El Ática, y los países comarcanos estaban entonces sobrecargados de
habitantes, y las conquistas de los Heráclidas habían hecho refluir en
ella la nación entera de los jonios, que ocupaban doce ciudades en el
Peloponeso. Los hermanos de Medonte, que reinaba en Ática, condujeron
a aquellos extranjeros a las ricas campiñas donde termina el Asia, a
la parte opuesta de Europa. Esta colonia a favor de las conquistas que
hizo entre los bárbaros se vio muy pronto dueña de tantas ciudades como
tenía en el Peloponeso, entre las cuales sobresalían Mileto y Éfeso, y
todas ellas compusieron por su unión el cuerpo jónico.
Medonte transmitió a sus descendientes la dignidad de arconte, cuyo
ejercicio limitaron después los atenienses al espacio de diez años, y
por último la dividieron entre magistrados anuales, que conservaron
también el nombre de arcontes.
Estas son las novedades que nos presenta la historia de Atenas desde
la muerte de Codro hasta la primera olimpiada, en el espacio de
trescientos dieciséis años. Durante la calma que reinó en el Ática en
aquel largo transcurso de tiempo, se vieron florecer tres hombres, los
más grandes que jamás existieron: Homero, Licurgo, y Aristómenes.