Los más autorizados, los más viejos

De todos los Cangrejos,

Una gran asamblea celebraron.

Entre los graves puntos que trataron,

Á propuesta de un docto presidente,

Como resolución la más urgente,

Tomaron la que sigue:--pues que al mundo

Estamos dando ejemplo sin segundo

El más vil y grosero

En andar hacia atrás como el soguero[281];

Siendo cierto también que los ancianos,

Duros de pies y manos,

Causándonos los años pesadumbre,

No podemos vencer nuestra costumbre:

Toda madre, desde este mismo instante,

Ha de enseñar á andar hacia adelante

Á sus hijos; y dure la enseñanza

Hasta quitar del mundo tal usanza.

--«Garras á la obra[282], dicen las maestras

Que se creían diestras»;

Y sin dejar ninguno,

Ordenan á sus hijos uno á uno

Que muevan sus patitas blandamente

Hacia adelante sucesivamente.

Pasito á paso, al modo que podían,

Ellos obedecían;

Pero, al ver á sus madres, que marchaban

Al revés de lo que ellas enseñaban,

Olvidando los nuevos documentos[283],

Imitaban sus pasos más contentos.

Repetían las madres sus lecciones;

Mas no bastaban teóricas razones,

Porque obraba en los jóvenes Cangrejos

Sólo un ejemplo más que mil consejos.

Cada maestra[284] se aflige y desconsuela,

No pudiendo hacer práctica su escuela.

De modo que en efecto

Abandonaron todas el proyecto.

Los magistrados saben el suceso,

Y en su pleno congreso

La nueva ley al punto derogaron,

Porque se aseguraron

De que en vano intentaban la reforma,

Cuando ellos no sabían ser la norma.

_Y es así, que la fuerza de las leyes

Suele ser el ejemplo de los reyes._

FÁBULA VIII

Las Ranas sedientas.

Dos Ranas que vivían juntamente,

En un verano ardiente

Se quedaron en seco en su laguna:

Saltando aquí y allí, llegó la una

Á la orilla de un pozo.

Llena entonces de gozo,

Gritó á su compañera:

--Ven y salta ligera.

Llegó, y estando entrambas á la orilla,

Notando como grande maravilla

Entre los agostados[285] juncos y heno

El fresco pozo casi de agua lleno,

Prorrumpió la primera:--¿Á qué esperamos,

Que no nos arrojamos

Al agua que apacible nos convida?

La segunda responde:--Inadvertida,

Yo tengo igual deseo;

Pero pienso y preveo

Que, aunque es fácil al pozo nuestra entrada,

La agua[286], con los calores exhalada,

Según vaya faltando,

Nos irá dulcemente sepultando;

Y al tiempo que salir solicitemos,

En la Estigia laguna nos veremos.

_Por consultar al gusto solamente,

Entra en la nasa el pez incautamente;

El pájaro sencillo en la red queda;

¡Y en qué lazos el hombre no se enreda!_

FÁBULA IX

[imagen]

El Cuervo y el Zorro.

En la rama de un árbol,

Bien ufano y contento,

Con un queso en el pico

Estaba el señor Cuervo.

Del olor atraído

Un Zorro muy maestro,

Le dijo estas palabras

Á poco más ó menos:

--Tenga usted buenos días[287],

Señor Cuervo, mi dueño:

¡Vaya! que estáis donoso,

Mono, lindo en extremo.

Yo no gasto lisonjas,

Y digo lo que siento,

Que si á tu bella traza

Corresponde el gorjeo,

Juro á la diosa Ceres,

Siendo testigo el cielo,

Que tú serás el fénix[288]

De sus vastos imperios.

Al oír un discurso

Tan dulce y halagüeño,

De vanidad llevado

Quiso cantar el Cuervo.

Abrió su negro pico,--

Dejó caer el queso.

El muy astuto Zorro,

Después de haberlo preso[289],

Le dijo:--Señor bobo,

Pues sin otro alimento

Quedáis con alabanzas

Tan hinchado y repleto,

Digerid las lisonjas,

Mientras digiero el queso.

_Quien oye aduladores,

Nunca espere otro premio._

FÁBULA X

Un Cojo y un Picarón[290].

Á un buen Cojo un descortés

Insultó atrevidamente:

Oyólo pacientemente

Continuando su carrera,

Cuando al son de la cojera

Dijo el otro: Una, dos, tres,

Cojo es.

Oyólo el Cojo; aquí fué[291]

Donde el buen hombre perdió

Los estribos, pues le dió

Tanta cólera y tal ira,

Que la muleta le tira,

Quedándose, ya se ve,

Sobre un pie.

--Sólo el no poder correr

Para darte el escarmiento,

Dijo el Cojo, es lo que siento,

Que este mal no me atormenta:

_Porque al hombre sólo afrenta,

Lo que supo merecer,

Padecer._

FÁBULA XI

[imagen]

El Carretero y Hércules.

En un atolladero

El carro se atascó de Juan Regaña[292];

Él á nada se mueve ni se amaña,

Pero jura muy bien: ¡gran carretero!

Á Hércules invocó y el dios le dice:

--Aligera la carga, ceja un tanto;

Quita ahora ese canto;

¿Está?--Sí, le responde, ya lo hice.

--Pues enarbola el látigo, y con eso

Puedes ya caminar.--De esta manera,

Arreando á la Mohina y la Roncera,

Salió Juan con su carro del suceso[293].

_Si haces lo que estuviere de tu parte,

Pide al cielo favor: ha de ayudarte[294]._

FÁBULA XII

[imagen]

La Zorra y el Chivo.

Una Zorra cazaba;

Y al seguir á un gazapo,

Entre aquí se escabulle, allí lo atrapo,

En un pozo cayó que al paso estaba.

Cuando más la afligía su tristeza,

Por no hallar la infeliz salida alguna,

Vió asomarse al brocal por su fortuna

Del Chivo padre la gentil cabeza.

--¿Qué tal? dijo el barbón, ¿la agua[295] es salada?

--Es tan dulce, tan fresca y deliciosa,

Respondió la Raposa,

Que en el tal pozo estoy como encantada.

Al agua el Chivo se arrojó sediento:

Monta sobre él la Zorra, de manera

Que, haciendo de sus cuernos escalera,

Pilla el brocal y sale en el momento.

Quedó el pobre atollado ¡cosa dura!

_¿Mas quién podrá á la Zorra dar castigo_

_Cuando el hombre, aun á costa de su amigo,_

_Del peligro mayor salir procura?_

FÁBULA XIII

[imagen]

El Lobo, la Zorra y el Mono juez.

Un Lobo se quejó criminalmente

De que una Zorra astuta le robase.

El Mono juez, como ella lo negase,

Dejólos alegar prolijamente.

Enterado, pronuncia la sentencia:

--No consta que te falte nada, Lobo;

Y tú, Raposa, tú tienes el robo:--

Dijo, y los despidió de su presencia.

Esta contradicción es cosa buena,

La dijo el docto Mono con malicia.

_Al perverso su fama le condena,

Aun cuando alguna vez pida justicia._

FÁBULA XIV

[imagen]

Los dos Gallos.

Habiendo á su rival vencido un Gallo,

Quedó entre sus gallinas victorioso,

Más grave, más pomposo

Que el mismo Gran Sultán en su serrallo[296].

Desde un alto pregona vocinglero

Su gran hazaña: el gavilán lo advierte,

Le pilla, le arrebata y por su muerte,

Quedó el rival señor del gallinero.

_Consuele al abatido tal mudanza:

Sirva también de ejemplo[297] á los mortales

Que se juzgan exentos de los males,

Cuando se ven en próspera bonanza._

FÁBULA XV

La Mona y la Zorra.

En visita una Mona

Con una Zorra estaba cierto día,

Y así ni más ni menos la[298] decía:

--Por mi fe que tenéis bella persona[299],

Gallardo talle, cara placentera,

Airosa en el andar, como vos sola:

Y á no ser tan disforme vuestra cola,

Seríais en lo hermoso la primera.

Escuchad un consejo,

Que ha de ser á las dos muy importante:

Yo os la he de cortar, y lo restante

Me lo acomodaré por zagalejo[300].

_Abrenuncio_[301], la Zorra le responde:

Es cosa para mí menos amarga

Barrer el suelo con mi cola larga,

Que verla por pañal bien sé yo donde.

_Por ingenioso que el necesitado_

_Sea para pedir al avariento,_

_Este será de superior talento_

_Para negarse á dar de lo sobrado._

FÁBULA XVI

La Gata mujer[302].

_Zapaquilda_ la bella

Era Gata doncella

Muy recatada, no menos hermosa:

Queríala su dueño por esposa

Si Venus consintiese,

Y en mujer á la Gata convirtiese.

De agradable manera

Vino en ello la diosa placentera;

Y ved á _Zapaquilda_ en un instante

Hecha moza gallarda, rozagante.

Celébrase la boda;

Estaba ya la sala nupcial toda

De un lucido concurso coronada;

La novia relamida, almidonada

Junto al novio galán enamorado;

Todo brillantemente preparado;

Cuando quiso la diosa

Que cerca de la esposa

Pasase un ratoncillo de repente.

Al punto que le ve, violentamente,

Á pesar del concurso y de su amante,

Salta, corre tras él, y échale el guante.

_Aunque del valle humilde á la alta cumbre_

_Inconstante nos mude la Fortuna,_

_La propensión del natural es una_

_En todo estado, y más con la costumbre._[303]

FÁBULA XVII

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La Leona y el Oso.

Dentro de un bosque obscuro y silencioso,

Con un rugir continuo y espantoso,

Que en medio de la noche resonaba,

Una Leona á las fieras inquietaba.

Dícela[304] un Oso:--Escúchame una cosa:

¿Qué tragedia horrorosa,

Ó qué sangrienta guerra,

Qué rayos, ó qué plagas á la tierra

Anuncia tu clamor desesperado

En el nombre de Júpiter airado?

--¡Ah! mayor causa tienen mis rugidos.

Yo, la más infeliz de los nacidos,

¿Cómo no moriré desesperada

Si me han robado el hijo? ¡ay desdichada!

--¡Hola! ¿conque eso es todo?

Pues si se lamentasen de ese modo

Las madres de los muchos que devoras,

Buena música hubiera á todas horas.

¡Vaya! ¡vaya! consuélate como ellas,

No nos quiten el sueño tus querellas.

_Á desdichas y males_

_Vivimos condenados los mortales._

_Á cada cual no obstante le parece,_

_Que de esta ley una excepción merece._

_Así nos conformamos con la pena,_

_No cuando es propia, si cuando es ajena._[305]

FÁBULA XVIII

El Lobo y el Perro flaco.

Distante de la aldea

Iba cazando un Perro

Flaco, que parecía

Un andante esqueleto.

Cuando menos lo piensa,

Un Lobo le hizo preso.

Aquí de sus clamores,

De sus llantos y ruegos.

--Decidme, señor Lobo,

¿Qué queréis de mi cuerpo,

Si no tiene otra cosa

Que huesos y pellejo?

Dentro de quince días

Casa á su hija mi dueño

Y ha de haber para todos

Arroz y gallo muerto[306].

Dejadme[307] ahora libre,

Que, pasado este tiempo,

Podrás comerme á gusto,

Lucio, gordo y relleno.--

Quedaron convenidos,

Y apenas se cumplieron

Los días señalados,

El Lobo buscó al Perro.

Estábase[308] en su casa

Con otro compañero,

Llamado Matalobos[309],

Mastín de los más fieros:

Salen á recibirle

Al punto que le vieron;

Matalobos bajaba

Con corbatín de hierro.

No era el Lobo persona

De tantos cumplimientos,

Y así por no gastarlos,

Cedió de su derecho.

Huía, y le llamaban;

Mas él iba diciendo

Con el rabo entre piernas:

Pies, ¿para qué os quiero?

_Hasta los niños saben_

_Que es de mayor aprecio_

_Un pájaro en la mano,_

_Que por el aire ciento._[310]

FÁBULA XIX

La Oveja y el Ciervo.

Un celemín[311] de trigo

Pidió á la Oveja el Ciervo, y la decía:

--Si es que usted de mi paga desconfía,

Á presentar me obligo

Un fiador desde luego,

Que no dará lugar á tener queja.

--¿Y quién es éste? preguntó la Oveja.

--Es un lobo abonado, llano y lego.

--¡Un lobo! ya; mas hallo un embarazo:

Si no tenéis más fincas que él sus dientes,

Y tú los pies para escapar valientes,

¿Á quién acudiré cumplido el plazo?

_Si, quién es el que pide y sus fiadores,_

_Antes de dar prestado se examina,_

_Será menor, sin otra medicina,_

_La peste de los malos pagadores._

FÁBULA XX

[imagen]

La Alforja.

En una Alforja al hombro

Llevo los vicios;

Los ajenos delante,

Detrás los míos.

Esto hacen todos;

Así ven los ajenos,

Mas no los propios.

FÁBULA XXI

El Asno infeliz.

Yo conocí un Jumento[312]

Que murió muy contento,

Por creer (y no iba fuera de camino)

Que así cesaba su fatal destino.

Pero la adversa suerte,

Aun después de su muerte,

Le persiguió: dispuso que al difunto

Le arrancasen el cuero[313] luego al punto

Para hacer tamboriles

Y que en los regocijos pastoriles

Bailasen las zagalas en el prado

Al son de su pellejo vaqueteado.

_Quien por su mala estrella es infelice,_

_Aun muerto lo será: FEDRO lo dice._

FÁBULA XXII

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El Jabalí y la Zorra.

Sus horribles colmillos aguzaba

Un Jabalí en el tronco de una encina.

La Zorra, que vecina

Del animal cerdoso se miraba,

Le dice:--Extraño el verte,

Siendo tú en paz señor de la bellota,

Cuando ningún contrario te alborota,

Que tus armas afiles de esa suerte.

La fiera le responde:--Tengo oído

Que en la paz se prepara el buen guerrero,

Así como en la calma el marinero,

_Y que vale por dos el prevenido_[314].

FÁBULA XXIII

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El Perro y el Cocodrilo.

Bebiendo un Perro en el Nilo,

Al mismo tiempo corría.

--Bebe quieto, le decía

Un taimado Cocodrilo.

Díjole el Perro prudente:

--Dañoso es beber y andar,

Pero ¿es sano el aguardar

Á que me claves el diente?

_Oh ¡qué docto Perro viejo!

Yo venero su sentir

En esto de no seguir

Del enemigo el consejo._

FÁBULA XXIV

La Comadreja y los Ratones.

Débil y flaca cierta Comadreja,

No pudiendo ya más de puro[315] vieja,

Ni cazaba, ni hacía provisiones

De abundantes Ratones,

Como en tiempos pasados,

Que elegía los tiernos regalados

Para cubrir su mesa.

Sólo de tarde en tarde hacía presa

En tal cual, que pasaba muy cercano,

Gotoso, paralítico ó anciano.

Obligada del hambre cierto día,

Urdió el modo mejor con que saldría

De aquella pobre situación hambrienta[316]

Pues la necesidad todo lo inventa[317].

Esta vieja taimada

Métese entre la harina amontonada.

Alerta y con cautela,

Cual suele en la garita el centinela,

Espera ansiosa su feliz momento

Para la ejecución del pensamiento.

Llega el Ratón sin conocer su ruina,

Y mete el hociquillo entre la harina.

Entonces ella le echa de repente

La garra al cuello y al hocico el diente.

Con este nuevo ardid tan oportuno

Se los iba embuchando de uno en uno;

Y á merced de discurso tan extraño

Logró sacar su tripa de mal año.

_Es un feliz ingenio interesante:

Él nos ayuda, si el poder nos deja;

Y al ver lo que pasó á la Comadreja,

¿Quién no aguzará el suyo en adelante?_

FÁBULA XXV

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El Lobo y el Perro.

En busca de alimento

Iba un Lobo muy flaco y muy hambriento.

Encontró con un Perro tan relleno,

Tan lucio, sano y bueno,

Que le dijo:--Yo extraño

Que estés de tan buen año,

Como se deja ver por tu semblante;

Cuando á mí, más pujante,

Más osado y sagaz, mi triste suerte

Me tiene hecho retrato de la muerte.

El Perro respondió:--Sin duda alguna

Lograrás, si tú quieres, mi fortuna.

Deja el bosque y el prado,

Retírate á poblado;

Servirás de portero

Á un rico caballero,

Sin otro afán ni más ocupaciones

Que defender la casa de ladrones.

--Acepto desde luego tu partido

Que para mucho más estoy curtido.

Así me libraré de la fatiga,

Á que el hambre me obliga,

De andar por montes sendereando peñas,

Trepando riscos y rompiendo breñas,

Sufriendo de los tiempos los rigores,

Lluvias, nieves, escarchas y calores.--

Á paso diligente

Marchaban juntos amigablemente,

Tratando varios puntos de confianza

Pertenecientes á llenar la panza[318].

En esto el Lobo por algún recelo,

Que comenzó á turbarle su consuelo,

Mirando al Perro dijo:--He reparado[319]

Que tienes el pescuezo algo pelado.

Díme, ¿qué es eso?--Nada.

--Dímelo por tu vida, camarada.--

No es más que la señal de la cadena;

Pero no me da pena,

Pues, aunque por inquieto,

Á ella estoy sujeto,

Me sueltan cuando comen mis señores.

Recíbenme á sus pies de mil amores:

Ya me tiran el pan, ya la tajada,

Y todo aquello que les desagrada:

Éste lo mal asado,

Aquél un hueso poco descarnado;

Y aun un glotón que todo se lo traga,

A lo menos me halaga,

Pasándome lo mano por el lomo;

Yo meneo la cola, callo y como.

--Todo eso es bueno, yo te lo confieso;

Pero por fin y postre tú estás preso,

Jamás sales de casa,

No puedes ver lo que en el pueblo pasa.

¿Es así? pues, amigo,

La amada libertad que yo consigo,

No he de trocarla de manera alguna

Por tu abundante y próspera fortuna.

Marcha, marcha á vivir encarcelado;

No serás envidiado

De quien pasea el campo libremente,

Aunque tú comas tan glotonamente,

Pan, tajadas y huesos, porque al cabo

_No hay bocado en sazón para un esclavo_[320].

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LIBRO SEXTO

PRÓLOGO

FÁBULA PRIMERA

El Pastor y el Filósofo.

De los confusos pueblos apartado,

Un anciano Pastor vivió en su choza,

En el feliz estado en que se goza,

Existir ni envidioso, ni envidiado[321].

No turbó con cuidados la riqueza

Á su tranquila vida[322];

Ni la extremada mísera pobreza

Fué del dichoso anciano conocida.

Empleado en su labor gustosamente

Envejeció: sus canas, su experiencia

Y su virtud le hicieron finalmente

Respetable varón, hombre de ciencia.

Voló su grande fama por el mundo,

Y llevado de nueva tan extraña,

Acercóse un Filósofo profundo

Á la humilde cabaña,

Y preguntó al Pastor:--Díme, ¿en qué escuela

Te hiciste sabio? ¿Acaso te ocupaste

Largas noches leyendo á la candela?

¿Á Grecia y Roma sabias observaste?

¿Sócrates refinó tu entendimiento?

¿La ciencia de Platón has tú medido[323]?

¿Ó pesaste de Tulio el gran talento?

¿Ó tal vez como Ulises has corrido

Por ignorados pueblos y confusos,

Observando costumbres, leyes y usos?

--Ni las letras seguí, ni como Ulises

(Humildemente respondió el anciano)

Discurrí por incógnitos países.

Sé que el género humano,

En la escuela del mundo linsonjero,

Se instruye en el[324] doblez y en la patraña;

Con la ciencia que engaña

¿Quién podrá hacerse sabio verdadero?

Lo poco que yo sé me lo ha enseñado

Naturaleza en fáciles lecciones:

Un odio firme al vicio me ha inspirado;

Ejemplos de virtud da á mis acciones.

Aprendí de la abeja lo industrioso,

Y de la hormiga, que en guardar se afana,

Á pensar en el día de mañana;

Mi mastín, el hermoso,

Y fiel sin semejante,

De gratitud y lealtad constante

Es el mejor modelo,

Y, si acierto á copiarle, me consuelo.

Si mi nupcial[325] amor lecciones toma,

Las encuentra en la Cándida paloma.

La gallina á sus pollos abrigando

Con sus piadosas alas como madre,

Y las sencillas aves aun volando,

Me prestan reglas para ser buen padre.

Sabia naturaleza, mi maestra,

Lo malo y lo ridículo me muestra

Para hacérmelo odioso.

Jamás hablo á las gentes

Con aire grave, tono jactancioso;

Pues saben los prudentes

Que, lejos de ser sabio, el que así hable

Será un buho solemne, despreciable.

Un hablar moderado,

Un silencio oportuno

En mis conversaciones he guardado:

El hablador molesto é importuno

Es digno de desprecio.

Quien escuche á la Urraca, será un necio.

Á los que usan la fuerza y el engaño

Para el ajeno daño,

Y usurpan á los otros su derecho,

Los debe aborrecer un noble pecho.

Únanse con los lobos en la caza,

Con milanos y halcones,

Con la maldita serpentina raza,

Caterva de carnívoros ladrones.

Mas ¿qué dije? Los hombres tan malvados

Ni aun merecen tener estos aliados.

No hay daño ni animal tan peligroso

Como el usurpador y el envidioso.

Por último en el libro interminable

De la naturaleza yo medito:

En todo lo creado es admirable:

Del ente más sencillo y pequeñito

Una contemplación profunda alcanza

Los más preciosos frutos de enseñanza.

--Tu virtud acredita, buen anciano,

(El Filósofo exclama)

Tu ciencia verdadera y justa fama.

Vierte el género humano

En sus libros y escuelas sus errores:

En preceptos mejores

Nos da naturaleza su doctrina.

_Así quien sus verdades examina

Con la meditación y la experiencia,

Llegará á conocer virtud y ciencia._

FÁBULA II

El Hombre y la Fantasma.

Un Joven licencioso

Se hallaba en un estado vergonzoso

Con sus males secretos retirado:

En soledad, doliente, exasperado,

Cavila, llora, canta, jura, reza,

Como quien ha perdido la cabeza.

--¿Te falta la salud? Pues, caballero,

De todo tu dinero,

Nobleza, juventud y poderío

Sábete[326] que me río:

Trata de recobrarla, pues perdida,

¿De qué sirven los bienes de la vida?--

Todo esto una Fantasma[327] le previno,

Y al instante se fué como se vino.

El enfermo se cuida, se repone,

Un nuevo plan de vida se propone.

En efecto se casa;

Cércanle los cuidados de la casa,

Que se van aumentando de hora en hora.

La mujer (Dios nos libre), gastadora,

Aun mucho más que rica,

Los hijos y las deudas multiplica;

De modo que el marido,

Más que nunca aburrido,

Se puso sobre un pie de economía,

Que, estrechándola más de día en día,

Al fin se enriqueció con opulencia.

La Fantasma le dice:--En mi conciencia

Que te veo amarillo como el oro:

Tienes tu corazón en el tesoro[328];

Miras sobre tu pecho acongojado

El puñal del ladrón enarbolado[329];

Las noches pasas en mortal desvelo,

Y ¿así, quieres vivir?... ¡qué desconsuelo!--

El hombre, como caso milagroso,

Se transformó de avaro en ambicioso.

Llegó dentro de poco á la privanza:

¡El señor don Dinero qué no alcanza[330]!

La Fantasma le muestra claramente

Un falso confidente,

Cien traidores amigos,

Que quieren ser autores y testigos

De su pronta caída.

Resuélvese á dejar aquella vida,

Y ya desengañado,

En los campos se mira retirado.

Buscaba los placeres inocentes

En las flores y frutas diferentes.

¿Quieren ustedes creer (esto me pasma)

Que aun allí le persigue la Fantasma?

--Los insectos, los hielos y los vientos,

Todos los elementos

Y las plagas de todas estaciones

Han de ser en el campo tus ladrones.

¿Pues adónde irá el pobre caballero?...

_Digo que es un solemne majadero

Todo aquel que pretende

Vivir en este mundo sin su duende._

FÁBULA III

El Jabalí y el Carnero.

De la rama de un árbol un Carnero

Degollado pendía;

En él á sangre fría

Cortaba el remangado carnicero.

El rebaño inocente,

Que el trágico espectáculo miraba,

De miedo ni pacía, ni balaba.

Un Jabalí gritó:--Cobarde gente,

Que miráis la carnívora matanza[331],

¿Cómo no os vengáis del enemigo?

--Tendrá (dijo un Carnero) su castigo;

Mas no de nuestra parte la venganza.

La piel, que arranca con sus propias manos,

Sirve para los pleitos y la guerra,

Las dos mayores plagas de la tierra,

Que afligen á los míseros humanos.

Apenas nos desuellan, se destina

Para hacer pergaminos[332] y tambores:

_Mira cómo los hombres malhechores

Labran en su maldad su propia ruina._

FÁBULA IV

El Raposo, la Mujer y el Gallo.

Con las orejas gachas

Y la cola entre piernas,

Se llevaba un Raposo

Un Gallo de la aldea.

Muchas gracias al alba,

Que pudo ver la fiesta,

Al salir de su casa,

Juana la madruguera[333].

Como una loca grita:

--Vecinos, que le lleva;

Que es el mío, vecinos.

Oye el Gallo las quejas,

Y le dice al Raposo:

--Díle que no nos mienta,

Que soy tuyo y muy tuyo.

Volviendo la cabeza

Le responde el Raposo:

--¿Oyes, gran embustera?

No es tuyo, sino mío;

Él mismo lo confiesa.

Mientras esto decía,

El Gallo libre vuela,

Y en la copa de un árbol

Canta que se las pela.

El Raposo burlado

Huyó ¡quién lo creyera!

_Yo, pues, á más de cuatro

Muy zorros en sus tretas,

Por hablar á destiempo,

Los ví perder la presa._

FÁBULA V

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El Filósofo y el Rústico.

La del alba sería

La hora en que un Filósofo salía

Á meditar al campo solitario,

En lo hermoso y lo vario

Que á la luz de la aurora nos enseña

Naturaleza, entonces más risueña.

Distraído, sin senda caminaba,

Cuando llegó á un cortijo, donde estaba

Con un martillo el Rústico en la mano,

En la otra un milano,

Y sobre una portátil escalera.

--¿Qué haces de esa manera?

El Filósofo dijo.

--Castigar á un ladrón de mi cortijo,

Que en mi corral ha hecho más destrozos,

Que todos los ladrones en Torozos.

Le clavo en la pared... ya estoy contento...

Sirve á toda tu raza de escarmiento.

--El matador es digno de la muerte,

El Sabio dijo: mas si de esa suerte

El milano merece ser tratado,

¿De qué modo será bien castigado

El hombre sanguinario, cuyos dientes

Devoran á infinitos inocentes,

Y cuenta como mísera su vida,

Si no hace de cadáveres comida?

Y aun tú, que así castigas los delitos,

Cenarías anoche tus pollitos[334].

--Al mundo le encontramos de este modo,

Dijo airado el patán[335]; y sobre todo,

Si lo mismo son hombres que milanos,

Guárdese no le pille entre mis manos.

El Sabio se dejó de reflexiones.

_Al tirano le ofenden las razones,

Que demuestran su orgullo y tiranía:

Mientras por su sentencia cada día

Muere (viviendo él mismo impunemente)

Por menores delitos otra gente._

FÁBULA VI

La Pava y la Hormiga.

Al salir con las yuntas

Los criados de Pedro,

El corral se dejaron

De par en par abierto.

Todos los pavipollos

Con su madre se fueron,

Aquí y allí picando

Hasta el cercano otero[336].

Muy contenta la Pava

Decía á sus polluelos[337]:

--Mirad, hijos, el rastro

De un copioso hormiguero.

Ea, comed hormigas,

Y no tengáis recelo,

Que yo también las como:

Es un sabroso cebo.

Picad, queridos míos:

¡Oh qué días los nuestros,

Si no hubiese en el mundo

Malditos cocineros!

Los hombres nos devoran,

Y todos nuestros cuerpos

Humean en las mesas

De nobles y plebeyos.

Á cualquier fiestecilla

Ha de haber pavos muertos.

¡Qué pocas Navidades[338]

Contaron mis abuelos!

¡Oh glotones humanos,

Crueles carniceros!--

Mientras tanto una Hormiga

Se puso en salvamento

Sobre un árbol vecino,

Y gritó con denuedo:

--¡Hola! ¿con que los hombres

Son crueles, perversos?

Y ¿qué seréis los Pavos?

¡Ay de mí! ya lo veo:

Á mis tristes parientes,

¿Qué digo? á todo el pueblo,

Sólo por desayuno

Os le vais engullendo.--

No respondió la Pava

Por no saber un cuento,

Que era entonces del caso

Y ahora viene á pelo.

Un gusano roía

Un grano de centeno;

Viéronle las Hormigas:

¡Qué gritos! ¡qué aspavientos!

--Aquí fué Troya[339] (dicen):

Muere, pícaro perro.

Y ellas ¿qué hacían? Nada:

Robar todo el granero.

_Hombres, Pavos, Hormigas,

Según estos ejemplos,

Cada cual en su libro

Esta moral tenemos.

La falta leve en otro

Es un pecado horrendo;

Pero el delito propio

No más que pasatiempo._

FÁBULA VII

[imagen]

El Enfermo y la Vision

Fábulas · 第 4 / 10 段