Con varios ademanes[125] horrorosos

Los Montes de parir dieron señales:

Consintieron los hombres temerosos

Ver nacer los abortos más fatales.

Después que con bramidos espantosos

Infundieron pavor á los mortales,

Estos Montes, que al mundo estremecieron,

Un ratoncillo fué lo que parieron.

_Hay autores que, en voces misteriosas,

Estilo fanfarrón[126] y campanudo,

Nos anuncian ideas portentosas;

Pero suele á menudo

Ser el gran parto de su pensamiento,

Después de tanto ruido, sólo viento._

FÁBULA XVI

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Las Ranas pidiendo rey.

Sin rey vivía libre, independiente,

El pueblo de las Ranas felizmente.

La amable libertad sólo reinaba

En la inmensa laguna que habitaba.

Mas las Ranas al fin un rey quisieron:

Á Júpiter excelso lo pidieron.

Conoce el Dios la súplica importuna,

Y arroja un rey de palo á la laguna:

Debió de ser sin duda buen pedazo,

Pues dió su Majestad tan gran porrazo

Que el ruido atemoriza al reino todo:

Cada cual se zambulle en agua ó lodo[127];

Y quedan en silencio tan profundo,

Cual si no hubiese Ranas en el mundo.

Una de ellas asoma la cabeza,

Y viendo á la real pieza,

Publica que el monarca es un zoquete.

Congrégase la turba y, por juguete,

Lo desprecian, lo ensucian con el cieno[128],

Y piden otro rey, que aquel no es bueno.

El padre de los dioses irritado,

Envía á un culebrón, que á diente airado

Muerde, traga, castiga,

Y á la mísera grey al punto obliga

Á recurrir al dios humildemente.

Padeced, les responde, eternamente:

Que así castigo á aquel que no examina

Si su solicitud será su ruina.

FÁBULA XVII

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El Asno y el Caballo.

--¡Ah! ¡quien fuese Caballo!

Un Asno melancólico decía:

«Entonces sí que nadie me vería

Flaco, triste y fatal[129] como me hallo.

Tal vez un caballero

Me mantendría ocioso y bien comido;

Dándose su merced por muy servido

Con corvetas y saltos de carnero.

Trátanme ahora como vil y bajo,

De risa sirve mi contraria suerte:

Quien me apalea más, más se divierte,

Y menos como, cuando más trabajo.

No es posible encontrar sobre la tierra

Infeliz como yo.» Tal se juzgaba,

Cuando al Caballo ve como pasaba

Con su jinete y armas á la guerra.

Entonces conoció su desatino;

Rióse de corvetas y regalos,

Y dijo: Que trabaje y lluevan palos;

No me saquen los dioses de Pollino.

FÁBULA XVIII

El Cordero y el Lobo.

Uno de los Corderos mamantones[130],

Que para los glotones[131]

Se crían sin salir jamás al prado,

Estando en la cabaña muy cerrado,

Vió por una rendija de la puerta

Que el caballero Lobo estaba alerta,

En silencio esperando astutamente

Una calva ocasión[132] de echarle el diente.

Mas él, que bien seguro se miraba,

Así le provocaba:

--Sepa usted, seor[133] Lobo, que estoy preso,

Porque sabe el pastor que soy travieso;

Mas si él no fuese bobo,

No habría ya en el mundo ningún Lobo;

Pues yo corriendo libre por los cerros[134],

Sin pastores ni perros,

Con sola mi pujanza y valentía

Contigo y con tu raza acabaría.

--¡Á Dios, exclamó el Lobo, mi esperanza

De regalar á mi vacía panza!

Cuando este miserable me provoca,

Es señal de que se halla de mi boca

Tan libre como el cielo de ladrones.

_Así son los cobardes fanfarrones[135],

Que se hacen en los puestos ventajosos

Más valentones, cuanto más medrosos._

FÁBULA XIX

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Las Cabras y los Chivos.

Desde antaño en el mundo

Reina el vano deseo

De parecer iguales

Á los grandes señores los plebeyos.

Las Cabras alcanzaron

Que Júpiter excelso

Les diese barba[136] larga

Para su autoridad y su respeto.

Indignados los Chivos[137]

De que su privilegio

Se extendiese á las Cabras,

Lampiñas con razón en aquel tiempo;

Sucedió[138] la discordia

Y los amargos celos

Á la paz octaviana[139],

Con que fué gobernado el barbón pueblo.

Júpiter dijo entonces,

Acudiendo al remedio:

--¿Qué importa que las Cabras

Disfruten un adorno propio vuestro,

Si es mayor ignominia

De su vano deseo,

Siempre que no igualaren

En fuerzas y valor á vuestro cuerpo?

_El mérito aparente_

_Es digno de desprecio;_

_La virtud solamente_

_Es del hombre el ornato verdadero._

FÁBULA XX

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El Caballo y el Ciervo.

Perseguía un Caballo vengativo

Á un Ciervo que le hizo leve ofensa:

Mas hallaba segura la defensa

En su veloz carrera el fugitivo.

El vengador, perdida la esperanza

De alcanzarle y lograr así su intento,

Al hombre le pidió su valimiento

Para tomar del ofensor venganza.

Consiente el hombre; y el Caballo airado

Sale con su jinete[140] á la campaña,

Corre con dirección, sigue con maña[141],

Y queda al fin del ofensor vengado.

Muéstrase al bienhechor agradecido,

Quiere marcharse libre de su peso;

Mas desde entonces mismo quedó preso

Y eternamente al hombre sometido.

El Caballo, que suelto y rozagante,

En el frondoso bosque y prado ameno

Su libertad gozaba tan de lleno,

Padece sujeción desde ese instante.

Oprimido del yugo ara la tierra;

Pasa tal vez la vida más amarga;

Sufre la silla, freno, espuela, carga,

Y aguanta los horrores de la guerra.

En fin, _perdió la libertad amable

Por vengar una ofensa solamente.

Tales los frutos son que ciertamente[142]

Produce la venganza detestable._

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LIBRO TERCERO

FÁBULA PRIMERA

El Águila y el Cuervo.

Á DON TOMÁS DE IRIARTE

En mis versos, Iriarte,

Ya no quiero más arte,

Que poner á los tuyos por modelo.

Á competir anhelo

Con tu numen, que el sabio mundo admira,

Si me prestas tu lira,

Aquella en que tocaron dulcemente

_Música_[143] y _poesía juntamente_.

Esto no puede ser: ordena Apolo

Que digno solo tú[144], la pulses solo.

¿Y por qué solo tú? ¿Pues cuando menos

No he de hacer versos fáciles, amenos,

Sin ambicioso ornato?

¿Gastas otro poético aparato?

Si tú sobre el Parnaso[145] te empinases,

Y desde allí cantases:

_Risco tramonto de época altanera_,

Góngora[146] que te siga, te dijera;

Pero si vas marchando por el llano,

Cantándonos en verso castellano

Cosas claras, sencillas, naturales,

Y todas ellas tales,

Que aun aquel que no entiende poesía

Dice: _Eso yo también me lo diría_[147];

¿Por qué no he de imitarte, y aun acaso

Antes que tú trepar por el Parnaso?

No imploras las Sirenas, ni las Musas

Ni de númenes usas,

Ni aun siquiera confías en Apolo.

Á la naturaleza imploras sólo:

Y ella sabia te dicta sus verdades.

Yo te imito: no invoco á las deidades;

Y por mejor consejo,

Sea mi sacro numen cierto viejo;

Esopo digo. Díctame, machucho[148],

Una de tus patrañas, que te escucho.

Una Águila rapante,

Con vista perspicaz, rápido vuelo,

Descendiendo veloz de junto al cielo,

Arrebató un Cordero en un instante.

Quiere un Cuervo imitarla: de un Carnero

En el vellón sus uñas hacen presa:

Queda enredado entre la lana espesa,

Como pájaro en liga prisionero.

Hacen de él los pastores vil juguete[149],

Para castigo de su intento necio.

Bien merece la burla y el desprecio

El Cuervo que á ser Águila se mete.

El Viejo me ha dictado esta patraña,

Y astutamente así me desengaña.

Esa facilidad, esa destreza

Con que arrebató el Águila su pieza,

Fué la que engañó al Cuervo, pues creía

Que otro tanto, á lo menos, él haría.

Mas ¿qué logró? servirle[150] de escarmiento.

_Ojalá que sirviese á más de ciento

Poetas de mal gusto inficionados_:

Y _dijesen_, _cual yo desengañados,

El Águila eres tú, divino IRIARTE;

Yo no pretendo más sino admirarte:

Sea tuyo el laurel, tuya la gloria,

Y no sea yo el Cuervo de la historia_.

FÁBULA II

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Los Animales con peste.

En los montes, los valles y collados[151]

De animales poblados,

Se introdujo la peste[152] de tal modo,

Que en un momento lo inficiona todo.

Allí donde su corte el León tenía,

Mirando cada día

Las cacerías, luchas y carreras

De mansos brutos y de bestias fieras,

Se veían los campos ya cubiertos

De enfermos miserables y de muertos.

--Mis amados hermanos,

Exclamó el triste rey, mis cortesanos,

Ya véis que el justo cielo nos obliga

Á implorar su piedad, pues nos castiga

Con tan horrenda plaga:

Tal vez se aplacará con que se le haga

Sacrificio de aquel más delincuente,

Y muera el pecador, no el inocente.

Confiese todo el mundo su pecado:

Yo cruel, sanguinario, he devorado

Inocentes corderos[153];

Ya vacas, ya terneros;

Y he sido á fuerza de delito tanto[154]

De la selva terror, del bosque espanto.

--Señor, dijo la Zorra, en todo eso

No se halla más exceso

Que el de vuestra bondad, pues que se digna

De teñir en la sangre ruin, indigna

De los viles cornudos animales,

Los sacros dientes, y las uñas reales.--

Trató la corte al rey de escrupuloso:

Allí del Tigre, de la Onza y Oso

Se oyeron confesiones

De robos y de muerte á millones;

Mas entre la grandeza, sin lisonja,

Pasaron por escrúpulos de monja[155].

El Asno, sin embargo, muy confuso

Prorrumpió:--Yo me acuso

Que al pasar por un trigo este verano,

Yo hambriento y él lozano,

Sin guarda, ni testigo,

Caí en la tentación, comí del trigo.

--¡Del trigo! y ¡un Jumento!

Gritó la Zorra, ¡horrible atrevimiento!

Los cortesanos claman:--Éste, éste

Irrita al cielo, que nos da la peste.

Pronuncia el rey de muerte la sentencia,

Y ejecutóla el Lobo á su presencia.

_Te juzgarán virtuoso,

Si eres, aunque perverso, poderoso;_

_Y aunque bueno, por malo detestable_

_Cuando te miran pobre y miserable._[156]

_Esto hallará en la corte[157], quien la vea;_

_Y aun el mundo todo ¡Pobre Astrea!_

FÁBULA III

El Milano enfermo.

Un Milano, después de haber vivido

Con la conciencia peor que un forajido,

Enfermó gravemente.

Supuesto que[158] el paciente

Ni á Galeno ni á Hipócrates leía,

Á bulto conoció que se moría.

Á los dioses desea ver[159] propicios,

Y ofrecerles entonces sacrificios

Por medio de su madre, que afligida

Rogaría sin duda por su vida.

Mas ésta le responde:--Desdichado,

¿Cómo podré alcanzar para un malvado

De los dioses clemencia,

Si, en vez de darles culto y reverencia,

Ni aun perdonaste á víctima sagrada

En las aras divinas inmolada?

_Así queremos, irritando al cielo,

Que en la tribulación nos dé consuelo._

FÁBULA IV

[imagen]

El León envejecido.

Al miserable estado

De una cercana muerte reducido,

Estaba ya postrado

Un viejo León del tiempo consumido:

Tanto más infeliz y lastimoso,

Cuanto había vivido más dichoso[160].

Los que cuando valiente,

Humildes le rendían vasallaje,

Al verlo decadente,

Acuden á tratarle con ultraje;

Que, como la experiencia nos enseña,

Del árbol caído todos hacen leña.

Cebados á porfía,

Le sitiaban sangrientos y feroces.

El Lobo le mordía;

Tirábale el Caballo fuertes coces;

Luego le daba el Toro una cornada[161];

Después el Jabalí su dentellada.

Sufrió constantemente

Estos insultos; pero reparando

Que hasta el Asno insolente

Iba á ultrajarle, falleció clamando:

--Esto es doble morir: no hay sufrimiento,

Porque muero injuriado de un Jumento[162].

_Si en su mudable vida_

_Al hombre la Fortuna ha derribado_

_Con misera caída_

_Desde donde lo había ella encumbrado;_[163]

_¿Qué ventura en el mundo se promete,_

_Si aun de los viles llega á ser juguete?_

FÁBULA V

[imagen]

La Zorra y la Gallina.

Una Zorra cazando,

De corral en corral iba saltando

Á favor de la noche en una aldea.

Oye al Gallo cantar: «¡maldito sea!»

Agachada, y sin ruido,

Á merced del olfato y del oído,

Marcha, llega, y oliendo á un agujero[164],

«Éste es», dice; y se cuela al gallinero[165].

Las aves se alborotan, menos una,

Que estaba en cesta como niño en cuna,

Enferma gravemente.

Mirándola la Zorra astutamente,

La pregunta:--¿Qué es eso, pobrecita?

¿Cuál es tu enfermedad? ¿tienes pepita[166]?

Habla: ¿cómo lo pasas, desdichada?

La enferma le responde apresurada:

--Muy mal me va, señora, en este instante;

Muy bien, si usted se quita de delante.

_¡Cuántas veces se vende un enemigo,_

_Como gato por liebre,_[167] _por amigo!_

_Al oír su fingido cumplimiento,_

_Respondiérale yo para escarmiento:_

_Muy mal me va, señor, en este instante;_

_Muy bien, si usted se quita de delante._

FÁBULA VI

La Cierva y el León.

Más ligera que el viento[168]

Precipitada huía

Una inocente Cierva

De un cazador seguida.

En una obscura gruta,

Entre espesas encinas,

Atropelladamente

Entró la fugitiva.

Mas ¡ay! que un León sañudo,

Que allí mismo tenía

Su albergue, y era susto[169]

De la selva vecina,

Cogiendo entre sus garras

Á la res fugitiva,

Dió con cruel fiereza

Fin sangriento á su vida.

_Si al evitar los riesgos

La razón no nos guía,

Por huir de un tropiezo

Damos mortal caída._

FÁBULA VII

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El León enamorado.

Amaba un León á una Zagala hermosa:

Pidióla por esposa

Á su padre pastor urbanamente.

El hombre temeroso, mas prudente,

Le respondió:--Señor, en mi conciencia[170],

Que la muchacha logra conveniencia;

Pero la pobrecita[171], acostumbrada

Á no salir del prado y la majada,

Entre la mansa oveja y el cordero,

Recelará tal vez, que seas fiero.

No obstante, bien podremos, si consientes,

Cortar tus uñas, y limar tus dientes;

Y así verá que tiene tu grandeza

Cosas de majestad, no de fiereza.

Consiente el manso León enamorado,

Y el buen hombre le deja desarmado.

Da luego su silbido:

Llegan el _Matalobos_ y _Atrevido_,

Perros de su cabaña; de esta suerte

Al indefenso León dieron la muerte.

_Un cuarto[172] apostaré á que en este instante_

_Dice, hablando del León, algún amante,_

_Que de la misma muerte haría gala,_

_Con tal que se la diese la zagala._

_Deja, Fabio, el amor, déjalo luego;_

_Mas hablo en vano, porque siempre ciego,_

_No ves el desengaño,_

_Y así te entregas á tu propio daño._

FÁBULA VIII

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Congreso de los Ratones[173].

Desde el gran _Zapirón, el blanco y rubio,

Que, después de las aguas del diluvio,

Fué padre universal de todo gato_,

Ha sido _Miauragato_[174]

Quien más sangrientamente

Persiguió á la infeliz ratona gente[175].

Lo cierto es, que obligada

De su persecución la desdichada,

En _Ratópolis_[176] tuvo su congreso.

Propuso el elocuente _Roequeso_[177]

Echarle un cascabel, y de esa suerte

Al ruido escaparían de la muerte.

El proyecto aprobaron uno á uno.

¿Quién lo ha de ejecutar? eso ninguno.

--Yo soy corto de vista, yo muy viejo,

Yo gotoso, decían. El consejo

Se acabó como muchos en el mundo.

_Proponen un proyecto sin segundo:_

_Lo aprueban. Hacen otro: ¡qué portento!_

_¿Pero la ejecución? ahí está el cuento._

FÁBULA IX

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El Lobo y la Oveja.

Cruzando montes y trepando cerros,

Aquí mato, allí robo,

Andaba cierto Lobo,

Hasta que dió en las manos de los perros.

Mordido y arrastrado

Fué de sus enemigos cruelmente:

Quedó con vida milagrosamente,

Mas inválido al fin y derrotado.

Iba el tiempo curando su dolencia,

El hambre al mismo paso le afligía;

Pero, como cazar aun no podía,

Con las hierbas hacía penitencia.

Una Oveja pasaba, y él la[178] dice:

--Amiga, ven acá: llega al momento:

Enfermo estoy, y muero de sediento[179]:

Socorre con el agua á este infelice[180].

--¿Agua quieres que yo vaya á llevarte?

Le responde la Oveja recelosa;

Díme pues una cosa:

¿Sin duda que será para enjuagarte,

Limpiar bien el garguero,

Abrir el apetito,

Y tragarme después como á un pollito?

¡Anda, que te conozco, marrullero!

Así dijo, y se fué; si no, la mata.

_¡Cuánto importa saber con quien se trata!_

FÁBULA X

El Hombre y la Pulga.

--Oye, Júpiter sumo[181], mis querellas,

Y haz, disparando rayos y centellas,

Que muera este animal vil y tirano,

Plaga fatal para el linaje humano;

Y si vos no lo hacéis, Hércules sea

Quien acabe con él y su ralea[182].

Éste es un Hombre que á los dioses clama,

Porque una Pulga le picó en la cama,

Y es justo, ya que el pobre se fatiga,

Que de Júpiter y Hércules consiga,

De éste, que viva despulgando sayos;

De aquél, matando pulgas con sus rayos.

_Tenemos en el cielo los mortales

Recurso en las desdichas y los males;

Mas se suele abusar frecuentemente,

Por lograr un antojo impertinente._

FÁBULA XI

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El Cuervo y la Serpiente.

Pilló el Cuervo dormida á la Serpiente,

Y al quererse cebar en ella hambriento,

Le mordió venenosa. _Sepa el cuento

Quien sigue á su apetito[183] incautamente._

FÁBULA XII

El Asno y las Ranas.

Muy cargado de leña un Burro viejo,

Triste armazón de huesos y pellejo,

Pensativo, según lo cabizbajo,

Caminaba, llevando con trabajo

Su débil fuerza la pesada carga.

El paso tardo, la carrera larga,

Todo al fin contra el mísero se empeña,

El camino, los años y la leña.

Entra en una laguna el desdichado,

Queda profundamente empantanado[184].

Viéndose de aquel modo,

Cubierto de agua y lodo,

Trocando lo sufrido[185] en impaciente,

Contra el destino dijo neciamente

Expresiones ajenas de sus canas.

Mas las vecinas Ranas,

Al oír sus lamentos y quejidos[186],

Las unas se tapaban los oídos,

Las otras, que prudentes lo escuchaban,

Reprendíanle así, y aconsejaban:

«--Aprenda el mal Jumento

Á tener sufrimiento,

Que entre las que habitamos la laguna,

Ha de encontrar lección muy oportuna.

Por Júpiter estamos condenadas

Á vivir sin remedio encenagadas

En agua detenida[187], lodo espeso;

Y á más de todo eso,

Aquí perpetuamente nos encierra,

Sin esperanza de correr la tierra,

Cruzar el anchuroso mar profundo,

Ni aun saber lo que pasa por el mundo.

Mas llevamos á bien nuestro destino,

Y así nos premia Júpiter divino,

Repartiendo entre todas cada día

La salud, el sustento y alegría.»

_Es de suma importancia

Tener en los trabajos tolerancia;

Pues la impaciencia, en la contraria suerte,

Es un mal más amargo que la muerte._

FÁBULA XIII

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El Asno y el Perro.

Un Perro y un Borrico caminaban

Sirviendo á un mismo dueño.

Rendido éste del sueño,

Se tendió sobre[188] el prado que pasaban.

El Borrico entre tanto aprovechado,

Descansa y pace; mas el Perro hambriento,

--Bájate, le decía, buen Jumento,

Pillaré de la alforja algún bocado.

El Asno se le aparta como en chanza:

El Perro sigue al lado del Borrico,

Levantando las manos y el hocico,

Como perro de ciego cuando danza.

--No seas bobo, el Asno le decía:

Espera á que nuestro amo se despierte,

Y será de esa suerte

El hambre más, mejor la compañía.

Desde el bosque entre tanto sale un lobo:

Pide el Asno favor al compañero:

En lugar de ladrar el marrullero,

Con fisga respondió:--_No seas bobo_[189],

_Espera á que nuestro amo se despierte_,

Que pues me aconsejaste la paciencia,

Yo la sabré tener en mi conciencia,

Al ver al Lobo que te da la muerte.

_El Pollino murió: no hay que dudarlo;

Mas si resucitara,

Corriendo el mundo á todos predicara:

Prestad auxilio, si queréis hallarlo._

FÁBULA XIV

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El León y el Asno cazando.

Su Majestad leonesa, en compañía

De un Borrico, se sale á montería[190].

En la parte al intento acomodada,

Formando el mismo León una enramada,

Mandó al Asno que en ella se ocultase,

Y que de tiempo en tiempo rebuznase

Como trompa de caza en el ojeo.

Logró el rey su deseo;

Pues apenas se vió bien apostado,

Cuando al son del rebuzno destemplado,

Que los montes y valles repetían,

su selvoso albergue se volvían

Precipitadamente

Las fieras enemigas juntamente;

Y en su cobarde huída

En las garras del León pierden la vida.

Cuando el Asno sé halló con los despojos

De devoradas fieras á sus ojos,

Dijo:--Pardiez[191], si llego más temprano,

Á ningún muerto dejo hueso sano.

Á tal fanfarronada

Soltó el rey una grande carcajada:

_Y es que jamás convino

Hacer del andaluz[192] al vizcaíno_.

FÁBULA XV

El Charlatán y el Rústico.

--Lo que jamás se ha visto, ni se ha oído

Verán ustedes: atención les pido.

Así decía un Charlatán famoso,

Cercado de un concurso numeroso.

En efecto: quedando todo el mundo

En silencio profundo,

Remedó á un cochinillo de tal modo,

Que el auditorio todo,

Creyendo que le tiene y que le tapa,

Atumultuado grita--_¡fuera capa!_

Descubrióse, y al ver que nada había,

Con vítores le aclaman á porfía.

--Pardiez, dijo un Patán, que yo prometo

Para mañana, hablando con respeto,

Hacer el puerco[193] más perfectamente;

Si no, que me lo claven en la frente.

Con risa prometió la concurrencia,

Á burlarse del Payo, su asistencia.

Llegó la hora, todos acudieron:

No bien al Charlatán gruñir oyeron

Gentes á su favor preocupadas,

¡Viva! dicen, al son de las palmadas.

Sube después el Rústico al tablado

Con un bulto en la capa, y embozado,

Imita al Charlatán en la postura

De fingir que un lechón tapar procura;

Mas estaba la gracia en que era el bulto

Un marranillo que tenía oculto.

Tírale callandito de la oreja:

Gruñendo en tiple, el animal se queja;

Pero, al creer que es remedo el tal gruñido,

Aquí se oía un _¡fuera!_ allí un silbido,

Y todo el mundo queda

En que es el otro quien mejor remeda.

El Rústico descubre su marrano;

Al público lo enseña, y dice ufano[194]:

--¿Así juzgan ustedes?

_¡Oh preocupación, y cuánto puedes[195]!_

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LIBRO CUARTO

FÁBULA PRIMERA.

La Mona corrida.

EL AUTOR Á SUS VERSOS.

Fieras, aves y peces

Corren, vuelan y nadan,

Porque Júpiter sumo[196]

Á general congreso á todos llama.

Con sus hijos se acercan,

Y es que un premio señala

Para aquel, cuya prole

En hermosura lleve la ventaja.

El alto regio trono

La multitud cercaba,

Cuando en la concurrencia

Se sentía decir:--_La mona falta._

--Ya llega, dijo entonces

Una habladora Urraca,

Que como centinela,

En la alta punta de un ciprés estaba.

Entra rompiendo filas,

Con su cachorro[197] ufana,

Y ante el excelso trono

El premio pide de hermosura tanta.

El dios Júpiter quiso,

Al ver tan fea traza,

Disimular la risa,

Pero se le soltó la carcajada.

Armóse en el concurso

Tal bulla y algazara,

Que corrida la Mona

Á Tetuán se volvió desengañada.

_¿Es creíble, señores,

Que yo mismo pensara

En consagrar á Apolo

Mis versos, como dignos de su gracia?

Cuando por mi fortuna

Me encontré esta mañana,

Continuando mi obrilla,

Este cuento moral, esta patraña,

Yo dije á mi capote[198]:

¡Con qué chiste, qué gracia,

Y qué vivos colores

El jorobado Esopo me retrata!

Mas ya mis producciones

Miro con desconfianza,

Porque aprendo en la Mona

Cuánto el ciego amor propio nos engaña._

FÁBULA II

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El Asno y Júpiter.

«--No sé como hay jumento,

Que teniendo un adarme[199] de talento,

Quiera meterse á burro de hortelano.

Llevo á la plaza desde muy temprano

Cada día cien cargas de verdura:

Vuelvo con otras tantas de basura;

Y para minorar mi pesadumbre,

Un criado me azota por costumbre.

Mi vida es ésta: ¿qué será mi muerte,

Como no mude Júpiter mi suerte?»

Un Asno de este modo se quejaba.

El dios, que sus lamentos escuchaba,

Al dominio lo entrega de un tejero.

--Esta vida, decía, no la quiero:

Del peso de las tejas oprimido,

Bien azotado, pero mal comido.

Á Júpiter me voy con el empeño

De lograr nuevo dueño.

Envióle á un curtidor. Entonces dice:

--Aun con este amo soy más infelice[200]:

Cargado de pellejos de difunto,

Me hace correr sin sosegar un punto,

Para matarme sin llegar á viejo,

Y curtir al instante mi pellejo.

Júpiter, por no oir tan largas quejas,

Se tapó lindamente las orejas,

Y á nadie escucha desde el tal Pollino,

Si le habla de mudanza de destino.

_Sólo en verso se encuentran los dichosos,

Que viven ni envidiados, ni envidiosos.

La espada por feliz tiene al arado,

Como el remo á la pluma y al cayado;

Mas se tienen por míseros en suma

Remo, espada, cayado, esteva y pluma[201].

¿Pues á qué estado el hombre llama bueno?

Al propio nunca, pero sí al ajeno[202]._

FÁBULA III

El Cazador y la Perdiz.

Una Perdiz, en celo reclamada,

Vino á ser en la red aprisionada.

Al Cazador la mísera decía:

--Si me das libertad, en este día

Te he de proporcionar un gran consuelo;

Por ese campo extenderé mi vuelo:

Juntaré á mis amigas en bandada,

Que guiaré á tus redes engañada,

Y tendrás, sin costarte dos ochavos[203],

Doce perdices como doce pavos.

--¡Engañar y vender á tus amigas!

¿Y así crees que me obligas?

Respondió el Cazador; pues no, señora:

Muere y paga la pena de traidora.

_La perdiz fué bien muerta, no es dudable:

La traición, aun soñada, es detestable._

FÁBULA IV

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El Viejo y la Muerte.

Entre montes por áspero camino,

Tropezando con una y otra peña,

Iba un Viejo cargado con su leña[204]

Maldiciendo su mísero destino.

Al fin cayó, y viéndose de suerte

Que apenas levantarse ya podía,

Llamaba con colérica porfia

Una, dos y tres veces á la muerte.

Armada de guadaña en esqueleto,

La Parca se le ofrece en aquel punto;

Pero el Viejo, temiendo ser difunto,

Lleno más de terror que de respeto,

Trémulo la decía, y balbuciente:

--Yo... señora... os llamé desesperado;

Pero...--Acaba: ¿qué quieres desdichado?

--Que me carguéis[205] la leña solamente.

_Tenga paciencia quien se cree infelice,_

_Que aun en la situación más lamentable,_

_Es la vida del hombre siempre amable:_

_El Viejo de la leña nos lo dice._

FÁBULA V

[imagen]

El Enfermo y el Médico.

Fábulas · 第 2 / 10 段