los que creo que se hallaron en ésto, conviene á saber, que el cacique
Cemaco, señor de aquella tierra, luégo se aplacó y rescibió de paz
los españoles, y les dió graciosos, de su voluntad, entendiendo lo
que buscaban 8 ó 10.000 pesos de oro, pero que le preguntaron donde
se cogia de aquello, y respondió que les venia del cielo; forzándolo
que dijese la verdad, dijo, que las piezas grandes las cogian de 25
leguas de allí, y lo menudo, de unos rios de por allí cerca. Dijéronle
que fuese á mostrallos, respondió que le placia, pero que queria ir
primero á llamar unos indios suyos, que fuesen con él; notificó á los
indios, lo que los españoles pretendian, respondiéronle los indios que
no lo descubriese, porque nunca saldrian de aquella tierra, por lo cual
el Cacique se fué á esconder á un pueblo ó tierra de un vasallo suyo.
Fueron tras él, y prendiéronlo; pregúntanle que dónde cogian aquel oro,
respondió, como ántes, que le venia del cielo. Dánle grandes tormentos,
por los cuales descubrió las minas; finalmente, soltóse despues, y
recogió sus gentes y amigos, y viene contra los españoles, y entónces
debian hacer sus oraciones y voto el bachiller Anciso.....[2].
Con este gran triunfo muy alegres, Anciso envió por los otros
compañeros que quedaron á la otra banda oriental de aquel golfo, por
no caber en los bergantines, los cuales, como los vieron, y oidas las
nuevas de la abundancia de la comida y fertilidad de las tierras, y más
de ser de oro ricas, ¿quién podrá encarecer el regocijo que hobieron,
bañados de alegría? Con este favor de haber salido verdad lo que Vasco
Nuñez dijo, y siendo él la guía sucedelles tan próspero, que mejor
esperallo no podian, cobró Vasco Nuñez mucha reputacion entre todos
aquellos españoles, y á tener amigos, y en sí mismo más estimacion de
la que debia. No es razon de pasar de aquí sin alguna consideracion de
cristiandad, y no insensiblemente como lo harian los gentiles, que ni
áun los cuerdos dellos, por semejantes cosas, fácilmente, sin mirar
en ellas, pasarian. ¡Que hobiese tan tupida ceguedad en aquellos, y
mayormente en el bachiller Anciso, que paresce que por sus leyes
debiera más presto sentilla, que disponiendo de infestar, matar, y
captivar, y robar á una gente apartada, en su tierra y casas segura sin
les haber ofendido, no ménos que las otras inocentísimas, que ni los
indios á españoles, ni españoles á los indios habian visto, hiciesen
oracion á Dios, y hiciesen votos á la Vírgen Maria del Antigua, porque
les ayudasen y favoresciesen á perpetrar tan impías, tan crueles,
tan violentas, tiránicas, y de Dios tan ignominiosas y afrentosas
injusticias! ¿Qué otra cosa era lo que allí en aquellas oraciones y
votos hacian, sino hacer ó tomar por compañero á Dios y su Madre Sancta
María, de los robos, homicidios, y captiverios é infamias de la fe, y
sangre que derramaban, y rapiñas que perpetraban, partícipes? Daban á
Dios y á su Sancta Madre oficios, que no son de otros propios, sino
de los demonios y de sus ministros. Los que en las obras del diablo
andan ocupados, como estos andaban, matando, captivando, robando y
escandalizando los inocentes que mal nunca les merescieron, é infamando
la fe de Jesucristo, y, por consiguiente, impidiendo que gentes no se
convirtiesen, no tienen necesidad de ayuda de Dios, sino del diablo; y
aquel, por las obras tales, con el diablo vive, y aunque busque y pida
la ayuda de Dios, no la hallará, como el ladron que vá á hurtar, que
se encomienda á Dios que le ayude á que salga en salvo con el hurto, y
el que entre en algun lugar para cometer fornicacion, porque no sabe
la Justicia de Dios dar favor á los crímenes é injusticias. Todo ésto
es de Sant Crisóstomo, sobre San Mateo: _Qui in diaboli iniquitatibus
ambulat diaboli adjutorium necessarium habet. Colonus diaboli auxilium
si quæsierit non inveniet. ¿Vidisti aliquando euntem ad furtum, Deum
orare ut bene prosperetur in furto? ¿Aut qui vadit ad fornicationem
numquid signum crucis ponit sibi in fronte, ut non comprehendatur
in crimine? Quod si fecerit non juvatur, quia nescit justitia Dei
patrocinium dare criminibus._ Esto es de Sant Crisóstomo; véalo bien
el cristiano lector, y determine si hobo lugar la sentencia de Sant
Crisóstomo en Anciso y en su compañía. Considere tambien, si nombrar la
iglesia del título de Sancta María del Antigua, y enviar á la capilla
de la Vírgen, que está en Sevilla, las joyas que le prometieron por
voto, si fué á Dios y á su Sancta Madre acepto sacrificio. No debiera
de ignorar Anciso aquello que en el Eclesiástico está escripto, y áun
en los «Decretos», si los profesó, lo pudiera haber visto: _Immolantes
ex inicuo oblatio est maculata_. _Dona iniquorum non probat Altissimus,
nec respicit in oblationibus iniquorum_, etc. Y que aunque Dios les
permitió hacer los grandes pecados que allí cometieron, y quiso que
saliesen con victoria, los tristes inocentes indios vencidos, no se
debieran de tener por sanctos y devotos de Dios, estimando que por
sus oraciones fueron oidos y favorescidos, porque Dios suele sacar de
nuestras maldades los fructos para su gloria y honra que determina,
porque, de otra manera, nunca los permitiria. El fructo que de aquellos
insultos y obras infernales Dios sacaria, sería algun predestinado
que allí tenia, puesto que no fuese más de sólo uno; pero no por eso
se sigue que apruebe las obras de los que, haciendo contra su ley é
mandamientos, inexpiablemente le desirven. Y cabe bien aquí lo que
refieren las historias de aquel Alexandre Magno, que traia en el mundo
el mismo oficio que los españoles han traido y traen por todas estas
Indias, infestando, escandalizando, matando, robando, captivando,
subjetando y usurpando los reinos ajenos y gentes que nada les debian.
Este, siendo infiel idólatra, enemigo del linaje humano, infernalísimo,
llegando á los montes Caspios, donde habian sido puestos y desterrados,
llevados captivos, los diez tribus de Israel, por Teglaphalasar y
Salmanazar, reyes de los Asirios, del cual captiverio se tracta en
el capítulo 15 y 17 del IV de los Reyes, los cuales no podian salir
de allí por edicto público, que se les puso por los mismos Reyes
ya dichos, enviáronle á suplicar, como lo vieron que señoreaba el
mundo, les diese licencia para salir y volverse á su tierra, que era
Jerusalen y la de promision; y como Alexandre preguntase la causa de
su destierro, fuéle respondido, que porque apostataron, dejando á su
Dios de Israel por adorar los becerros de oro, que les constituyó por
dioses Jeroboan, y les ofrecieron sacrificio, y que por los profetas
les estaba profetizado que nunca habian de salir, por aquel pecado,
de captiverio. Entónces respondió Alexandre, que dignos eran de ser,
más de lo que estaban, encerrados, y que él queria más estrechamente
los encerrar. Mandó luégo á su ejército que, con tierra y cal y otros
materiales, hiciesen otras sierras ó montes para cerrar los montes
Caspios, que debian tener alguna abertura ó entrada, para donde los
diez tribus desterrados estaban; pero como viese Alexandre ser obra que
sobrepujaba las fuerzas humanas, hizo oracion á Dios de Israel, que él,
con su poder, aquella obra perficcionase. Luégo se juntaron las dos
sierras ó montes, por manera que ya no se puede aquel lugar andar, ni
entrar ni salir nadie. Señal manifiesta, que no es la voluntad de Dios
que aquellos diez tribus, ni alguna persona dellos, de allí salgan;
saldrán cerca de la fin del mundo, y harán en los hombres grandes
estragos. Todo esto dice el Maestro de las Historias escolásticas
sobre Esther, cap. 5.º, y el Vicentio en el «Speculo historial», libro
V, cap. 43, y otros historiadores. El Burgense, en las adiciones al
Nicolao de Lira, expone á la larga el cap. 18 de Esaías de aquellos
diez tribus, conforme á lo que queda dicho. Tambien refiere Josepho,
en el fin del libro II, de las «Antigüedades», que yendo Alexandre
contra Dario, y no habiendo camino por donde pasase su ejército, se le
abrió la mar que llaman Pamphilica ó mar Pamphilico, por voluntad de
Dios, porque determinó de destruir por manos de Alexandre el reino de
los Persas. Esto es de Josepho. Así que, aplicando todo ésto á nuestro
propósito, pues oyó Dios la oracion de Alexandre, infiel y turbador
sangriento del linaje humano, y por ella quiso hacer aquel señalado
milagro, para cumplir su divina voluntad en lo que tenia determinado,
sin merecimiento ni provecho suyo, pues se fué á los infiernos al
cabo, no debió de presumir Anciso, ni los que con él estaban, que,
porque orasen y Dios les diese victoria, que pareciese, y lo fuese,
milagro, que de allí se siguiese que aquellas obras, y las semejantes
que hacian, Dios las aprobase, siendo tan injustas y por su ley tan
reprobadas; y por tanto, si penitencia en el artículo de la muerte no
les valió, yo temo que se han visto en trabajo, y plega á Dios que no
sea peor que el de Alexandre, porque más que los infieles y en mayor
grado de gravedad pecan los cristianos, en cualquiera género de pecado.
Lo mismo deben temer de sí todos los que por estas Indias en tales
estaciones andan.
CAPÍTULO LXIV.
En cumplimiento, pues, de su voto, acordó Anciso y todos de asentar
luégo allí una villa que se llamase Sancta María del Antigua del
Darien, que era nombre propio del pueblo de los indios, ó del rio
grande que por allí pasa ó pasaba, porque ya todo está por allí, como
en lo demás, asolado; y para prueba de su sanctidad, por quien Dios
hacia milagros, comenzó luégo á crecer la grande ambicion, entre
aquellos nuevos pobladores, que tenian en sus pechos, y que con sus
compañeras los habia llevado allá, y, segun se dijo, el principio
de todas las disensiones fué Vasco Nuñez de Balboa. Como ya tenia,
como se dijo, entre los otros autoridad, trabajaba de secreto con
los que sentia tener amistad, que quitasen la obediencia á Anciso,
diciendo no tener ya jurisdiccion, pues habian salido de los límites
de la gobernacion de Hojeda, cuyo era en ellos Alcalde mayor; y no
decian mal, si verdad era que aquella tierra salia de los dichos
términos, como creo ser verdad, si lo demás fuera agua limpia, que no
pretendiera él mandar. Pero, cierto, mejor dijeran que ni Anciso con
todos ellos, ni juntado con ellos Hojeda, tenian una punta de alfiler
de jurisdiccion, pues estaban en reinos y tierras ajenas, donde habia
y señoreaban propios y naturales Reyes y señores, con justa é legítima
y natural jurisdiccion, á la cual Hojeda y todos ellos eran subjectos,
aunque les pesara, y eran obligados, so pena de incurrir en grandes
pecados de inobediencia, de obedecer á los Caciques, señores y Reyes
de aquellos reinos, y cumplir sus mandamientos, y vivir segun sus
leyes miéntras en la tierra estuvieran, en todo aquello que no fuera
contrario á nuestra santa fe y cristiana religion. Y ésto verán los que
quisieren leer nuestro libro, escripto en latin, cuyo título es: _De
unico vocationis modo omnium gentium ad veram religionem_, más claro
que el sol. Tornando al propósito, andando en estos secretos tractos
unos con otros, mandó Anciso, presumiendo de Alcalde mayor, que ninguno
fuese osado, so pena de muerte, rescatar con los indios oro alguno;
Dios supo con qué intento, al ménos todos creian ó murmuraban, que por
haberlo él para sí todo. De ésto indignados todos, porque aquel daño
tuvieron por comun, acuerdan de quitalle la obediencia y el mando,
diciendo que no tenia poder ni jurisdiccion sobre ellos, por la causa
dicha y otras razones que alegaron; Anciso privado é impedido del
mando y gobierno, acuerdan entre todos elegir Alcaldes y Regidores, y
cayó la suerte de Alcaldes, al Vasco Nuñez, y creo que á uno llamado
fulano Çamudio, y por Regidor un Valdivia, y otros de que no tuve
noticia. No contentos con los Alcaldes y gobierno que habian elegido,
ó descontentos de su manera de regir, ó arrepentidos de haber dejado
ó excluido al Anciso, no contentos ni asosegados sus corazones, como
quien andaban fuera de la vida cristiana que debieran vivir, tornaron
á tener contenciones sobre la gobernacion, alegando algunos que no
convenia estar sin superior, uno sólo, que los gobernase, y así,
algunas veces estaban para peligrosamente reñir. En estas sus porfías
se dividieron todos en tres partes: la una decia que se restituyese
á Anciso en su grado prístino, hasta que el Rey los proveyese de
Gobernador, teniendo dello aviso; la otra, defendia otra opinion,
diciendo que á Nicuesa se habian de subjectar, pues aquella tierra
caia dentro de sus límites; la tercera, era de los amigos de Vasco
Nuñez, que contendian que estaba bien así, ó que si habia de ser único
que aquel fuese nombrado y elegido; los cuales, con estas contiendas
y opiniones, así divisos, llegó un Rodrigo de Colmenares, desta isla,
que puso fin por algun tiempo á estas porfías. Á este Colmenares, segun
creo, dejó Nicuesa en esta isla para que fuese despues dél recogiendo
los bastimentos, que dejaba haciendo en sus haciendas que en esta isla
tenia, ó por ventura lo dejó para este fin en Castilla. Este, partido
de aquí con dos navíos de bastimentos y provisiones otras necesarias,
y 60 hombres que iban dedicados al mesmo oficio, llegó con sus navíos,
despues de haber padecido gran tormenta en el camino, al puerto de
Sancta Marta, obra de 50 ó 60 leguas del de Cartagena, el cual los
indios llamaban Gayra, la y letra luenga. Quisieron allí tomar agua,
y como los indios vieron los navíos, y habian entendido las obras que
los españoles habian hecho á los de Cartagena, sus vecinos, acordaron
de hacellos alguna burla, porque descuidándose no les acaesciese
rescibilla. Saltaron en las barcas de los navíos, ó en la una dellas,
de los españoles 50, y llegados al rio, dijeron que salió el señor
de aquella tierra con 20 de sus allegados, vestido de cierta manera
con manta de algodon, como quiera que todos los indios anden por allí
desnudos, y llegando cerca díjoles por señas, que no tomasen de allí
agua, porque no era buena, señalándoles abajo (ó arriba), otro rio,
al cual yendo los españoles, con la resaca y braveza de la mar, no
pudieron llegar y tornáronse al de donde habian venido; y estando
embasando sus pipas ó vasijas, saltan de súbito, segun les pareció,
hasta 70 indios, y ántes que los españoles se revolviesen, los tenian,
á 47 dellos, con hierba ponzoñosa, heridos. Tomáronles la una barca ó
barcas y hácenlas pedazos luégo; creo que de los heridos huyeron al
navío, nadando, ó en la una barca, pero llegados á los navíos todos los
heridos murieron, que no se escapó sino sólo uno vivo. Escondiéronse
siete dellos en unas concavidades de cierto árbol grande hasta que
anocheciese, para se ir despues á las naos, ó nadando, ó que viniesen
por ellos; pero como en aquella noche, por no rescibir más daño y por
creer que aquellos serian muertos, se hiciesen á la vela, no hobo más
memoria dellos. Partióse, pues, del puerto de Sancta Marta, Colmenares,
con la pérdida dicha de los españoles, y con extrema tristeza, para el
golfo de Urabá derecho, por tomar de allí alguna nueva donde hobiese
parado Diego de Nicuesa, el cual, no viendo ni oyendo persona ninguna
en la parte de Oriente del golfo, donde creia que podian estar Hojeda
ó los suyos, quedó espantado, si eran todos muertos ó á otra parte
idos, no sabiendo qué fuese dellos. Acordó de tirar muchos tiros de
artillería, porque si por allí estaban lo oyesen, y hacer muchas
hogueras ó ahumadas de noche y de dia sobre unas altas peñas. Atruénase
todo el golfo de una parte á otra, que tiene de ancho seis leguas;
oyéronlo con espanto los del pueblo de Sancta María del Antigua, y las
ahumadas tambien vieron; responden con otras tales muchas veces, por
manera que atinó Colmenares, que cristianos debieran estar á la parte
del golfo de la mano derecha ó del Occidente; finalmente, hobo de
llegar á ellos, cuasi mediado Noviembre, año de 1510. Fué inestimable
la alegría y gozo que con su venida todos rescibieron, con todos los
trabajos y muertes y adversidades que cada uno dellos habian padecido.
Preguntando por Nicuesa ninguna nueva le dieron; todo el gozo de los
unos y de los otros, de tristeza y dolor tenia harta mezcla. Repartió
de los bastimentos que traia con todos aquellos, por manera que
contándose los unos á los otros sus duelos, con el pan y comida que
de nuevo á los que estaban venia, les fueron tolerables y buenos. Con
esta liberalidad, que Colmenares de los bastimentos con ellos hizo,
ganó las voluntades de los más que resistian que no se llamase para
los gobernar Nicuesa, y así ganada la opinion contraria, ó la mayor
parte, acordóse que fuesen á buscar á Nicuesa, y hallado lo convidasen
y rogasen tuviese por bien de venir á gobernallos, porque ellos se le
querian subjectar. Enviaron para ello con Colmenares á uno llamado
Diego Albitez, y al bachiller Corral, y el cargo principal dieron á
Colmenares.
CAPÍTULO LXV.