(Hacia el año 900 antes de J. C.) Floreció Homero cerca de cuatro
siglos después de la guerra de Troya. En aquel tiempo era ya conocido
Orfeo, Lino, Museo y otros muchos poetas, cuyas obras se han perdido.
Acababa de entrar también en la carrera Hesíodo, que con un estilo
lleno de dulzura y armonía describió las genealogías de los dioses, los
trabajos del campo y otros asuntos y objetos, a los cuales supo hacer
interesantes.
Homero, en su Ilíada y su Odisea, se hizo superior a todos los poetas
conocidos hasta entonces, y aun a aquellos que después han escrito. En
el primero de estos poemas describió algunos pasajes de la guerra de
Troya, y en el segundo la vuelta de Odiseo a sus estados.
Insultado Aquiles por Agamenón durante el sitio de Troya, se retiró
a su campo, y en su ausencia Héctor, a la cabeza de los troyanos,
consiguió ventajas sobre los griegos, persiguiéndolos hasta sus tiendas
y quitando la vida a Patroclo en un combate. Aquiles, hasta entonces
inflexible a los ruegos de los jefes del ejército griego, vuela de
nuevo a la pelea, venga la muerte de su amigo dándosela al general
troyano, dispone sus funerales y restituye al desgraciado Príamo el
cuerpo de su hijo Héctor. Estos hechos ocurridos en muy pocos días,
dieron campo bastante para la Ilíada. Al componerla, Homero se sujetó
al orden histórico, pero a fin de dar mayor brillo a su relación,
supuso que desde el principio de la guerra los dioses estaban divididos
entre griegos y troyanos, y para hacerla aún más interesante, puso las
personas en acción, con sumo arte y elocuencia.
Diez años habían transcurrido desde que Odiseo dejó las costas de
Ilión. Disipaban sus bienes infames usurpadores, y querían obligar a su
desolada esposa a contraer segundas nupcias, y hacer una elección que
ya no podía diferir. En este momento se abre la escena de la Odisea:
Telémaco, hijo de Odiseo, va al continente de la Grecia a preguntar
a Néstor y Menelao sobre la suerte y paradero de su padre. Durante
su mansión en Lacedemonia, parte Odiseo de la isla de Calipso, y una
tempestad le arroja a la isla de los feacios, próxima a Ítaca. Allí
refiere al príncipe reinante los prodigios de que ha sido testigo, los
males y contratiempos que ha sufrido y logra socorros para volver a sus
estados. Llega, se da a conocer a su hijo, y acuerda con él las medidas
convenientes para vengarse de sus comunes enemigos. La acción de la
Odisea no dura más de cuarenta días.
Cuando Licurgo se dejó ver en Jonia, apenas eran conocidas la Ilíada y
la Odisea, pero aquel legislador, descubriendo lecciones de sabiduría
en lo que el vulgo no veía más que ficciones agradables, copió los dos
poemas y con ellos enriqueció su patria. De allí se comunicaron a los
griegos, y entonces se vieron cantores, conocidos bajo el nombre de
rapsodas, sacar fragmentos de aquellos escritos y recorrer la Grecia,
que absorta los escuchaba. Como quiera que esta costumbre alteraba y
destruía la estructura de los poemas, Solón prohibió a muchos rapsodas
el que se apartasen del texto de Homero, interrumpiéndole por tomar
hechos aislados, y les prescribió que siguiesen en sus relaciones el
orden que el autor había observado. Después de Solón, Pisístrato e
Hiparco, su hijo, observando muchas alteraciones introducidas en los
poemas por un efecto del entusiasmo de aquellos que los cantaban o
interpretaban públicamente, hicieron restablecer el texto en su pureza,
valiéndose para ello de hábiles gramáticos.
Aumentose la gloria de Homero a proporción que se iban conociendo más y
mejor sus obras, y que se estaba en mayor disposición de apreciarlas.
Dispútanse muchas ciudades el honor de ser su patria nativa; otros
le han consagrado templos, y sus versos resuenan por toda la Grecia,
siendo el ornato y el brillo de sus fiestas. En ellos es donde los
mejores autores han hallado la mayor parte de las bellezas que
sembraron en sus escritos, y donde el escultor Fidias y el pintor
Eufránor aprendieron a representar dignamente al soberano de los dioses.
Sean rígidos enhorabuena contra los defectos de Homero aquellos
que pueden resistir a sus bellezas, porque, a la verdad, ¿por qué
disimularlo? Unas veces descansa y otras dormita, pero su reposo es
como el del águila que, después de haber recorrido por los aires sus
vastos dominios, cae fatigada sobre una alta montaña, y su sueño parece
al de Zeus que despierta lanzando el rayo, según el mismo Homero.