Los primeros habitantes de la Grecia, según antiguas tradiciones, solo
tenían por morada grutas profundas, de las cuales salían únicamente
para disputar a las bestias los alimentos más groseros, y algunas veces
nocivos. Capitaneados después por caudillos audaces, aumentaron sus
luces, y por consecuencia sus necesidades y sus males, al paso que
la fuerza constituía todo su derecho. Arribaron a las costas de la
Argólida algunos legisladores egipcios, que se propusieron civilizar
a aquellos pueblos salvajes, los cuales salieron a su encuentro y así
consiguieron pasar sus días en un estado de inocencia y tranquilidad,
que dieron el nombre de edad de oro a aquellos siglos remotos.
Aconteció esta revolución bajo Ínaco, quien condujo la primera colonia
egipcia, 1970 años antes de J. C., y continuando la empresa su hijo
Foroneo cambiaron en breve de faz la Argólida, la Arcadia y los países
vecinos. Cerca de tres siglos después llegaron Cécrope, Cadmo y
Dánao, el primero al Ática, el segundo a la Beocia, y el tercero a la
Argólida; llevando consigo nuevas colonias de egipcios y de fenicios.
La industria y las artes traspasaron los límites del Peloponeso, y sus
progresos añadieron, digámoslo así, nuevos pueblos al género humano.
El reinado de Foroneo es la época más antigua de la historia de Grecia,
y el de Cécrope de la historia de los atenienses. Desde este último
príncipe hasta al fin de la guerra del Peloponeso, transcurrieron cerca
de 1250 años, que se dividen en dos intervalos: el uno termina en la
primera olimpiada (776 años antes de J. C.) y el otro en la toma de
Atenas por los lacedemonios (año 404). De los cuales van a referirse
los principales acontecimientos.