(Año 1220 antes de J. C.) Los descendientes de Heracles habían sido
desterrados del Peloponeso por los de Pélope, e hicieron repetidas
tentativas, aunque inútiles, para volver a entrar en aquel país. Eran
aquellos tres hermanos, llamados Témeno, Cresfontes y Aristodemo,
quienes, habiéndose asociado con los dorios, entraron con ellos en la
patria de sus antecesores, de la cual arrojaron a los descendientes
de Agamenón y de Néstor. Argos tocó en suerte a Témeno, la Mesenia a
Cresfontes, y Eurístenes y Procles, hijos de Aristodemo, reinaron en
Lacedemonia.
Poco tiempo después atacaron los vencedores a Codro, rey de Atenas, que
había dado asilo a sus enemigos. Este príncipe, habiendo sabido que el
oráculo prometía la victoria al ejército que perdiese su general en
la batalla, se expuso voluntariamente a la muerte, y este sacrificio
inspiró tal ardor a sus tropas que derrotaron a los Heráclidas (año
1092 antes de J. C.).
Aquí terminan los siglos llamados heroicos, cuya historia solo ofrece
una mezcla confusa de verdades y mentiras, de tradiciones respetables
y de imágenes risueñas inventadas por los poetas, que eran entonces
los únicos historiadores de la Grecia y aun sus únicos teólogos.
Las metáforas con que adornaron sus poemas fueron admirables,
particularmente por su novedad, y la lengua, llegando a ser poética,
produjo a un tiempo mismo el sistema más absurdo y maravilloso.