A las ocho de la mañana eché el bote al agua, y lo mandè en busca de
la gente á tierra, y de todos ellos solo el contra-maestre y un
marinero pudieron pasar el pantano para embarcarse en él, y los
restantes, temiendo quedar ahogados en el fango, no se determinaron á
pasar el pantano que mediaba entre ellos y el bote: los dos marineros,
Eusebio Gonzalez y Manuel Alcain, al amanecer volvieron á emprender la
descubierta del Rio Colorado, á los cuales les habia yo dado la señal
de los dos árboles mencionados arriba. A las once y cuarto llegó el
bote á bordo, y me hice á la vela, aproximándome mas al Colorado,
aunque con viento por la proa. A las dos dí fondo en 3 brazas de agua,
3 millas al O de donde estaba fondeado, y á este tiempo llegó la
chalupa á bordo y trajo los dos que habian ido al reconocimiento, los
que no pudieron llegar los árboles expresados, por los infinitos
arroyos de agua salada y pantanos. Al anochecer tuve que meter el bote
á bordo, por el mucho viento y marejada.