenta de todas sus acciones, de todos sus pensamientos, y
cuando los sabian, les regañaban sin cesar.
Los maridos así asediados no tardan en engañar á sus mujeres.
Les ocultan que han ido al café, como si esto fuera un pecado mortal.
Si han ido al teatro, les dicen que han estado acompañando á un amigo
enfermo; y poco á poco dejan de amarlas, y el hastío más profundo se
apodera de su vida, hasta que hallan una mujer amable, graciosa,
coqueta, que les seduce con un carácter completamente opuesto al
tiránico de sus esposas.
El hombre ha nacido libre, y libre debe vivir. Conquistad el corazon de
vuestros esposos, no con la virtud ceñuda, sino con la virtud dulce,
con la bondad, con la coquetería.
Hacedles agradable su casa y amable vuestro trato; sed sus amigas,
partid sus alegrías, consolad sus tristezas, endulzad sus dolores,
cuidad sus enfermedades; procurad que nada les falte en las comodidades
del hogar; velad por los intereses de la casa, que son los de ambos;
haceos, en fin, necesarias á su dicha y dejadlos libres, completamente
libres.
No les pregunteis adonde han ido, que ellos mismos os lo dirán.
No les pregunteis el dinero que han gastado, que los humillais; y las
heridas del amor propio son las que ménos han de perdonaros.
El hombre es el jefe natural de la familia y el dueño de su casa; para
impedir sus extravíos no teneis más medio lícito que imperar en su
corazon.
Y si os ofenden, sed templadas y generosas.
No rechaceis con dureza al que os ofendió cuando os dé alguna muestra
de arrepentimiento, por ligera que sea; no os vengueis de él cuando la
sociedad le arroje lleno de amarguras y decepciones.
Vosotras, dichosas criaturas, que estais escudadas y protegidas con un
amor tierno y profundo, no le perdais por vuestra imprudencia é
impremeditacion.
No pidais al hombre más de lo que puede concederos; no querais
violentar sus gustos, sus sentimientos, sus inclinaciones.
Respetadle al mismo tiempo que le ameis; pero sabed haceros precisas á
su bienestar, á su dicha, á su vida doméstica, que es la sola ciencia y
el gran talento que debe ostentar la mujer.