Serian las dos de la noche cuando metí el bote á bordo, y me hice á la
vela para el Rio Negro. A las cuatro de la mañana llegué á Punta
Rubia, á donde hallé la mar sumamente gruesa; y en medio de la
rompiente seguí con la chalupa por la proa, y toqué con la quilla en
la cabeza del N de los bancos: con otro golpe de mar salimos, y seguí
gobernando al S 1/4 SE por entre el rompidero de la costa, y el de los
bajos, que tiene 50 brazas de latitud. Al salir el sol ya habia
montado los bajos, y seguí con fuerza de vela y viento N fresco, por
lograr la pleamar de dia en el Rio Negro, y poder lograr entrar en él,
por estar la mar muy gruesa y el viento contrario para aventurarse á
embestir su barra. De noche las doce llegué la barra que rompia de
punta á punta, y la embestí por la canal del N por entre las
reventazones. La menos agua que hallé fueron dos brazas, y con todo,
era tanta la marejada que tocó algunas veces la embarcacion, no
calando esta mas que 71/2 palmos: pasé la barra y navegué por 3 brazas
de fondo hasta la punta del N del rio, que me dió el viento de proa, y
á fuerza de muchos bordos logré dar fondo dentro del rio. A las dos de
la tarde ya emparejó seguro, mediante Dios, no pudiendo seguir mas
adentro por tener la corriente encontra.
A la chalupa no le fué posible embestir la barra por donde nosotros,
por la mucha mar que podia sumergirla, y dió vuelta á los bajos, y
desde afuera á remo vino á amarrarse á nuestro costado con mucho
trabajo, y á no tener tan buena gente no lo hubiera logrado, ni
tampoco entrar en el Rio Negro.
A las once de la noche me hice á la vela, y con la creciente fuí á
fondear mas adentro, y en mejor paraje.