Un miserable enfermo se moría,

Y el Médico importuno le decía:

--Usted se muere, yo se lo confieso,

Pero por la alta ciencia que profeso,

Conozco, y le aseguro firmemente,

Que ya estuviera sano,

Si se hubiese acudido más temprano

Con el benigno clíster[206] detergente.

El triste enfermo, que lo estaba oyendo,

Volvió la espalda al Médico diciendo:

--Señor Galeno[207], su consejo alabo:

Al asno muerto la cebada al rabo[208].

_Todo varón prudente

Aconseja en el tiempo conveniente;

Que es hacer de la ciencia vano alarde,

Dar el consejo cuando llega tarde._

FÁBULA VI

La Zorra y las Uvas.

Es voz común que á más del medio día

En ayunas la Zorra iba cazando:

Halla una parra, quédase mirando

De la alta vid el fruto que pendía[209].

Causábale mil ansias y congojas

No alcanzar á las uvas con la garra,

Al mostrar á sus dientes la alta parra

Negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó, y anduvo en probaduras;

Pero vió el imposible ya de fijo.

Entonces fué cuando la Zorra dijo:

«No las quiero comer; no están maduras».

_No por eso te muestres impaciente,_

_Si se te_[210] _frustra, Fabio, algún intento._

_Aplica bien el cuento,_

_Y dí, No están maduras, frescamente._[211]

FÁBULA VII

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La Cierva y la Viña.

Huyendo de enemigos cazadores

Una Cierva ligera

Siente, ya fatigada en la carrera,

Más cercanos los perros y ojeadores.

No viendo la infeliz algún seguro

Y vecino paraje

De gruta ó de ramaje,

Crece su timidez, crece su apuro.

Al fin, sacando fuerzas de flaqueza,

Continúa la fuga presurosa:

Halla al paso una Viña muy frondosa,

Y en lo espeso se oculta con presteza.

Cambia el susto y pesar en alegría,

Viéndose á paz y salvo[212] en tan buen hora;

Olvida el bien, y de su defensora

Los frescos verdes pámpanos comía.

Mas ¡ay! que de esta suerte,

Quitando ella las hojas de delante,

Abrió puerta á la flecha penetrante,

Y el listo[213] cazador le dió la muerte.

Castigó con la pena merecida

El justo cielo á la Cierva ingrata.

_Mas ¿qué puede esperar el que maltrata

Al mismo que le está dando la vida?_

FÁBULA VIII

El Asno cargado de Reliquias[214].

De reliquias cargado

Un Asno recibía adoraciones,

Como si á él se hubiesen consagrado

Reverencias, inciensos y oraciones.

En lo vano, lo grave y lo severo

Que se manifestaba,

Hubo quien conoció que se engañaba,

Y le dijo:--Yo infiero

De vuestra vanidad vuestra locura.

El reverente culto que procura[215]

Tributar cada cual este momento[216],

No es dirigido á vos, señor Jumento;

Que sólo va en honor, aunque lo sientas,

De la sagrada carga que sustentas.

_Cuando un hombre sin mérito estuviere_

_En elevado empleo ó gran riqueza,_

_Y se ensoberbeciere_

_Porque todos le bajan la cabeza;_

_Para que su locura no prosiga,_

_Tema encontrar tal vez con quien le diga:_

_--Señor jumento, no se engría tanto,_

_Que si besan la peana, es por el santo._

FÁBULA IX

Los dos Machos[217].

Dos Machos caminaban: el primero,

Cargado de dinero,

Mostrando su penacho envanecido,

Iba marchando erguido

Al son de los redondos cascabeles.

El segundo, desnudo de oropeles,

Con un pobre aparejo solamente,

Alargando el pescuezo eternamente,

Seguía de reata su jornada

Cargado de costales de cebada.

Salen unos ladrones, y al instante

Asieron de la rienda al arrogante:

Él se defiende, ellos le maltratan;

Y después que el dinero le arrebatan,

Huyen, y dice entonces el segundo:

--_Si á estos riesgos exponen en el mundo

Las riquezas, no quiero, á fe de Macho,

Dinero, cascabeles ni penacho._

FÁBULA X

[imagen]

El Cazador y el Perro.

Mustafá (Perro viejo,

Lebrel en montería[218] ejercitado,

Y de antiguas heridas señalado

Á colmillo y á cuerno su pellejo)

Seguía á un Jabalí sin esperanza

De poderle alcanzar; pero no obstante,

Azuzándole su amo á cada instante,

Á duras penas Mustafá le alcanza.

El cerdoso valiente

No escuchaba recados á la oreja;

Y así su resistencia no le deja

Cebar al Perro su cansado diente:

Con airado colmillo le rechaza,

Y bufando se marcha victorioso.

El cazador furioso

Reniega del Lebrel y de su raza.

--Viejo estoy, le responde, ya lo veo;

Mas dí, sin Mustafá ¿cuándo tuvieras

Las pieles y cabezas de las fieras

En tu casa de abrigo y de trofeo?

Miras á lo que soy, no á lo que he sido.

¡Oh suerte desgraciada!

Presente tienes mi vejez cansada,

Y mis robustos años en olvido.

Mas ¿para que me mato[219],

Si no he de conseguir cosa ninguna?

_Es ladrar á la luna

El alegar servicios al ingrato._

FÁBULA XI

La Tortuga y el Águila.

Una Tortuga á una Águila rogaba

La enseñase á volar; así la hablaba:

--Con sólo que me des cuatro lecciones,

Ligera volaré por las regiones:

Ya remontado el vuelo,

Por medio de los aires, hasta el cielo,

Veré cercano al sol y las estrellas,

Y otras cien cosas bellas:

Ya rápida bajando,

De ciudad en ciudad iré pasando;

Y de este fácil delicioso modo

Lograré en pocos días verlo todo.

El Águila se rió del desatino:

La[1] aconseja que siga su destino,

Cazando torpemente con paciencia,

Pues lo dispuso así la Providencia.

Ella insiste en su antojo ciegamente:

La reina de las aves prontamente

La arrebata, la lleva por las nubes:

--Mira, la[220] dice, mira cómo subes.

Y al remontarla[221], dijo--¿Vas contenta?

Se la deja caer, y se revienta.

_Para que así escarmiente

Quien desprecia el consejo del prudente._

FÁBULA XII

El León y el Ratón.

Estaba un Ratoncillo aprisionado

En las garras de un León: el desdichado

En la tal ratonera no fué preso

Por ladrón de tocino ni de queso,

Sino porque con otros molestaba

Al León que en su retiro descansaba.

Pide perdón llorando su insolencia;

Al oír implorar la real clemencia,

Responde el rey en majestuoso tono:

(No dijera más Tito)--Te perdono.

Poco después, cazando el León, tropieza

En una red oculta en la maleza;

Quiere salir, mas queda prisionero:

Atronando la selva, ruge fiero.

El libre Ratoncillo, que lo siente,

Corriendo llega, roe[222] diligente

Los nudos de la red, de tal manera,

Que al fin rompió los grillos de la fiera.

_Conviene al poderoso

Para[223] los infelices ser piadoso:

Tal vez se puede[224] ver necesitado

Del auxilio de aquel más desdichado._

FÁBULA XIII

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Las Liebres y las Ranas.

Asustadas las Liebres de un estruendo,

Echaron á correr todas diciendo:

«Á quien la vida cuesta tanto susto,

La muerte causará menos disgusto.»

Llegan á una laguna de esta suerte

Á dar en lo profundo con la muerte.

Al ver á tanta Rana, que asustada

Á las aguas se arroja á su llegada:

«--¡Hola! dijo una Liebre[225] ¿con que hay otras

Tan tímidas que aun tiemblan de nosotras?

Pues suframos como ellas el destino»:

Conocieron sin más su desatino.

_Así la suerte adversa es tolerable,

Comparada con otra miserable[226]._

FÁBULA XIV

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El Gallo y el Zorro.

Un Gallo muy maduro

De edad provecta, duros espolones,

Pacífico y seguro,

Sobre un árbol oía las razones

De un Zorro muy cortés y muy atento,

Más elocuente cuanto más hambriento.

--Hermano, le decía,

Ya cesó entre nosotros una guerra,

Que cruel repartía

Sangre y plumas al viento y á la tierra:

Baja, daré para perpetuo sello

Mis amorosos brazos á tu cuello.

--Amigo de mi alma,

Responde el Gallo, ¡qué placer inmenso

En deliciosa calma

Deja esta vez mi espíritu suspenso!

Allá bajo, allá voy tierno y ansioso

Á gozar en tu seno mi reposo;

Pero aguarda un instante

Porque vienen ligeros como el viento[227],

Y ya están adelante

Dos correos que llegan al momento,

De esta noticia portadores fieles,

Y son, según la traza, dos lebreles.

--Á Dios, á Dios, amigo,

Dijo el Zorro, que estoy muy ocupado;

Luego hablaré contigo

Para finalizar este tratado.

El Gallo se quedó lleno de gloria,

Cantando en esta letra su victoria:

_Siempre trabaja en su daño

El astuto engañador:

Á un engaño hay otro engaño,

Á un pícaro otro mayor[228]._

FÁBULA XV

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El León y la Cabra.

Un señor León andaba como un perro

Del valle al monte, de la selva al cerro,

Á caza, sin hallar pelo ni lana[229],

Perdiendo la paciencia y la mañana.

Por un risco escarpado

Ve trepar á una Cabra á lo encumbrado,

De modo que parece que se empeña

En hacer creer al León que se despeña.

El pretender seguirla fuera en vano:

El cazador entonces cortesano[230]

La dice:--Baja, baja, mi querida,

No busques precipicios á tu vida:

En el valle frondoso

Pacerás á mi lado con reposo.

--¿Desde cuándo, señor, la real persona

Cuida con tanto amor de la barbona[231]?

Esos halagos tiernos

No son por bien, apostaré los cuernos.

Así le respondió la astuta Cabra;

Y él se fué sin replicar palabra.

_Lo paga la infeliz con el pellejo,

Si toma sin examen el consejo._

FÁBULA XVI

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La Hacha y el Mango.

Un hombre, que en el bosque se miraba[232]

Con una Hacha sin Mango, suplicaba

Á los árboles diesen la madera[233]

Que más sólida fuera,

Para hacerle uno fuerte y muy durable.

Al punto la arboleda[234] innumerable

Le cedió el acebuche. Y él contento,

Perfeccionando luego su instrumento,

De rama en rama va cortando á gusto

Del alto roble el brazo más robusto.

Ya los árboles todos recorría,

Y mientras los mejores elegía,

Dijo la triste Encina al Fresno: «_Amigo,

¡Infeliz del que ayuda á su enemigo!_»

FÁBULA XVII

La Onza y los Pastores.

En una trampa una Onza inadvertida

Dió mísera caída.

Al verla sin defensa,

Corrieron á la ofensa

Los vecinos Pastores,

No valerosos, pero sí traidores.

Cada cual por su lado

La maltrataba airado,

Hasta dejar sus fuerzas desmayadas,

Unos á palos, otros á pedradas:

Al fin la abandonaron por perdida.

Pero viéndola dar muestras de vida,

Cierto Pastor, dolido de su suerte,

Por evitar su muerte,

Le arrojó la mitad de su alimento,

Con que pudiese recobrar aliento.

Llega la noche, témplase la saña,

Marchan á descansar á la cabaña,

Todos con esperanza muy fundada

De hallarla muerta por la madrugada[235].

Mas la fiera entre tanto,

Volviendo poco á poco del quebranto,

Toma nuevo valor y fuerza nueva;

Salta, deja la trampa, va á su cueva,

Y al sentirse del todo reforzada,

Sale ligera, pero más airada.

Ya destruye ganados,

Ya deja á los Pastores destrozados;

Nada aplaca su cólera violenta,

Todo lo tala, en todo se ensangrienta;

El buen Pastor, por quien tal vez vivía,

Lleno de horror, la vida le pedía.

--No serás maltratado,

Dijo la Onza, vive descuidado;

Que yo sólo persigo á los traidores

Que me ofendieron, no á mis bienhechores.

_Quien hace agravios, tema la venganza:

Quien hace bien, al fin el premio alcanza._

FÁBULA XVIII

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El Grajo vano[236].

Con las plumas de un Pavo

Un Grajo se vistió: pomposo y bravo[237]

En medio de los pavos se pasea.

La manada lo advierte, lo rodea,

Todos le pican, burlan y lo envían,

¿Dónde, si ni los grajos lo querían?

_¿Cuánto ha que repetimos este cuento,

Sin que haya en los plagiarios escarmiento[238]?_

FÁBULA XIX

El Hombre y la Comadreja.

Así decía cierta Comadreja

Á un Hombre que la había aprisionado:

--¿Por qué no me dejáis[239]? ¿Os he yo dado

Motivo de disgusto ni de queja?

¿No soy la que desvanes y rincones,

Tu casa toda, cual si fuese mía,

Cuidadosa registro noche y día,

Para que vivas libre de ratones?--

--¡Gran fineza por cierto!

El Hombre respondió: pues di, ladrona,

Si tu glotonería no perdona

Ni á ratón vivo, ni á cochino muerto,

Ni á cuanto guardan ruines despenseras,

¿Cómo he de creer que tu cuidado apura

Por mi bien los ratones? ¡Qué locura!

No tendría yo malas tragaderas[240]:

Morirás. _Y el astuto que pretenda

Vender como fineza lo que ha hecho

Sin mirar á más fin que á su provecho,

Sabra que hay en el mundo quien lo entienda._

FÁBULA XX

Batalla de las Comadrejas y los Ratones.

Vencidos los Ratones,

Huían con presteza

De una atroz, enemiga

Tropa de Comadrejas.

Marchaban con desorden,

Que, cuando el miedo reina,

Es la confusión sola

El jefe que gobierna.

Llegaron presurosos

Á sus angostas cuevas,

Logrando los soldados

Entrar á duras penas;

Pero los capitanes[241],

Que en las estrechas puertas

Quedaron atascados

Sin ninguna defensa,

Á causa de unos cuernos

Puestos en las cabezas,

Para ser de sus tropas

Vistos en la refriega,

Fueron las desdichadas

Víctimas de la guerra;

Haciendo de sus cuerpos

Pasto las Comadrejas.

_¡Cuántas veces los hombres

Distinciones anhelan,

Y suelen ser la causa

De sus desdichas ellas[242]!

Si Júpiter dispara

Sus rayos á la tierra,

Antes que á las cabañas,

Á los palacios y á las torres llegan._

FÁBULA XXI

El León y la Rana.

Una lóbrega noche silenciosa,

Iba un León horroroso,

Con mesurado paso majestuoso

Por una selva: oyó una voz ruidosa,

Que con tono molesto y continuado

Llamaba la atención, y aun el cuidado

Del reinante[243] animal, que no sabía

De qué bestia feroz quizá saldría

Aquella voz, que tanto más sonaba

Cuanto más en silencio todo estaba.

Su Majestad leonesa

La selva toda registrar procura;

Mas nada encuentra con la noche obscura,

Hasta que pudo ver, ¡oh qué sorpresa!

Que sale de un estanque, á la mañana,

La tal bestia feroz, y era una Rana.

_Llamará la atención de mucha gente

El charlatán con su manía loca;

Mas ¿qué logra, si al fin verá el prudente

Que no es sino una Rana, todo boca[244]?_

FÁBULA XXII

El Ciervo y los Bueyes.

Con inminente riesgo de la vida

Un ciervo se escapó de la batida,

Y en la quinta cercana de repente

Se metió en el establo incautamente.

Dícele un Buey:--¿Ignoras, desdichado,

Que aquí viven los hombres? ¡ah cuidado!

Detente, y hallarás tanto reposo,

Como perdiz en boca de raposo.

El Ciervo respondió:--Pero, no obstante,

Dejadme descansar algún instante,

Y en la ocasión primera

Al bosque espeso emprendo mi carrera.

Oculto en el ramaje permanece:

Á la noche el boyero se aparece,

Al ganado reparte el alimento:

Nada divisa; sálese al momento.

El mayoral y los criados entran,

Y tampoco lo encuentran.

Libre de aquel apuro,

El Ciervo se contaba por seguro;

Pero el Buey más anciano

Le dice:--Qué ¿te alegras tan temprano?

Si el amo llega, lo perdiste todo:

Yo le llamo _Cienojos_[245] por apodo;

Mas chitón, que ya viene.--

Entra _Cienojos_, todo lo previene;

Á los rústicos dice:--No hay consuelo:

Las colleras tiradas por el suelo,

Limpio el pesebre, pero muy de paso,

El ramaje muy seco y más escaso;

Seor[246] mayoral, ¿es éste buen gobierno?

En esto mira al enramado cuerno

Del triste Ciervo: grita, acuden todos

Contra el pobre animal de varios modos;

Y á la rústica usanza

Se celebró la fiesta de matanza.

_Esto quiere decir que el amo bueno

No se debe fiar del ojo ajeno[247]._

FÁBULA XXIII

Los Navegantes.

Lloraban unos tristes pasajeros,

Viendo su pobre nave combatida

De recias olas y de vientos fieros,

Ya casi sumergida;

Cuando súbitamente

El viento calma, el cielo se serena,

Y la afligida gente

Convierte en risa la pasada pena.

Mas el piloto estuvo muy sereno,

Tanto en la tempestad como en bonanza;

_Pues sabe que lo malo y que lo bueno

Está sujeto á súbita mudanza_[248].

FÁBULA XXIV

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El Torrente y el Río.

Despeñado un Torrente

De un encumbrado cerro[249],

Caía en una peña,

Y atronaba el recinto con su estruendo.

Seguido de ladrones

Un triste pasajero,

Despreciando el ruido,

Atravesó el raudal sin desaliento;

Que es común en los hombres

Poseídos del miedo,

Para salvar la vida,

Exponerla tal vez á mayor riesgo.

Llegaron los bandidos,

Practicaron lo mesmo[250]

Que antes el caminante,

Y fueron en su alcance y seguimiento.

Encontró el miserable

De allí á muy poco trecho

Un río caudaloso[251],

Que corría apacible y con silencio.

Con tan buenas señales,

Y el próspero suceso

Del raudal bullicioso,

Determinó vadearle sin recelo;

Mas apenas dió un paso,

Pagó su desacuerdo[252],

Quedando sepultado

En las aleves aguas sin remedio

_Temamos los peligros_

_De designios secretos;_

_Que el ruidoso aparato,_

_Si no se desvanece, anuncia el riesgo_[253].

FÁBULA XXV

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El León, el Lobo y la Zorra.

Trémulo y achacoso[254]

Á fuerza de años un León estaba:

Hizo venir los médicos ansioso,

Por ver si alguno de ellos le curaba.

De todas las especies y regiones

Profesores llegaban á millones.

Todos conocen incurable el daño,

Ninguno al rey propone el desengaño;

Cada cual sus remedios le procura,

Como si la vejez tuviese cura.

Un Lobo cortesano,

Con tono adulador y fin torcido,

Dijo á su soberano:

--He notado, señor, que no ha asistido

La Zorra, como médico, al congreso;

Y pudiera esperarse buen suceso

De su dictamen en tan grave asunto.--

Quiso su Majestad que luego al punto

Por la posta viniese:

Llega, sube á palacio; y como viese

Al Lobo su enemigo, ya instruída

De que él era el autor de su venida,

Que ella excusaba cautelosamente,

Inclinándose al rey[255] profundamente,

Dijo:--Quizá[256], señor, no habrá faltado

Quien haya mi tardanza acriminado;

Mas será porque ignora

Que vengo de cumplir un voto ahora,

Que por vuestra salud tenía hecho;

Y para más provecho,

En mi viaje traté gentes[257] de ciencia

Sobre vuestra dolencia.

Convienen pues los grandes profesores

En que no tenéis vicio en los humores;

En que sólo los años han dejado

El calor natural algo apagado;

Pero éste se recobra y vivifica,

Sin fastidio, sin drogas de botica,

Con un remedio simple, liso y llano,

Que vuestra Majestad tiene en la mano.

Á un Lobo vivo arránquenle el pellejo;

Haced que os lo apliquen al instante,

Y por más que estéis débil, flaco, viejo,

Os sentiréis robusto y rozagante,

Con apetito tal, que sin esfuerzo,

El mismo Lobo os servirá de almuerzo.

Convino el rey, y, entre el furor y el hierro,

Murió el infeliz Lobo como un perro.

_Así viven y mueren cada día_

_En su guerra interior los palaciegos_[258],

_Que con la emulación rabiosa ciegos,_

_Al degüello se tiran á porfia._

_Tomen esta lección muy oportuna:_

_Lleguen á la privanza, en hora buena;_

_Mas labren su fortuna_

_Sin cimentarla en la desgracia ajena._

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LIBRO QUINTO

FÁBULA PRIMERA

Los Ratones y el Gato.

_Marramaquiz_, gran Gato,

De nariz roma, pero largo olfato,

Se metió en una casa de Ratones.

En uno de sus lóbregos rincones

Puso su alojamiento:

Por delante de sí de ciento en ciento

Les dejaba por gusto libre el paso,

Como hace el bebedor que mira al vaso;

Y ensanchando así más sus tragaderas[259],

Al fin los elegía como peras.

Éste fué su ejercicio cotidiano;

Pero tarde ó temprano

Al fin ya los Ratones conocían

Que por instantes se disminuían.

Don _Roepán_[260], cacique el más prudente[261]

De la ratona[262] gente,

Con los suyos formó pleno consejo,

Y dijo así con natural despejo:

Supuesto, hermanos, que el sangriento bruto

Que metidos nos tiene en llanto y luto,

Habita el cuarto bajo,

Sin que pueda subir ni aun con trabajo

Hasta nuestra vivienda, es evidente

Que se atajará el daño solamente

Con no bajar allá de modo alguno.

El medio pareció muy oportuno:

Y fué tan observado,

Que ya _Marramaquiz_, el muy taimado,

Metido por el hambre en calzas prietas[263],

Discurrió entre mil tretas

La de colgarse por los pies de un palo

Haciendo el muerto[264]: no era el ardid malo.

Pero don _Roepán_ luego que advierte

Que su enemigo estaba de tal suerte,

Asomando el hocico á su agujero:

--¡Hola!, dice; ¿qué es eso, caballero?

¿Estás muerto de burlas, ó de veras?

Si es lo que yo recelo, en vano esperas:

Pues no nos contaremos ya seguros,

Aun sabiendo de cierto

Que eres, á más á más de gato muerto,

Gato relleno ya de pesos duros[265].

_Si alguno llega con astuta maña,

Y una vez nos engaña,

Es cosa muy sabida

Que puede, algunas veces,

El huir de sus trazas y dobleces

Valernos nada menos que la vida._

FÁBULA II

El Asno y el Lobo.

Un Burro cojo vió que le seguía

Un Lobo cazador, y no pudiendo

Huir de su enemigo, le decía:

--Amigo Lobo, yo me estoy muriendo:

Me acaban por instantes los dolores

De este maldito pie de que cojeo:

Si yo no me valiese de herradores,

No me vería así como me veo;

Y pues fallezco, sé caritativo:

Sácame con los dientes este clavo,

Muera yo sin dolor tan excesivo,

Y cómeme después de cabo á rabo.

--¡Oh! dijo el cazador con ironía,

Contando con la presa ya en la mano,

No solamente sé la anatomía,

Sino que soy perfecto cirujano.

El caso es para mí una patarata[266];

La operación no más que de un momento:

Alargue bien la pata,

Y no se me acobarde, buen Jumento.

Con su estuche molar desenvainado

El nuevo profesor llega al doliente;

Mas éste le dispara de contado

Una coz que le deja sin un diente.

Escapa el cojo; pero el triste herido

Llorando se quedó su desventura.

«¡Ay infeliz de mí! bien merecido

El pago tengo de mi gran locura.

Yo siempre me llevé el mejor bocado

En mi oficio de Lobo carnicero;

Pues si pude vivir tan regalado,

Á qué meterme ahora á curandero[267]?»

_Hablemos en razón: no tiene juicio

Quien deja el propio por ajeno oficio._

FÁBULA III

El Asno y el Caballo.

Iban, mas no sé á dónde ciertamente,

Un Caballo y un Asno juntamente:

Éste cargado, pero aquél sin carga.

El grave peso, la carrera larga,

Causaron al Borrico tal fatiga,

Que la necesidad misma le obliga

Á dar en tierra.--Amigo compañero,

No puedo más, decía; yo me muero:

Repartamos la carga, y será poca;

Si no, se me va el alma por la boca.

Dice el otro:--Revienta en hora buena;

¿Por eso he de sufrir la carga ajena?

Gran bestia seré yo, si tal hiciere.

Miren, y ¡qué Borrico se me muere!

Tan justamente se quejó el Jumento,

Que expiró[268] el infeliz en el momento.

El Caballo conoce su pecado,

Pues tuvo que llevar mal de su grado

Los fardos y aparejos todo junto;

Ítem más, el pellejo del difunto.

_Juan, alivia en sus penas al vecino;

Y él, cuando tú las tengas, déte ayuda.

Si no lo hacéis así, temed sin duda

Que seréis el Caballo y el Pollino._

FÁBULA IV

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El Labrador y la Providencia.

Un labrador cansado

En el ardiente estío[269]

Debajo de una encina

Reposaba pacífico y tranquilo.

Desde su dulce estancia

Miraba agradecido

El bien con que la tierra

Premiaba sus penosos ejercicios[270].

Entre mil producciones,

Hijas de su cultivo,

Veía calabazas,

Melones por los suelos esparcidos.

--«¿Por qué la Providencia,

Decía entre sí mismo,

Puso á la ruin bellota

En elevado preeminente sitio?

¿Cuánto mejor sería,

Que trocando el destino,

Pendiesen de las ramas

Calabazas, melones y pepinos?»

Bien oportunamente,

Al tiempo que esto dijo,

Cayendo una bellota,

Le pegó en las narices de improviso.

--«Pardiez, prorrumpió entonces

El Labrador sencillo,

Si lo que fué bellota,

Algún gordo melón hubiera sido,

Desde luego pudiera

Tomar á buen partido,

En caso semejante

Quedar desnarigado, pero vivo.

_Aquí la Providencia

Manifestarle quiso

Que supo á cada cosa

Señalar sabiamente su destino.

Á mayor[271] bien del hombre

Todo está repartido;

Preso el pez en su concha[272],

Y libre por el aire el pajarillo._

FÁBULA V

El Asno vestido de León[273].

Un Asno disfrazado

Con una grande piel[274] de León andaba;

Por su temible aspecto casi estaba

Desierto el bosque, solitario el prado.

Pero quiso el destino,

Que le llagase á ver desde el molino

La punta de una oreja el molinero.

Armado entonces de un garrote fiero,

Dale de palos, llévalo á su casa;

Divúlgase al contorno[275] lo que pasa;

Llegan todos á ver en el instante

Al que habían temido León reinante;

Y haciendo mofa de su idea necia,

Quien más le respetó, más le desprecia.

_Desde que oi del Asno contar esto,

Dos ochavos apuesto,

Si es que Pedro Fernández[276] no se deja

De andar con el disfraz de caballero,

A vueltas del vestido y el sombrero[277],

Que le han de ver la punta de la oreja._

FÁBULA VI

[imagen]

La Gallina de los Huevos de oro.

Érase[278] una Gallina que ponía

Un huevo de oro al dueño cada día.

Aun con tanta ganancia mal contento,

Quiso el rico avariento

Descubrir de una vez la mina de oro,

Y hallar en menos tiempo más tesoro.

Matóla, abrióla[279] el vientre de contado;

Pero después de haberla registrado,

¿Qué sucedió? que muerta la Gallina,

Perdió su huevo de oro y no halló mina.

_¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,

Enriquecerse quieren al instante,

Abrazando proyectos,

A veces de tan rápidos efectos,

Que sólo en pocos meses,

Cuando se contemplaban ya marqueses,

Contando sus millones,

Se vieron en la calle sin calzones[280]!_

FÁBULA VII

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Los Cangrejos.

Fábulas · 第 3 / 10 段