CAPÍTULO XVI.

Del Areópago.

El senado del Areópago es el más antiguo y al mismo tiempo el más

íntegro de los tribunales de Atenas. Se reúne algunas veces en el

pórtico real, pero comúnmente sobre una colina poco distante de la

ciudadela, y en una especie de sala puesta al abrigo de la inclemencia

del tiempo solamente por medio de un techo rústico.

Las plazas de los senadores son perpetuas: el número de magistrados

ilimitado. Los arcontes son admitidos en el Areópago después de su

año de tales, pero deben justificar en un examen solemne que han

desempeñado sus funciones con tanto celo como fidelidad.

La reputación de que goza este tribunal muchos siglos hace, se funda

en títulos que la transmitirán a los siglos venideros. La inocencia,

obligada a comparecer ante él, se acerca sin temor, y los culpables

convencidos y condenados se retiran sin atreverse a quejarse del

fallo. Atribúyese su primer origen al tiempo de Cécrope, pero debe

otro más brillante a Solón que le dio el encargo de velar sobre las

costumbres. Entonces conoció de todos los crímenes, los vicios y los

abusos. Debilitada considerablemente su autoridad por Pisístrato, en

la actualidad únicamente ejerce una jurisdicción propiamente tal con

respecto a los homicidios premeditados, incendios, envenenamientos

y algunos delitos menos graves. Preceden a los juicios ceremonias

espantosas. Ambas partes, situadas en medio de los restos sangrientos

de las víctimas, hacen un juramento y le confirman con imprecaciones

terribles contra ellas mismas y sus familias; ponen por testigos a las

terribles Euménides, que desde un templo inmediato, donde las veneran,

parece que oyen su voz y se proponen castigar los perjurios. Después

de estos preliminares se discute la causa. Aquí la verdad es la única

que tiene derecho de presentarse ante los jueces: temen la elocuencia

tanto como la mentira; los abogados deben desterrar severamente de sus

discursos los exordios, las peroraciones, las digresiones y adornos del

estilo, y aun el tono del sentimiento. En vano se pintaría la pasión en

los ojos y los ademanes del orador, pues el Areópago tiene casi siempre

de noche sus sesiones.

Cuando el punto está suficientemente aclarado, los jueces ponen

secretamente sus votos en dos urnas, una llamada de la muerte, y otra

de la misericordia. En caso de empate, un ministro subalterno añade

en favor del acusado el voto de Atenea, llamado así porque, según una

tradición antigua, esta diosa, asistiendo al mismo tribunal cuando

juzgó a Orestes, dio su voto para decidir sobre el empate de los jueces.

Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2) · 第 38 / 107 题