Al amanecer aseguré la embarcacion con las mejores amarras que tenia.
A las ocho mandé la chalupa que fuese en la vuelta del E á reconocer,
y yo me embarqué en el bote y salí de la vuelta del O con cinco dias
de viveres, estando el tiempo mas bonancible, á fin de hallar parage á
donde desembarcar en tierra firme; pues considero que el Colorado está
muy cerca, y pudiendo llegar á tierra, precisamente lo hallaré, ó á lo
menos conoceré en la calidad del campo, á que distancia me hallo de
él, por haberlo ya transitado. A las diez llegué á la boca de una
canal que sigue al NO, entré por ella y seguí siempre, y tenia mas
caudal, pues de esta salen innumerables canales. A las doce llegué á
donde se dividia en dos iguales, y viendo en la que seguia al NE unas
tominas que estaban por ella, así por esto, como por seguir mejor
rumbo que la otra, determiné seguirla. A las dos de la tarde
desembarcamos en tierra, pero de la parte de adentro habia un arroyo
pantanoso: este lo pasó el contra-maestre con 3 marineros, y siguieron
hácia los árboles. Yo que esperaba que bajase el agua para pasar,
probé en este intermedio el agua y la hallé casi dulce, y no
quedándome la menor duda que por allí desaguaba el Colorado, ó á lo
menos alguna porcion de él, tiré algunos tiros llamando al
contra-maestre y marineros, los que volvieron, habiendo bebido agua
dulce en el dicho rio. Nos embarcamos, y seguimos aguas arriba, hasta
la noche que nos acampamos en la orilla, bebimos agua dulce con alguna
mezcla de salada, como la de la mar.