FÁBULAS
DE
SAMANIEGO
NOVÍSIMA EDICIÓN ILUSTRADA
CON NOTAS GRAMATICALES, LITERARIAS, ETC.
UN VOCABULARIO DE LOS NOMBRES HISTÓRICOS Y GEOGRÁFICOS
Y UN RETRATO DEL AUTOR
POR
MIGUEL DE TORO GÓMEZ
Licenciado en Filosofía y Letras
Oficial de Academia
y Autor del _Nuevo Diccionario enciclopédico ilustrado_
[imagen]
PARÍS
LIBRERÍA ARMAND COLIN
5, RUE DE MÉZIÈRES, 5
1902
Los derechos reservados.
ABREVIATURAS
aument. aumentativo.
ant. anticuado.
DERIV. derivado, derivados.
desp. despectivo.
dim. diminutivo.
ej.: ejemplo ó ejemplos.
expr. expresión.
fam. familiar.
fem. femenino.
fr. frase.
hab. habitante ó habitantes.
incorr. incorrección ó incorrecto.
J. C. Jesucristo.
kil. kilómetro.
m. adv. modo adverbial.
pág. página.
p. a. participio activo.
p. p. participio pasivo.
pron. pronombre.
refr. refrán.
SINÓN. sinónimos.
v. véase.
INTRODUCCIÓN
Uno de los más recientes biógrafos de Samaniego decía no hace mucho
(agosto de 1901), hablando de sus obras: «Sus Fábulas, que han alcanzado
cientos de ediciones, corren de mano en mano, siendo obligado libro de
lectura en todas las escuelas de primera enseñanza.»
Pues bien, no obstante la popularidad de estas fábulas, es tal la fuerza
de la rutina, la mezquindad de ciertos editores y hasta, si se quiere,
la indiferencia de los autores, que nadie ha pensado en hacer ediciones
convenientemente anotadas, como las hay en Francia, muy numerosas y
esmeradas, de las _Fábulas_ de La Fontaine. Y sin embargo, pocos libros
habrá que tanto lo necesiten. Los niños repiten como papagayos multitud
de nombres de personas y cosas de que no se dan cuenta. He aquí en
prueba de ello algunos pasajes escogidos entre mil:
¡Oh jóvenes amables
Que en vuestros tiernos años
Al templo de _Minerva_...
* * * * *
De doradas espigas
Como _Ceres_ rodeado.
* * * * *
Pues, escuchad á _Esopo_,
Mis jóvenes amados.
* * * * *
_Júpiter_ que se vió con tal basura...
* * * * *
No á pares, á docenas encontraba
Las monas en _Tetuán_....
* * * * *
_Simónides_ en _Asia_ se enriquece....
* * * * *
Ó tal vez como _Ulises_ has corrido...
* * * * *
Si con sus serenatas
El mismo _Farinello_....
* * * * *
Que perdió las suyas
Allá en _Campo Santo_....
¿Qué sabe el niño quiénes fueron ó qué significan las palabras
_Minerva_, _Ceres_, _Esopo_, _Júpiter_, _Tetuán_, _Simónides_, _Asia_,
_Ulises_, _Farinello_ y _Campo Santo_?
Y esto, dado caso que la edición sea correcta; pues tenemos á la vista
dos ediciones de estas Fábulas, hechas por una de las librerías más
antiguas de París (en materia de libros españoles) y en ellas faltan
hasta versos enteros, lo cual hace incomprensible el texto.
Á esto se agrega la necesidad de explicar ciertas formas y palabras, ya
arcaicas, ya neológicas, y ciertos giros poco usuales ó que
contravienen, en parte, á las leyes corrientes del lenguaje.
Hemos creído, pues, prestar un servicio, lo mismo á los alumnos que á
los profesores, ofreciéndoles una edición correcta y cuidadosamente
anotada, á la que hemos agregado un VOCABULARIO completo de nombres
mitológicos, geográficos é históricos. No dudamos que la ilustrada clase
de Profesores y Directores de colegios se apresurará á adoptarla,
desterrando de las aulas esas ediciones cojas, incorrectas, descuidadas,
que son una afrenta para los libreros que las dan á luz, una falta de
consideración á los profesores, y un ultraje á la memoria del insigne
Samaniego.
M. DE T. G.
Paris, 1º de diciembre de 1901.
[imagen]
SAMANIEGO
El ilustre fabulista, llamado con justicia por Príncipe y por otros el
_La Fontaine_ español, nació en 1745 y murió en la villa de Laguardia en
1801, después de emplear su vida en el fomento de los intereses de su
país natal. Fué uno de los primeros que se alistaron en aquellas famosas
_Sociedades de Amigos del País_, iniciadas y fomentadas en tiempo de
Carlos III y á las que tanto debe nuestra patria. Miembro de la Sociedad
Vascongada, establecida en 1645, consagró todos sus esfuerzos y energía
á promover y mejorar la educación popular y á este fin compuso[1] su
notable colección de _Fábulas destinadas_, como reza el título, _Á los
caballeros alumnos del Real Seminario Patriótico vascongado_, fundado
por la indicada sociedad. Según Ticknor en su _Historia de la literatura
española_, «la primera parte (de las _Fábulas_) publicada en 1781 y por
lo tanto un año antes que la colección de Iriarte, habla de éste como de
su modelo[2], sin dejar duda, por lo mismo, de que había visto sus
fábulas. Publicóse la segunda en 1784, cuando ya la de su rival había
sido aplaudida por el público, de donde se originó la ruptura de sus
buenas relaciones, mediando entre ambos cuestiones y folletos que les
hacen poco honor... Las fábulas de Samaniego no están seguramente tan
bien escritas como las de Iriarte, ni aplicadas con tanta exactitud y
originalidad; pero son más sencillas, más naturales y más á propósito
para el común de los lectores.»
El eminente crítico Sr. Menéndez y Pelayo, en su obra _Los Heterodoxos_,
habla largamente acerca de otros trabajos de Samaniego y de sus
tendencias filosóficas.
Sin embargo, cualquiera que sea el juicio que pueda formarse sobre sus
demás escritos, no puede negarse que sus fábulas tuvieron y siguen
teniendo la mayor aceptación entre maestros y discípulos, y que
constituyen una obra indispensable en las escuelas.
Mi ilustre amigo y maestro, el eximio literato Don Juan Valera, á quien
daba cuenta no ha mucho de mi propósito de publicar la presente edición,
me decía en fecha reciente (31 de diciembre de 1901): «Mucho celebro que
publique Ud. ahí una bonita edición de las fábulas de Samaniego, anotada
por Ud. _Estas fábulas, en mi sentir, son preciosas y bien pueden entrar
en competencia con las de La Fontaine, que se ponen tan por las nubes._»
En 11 de agosto del año pasado hizo justamente un siglo que falleció el
insigne fabulista[3], y el 11 de septiembre del mismo año organizó la
ilustre _Sociedad Económica Vascongada de Amigos del País_, en honor
suyo, una solemne fiesta en el Palacio de Bellas Artes de San
Sebastián, con motivo del centenario de su muerte[4]. De este modo
procuraba corresponder al cariño de su hijo predilecto, que había hecho
inmortal su nombre, inscribiéndole al frente de la 1ª edición de sus
_Fábulas_.
La junta de Gobierno de dicha Sociedad, que tiene por presidente á D.
Leonardo Moyúa y por secretario general á D. Tomás Berminghan, no
perdonó medio para dar el mayor brillo y realce á tan patriótica
ceremonia, en la que figuraba, presidiendo la escena, el notable busto
de Samaniego debido al cincel del escultor bilbaino Sr. Larrea[5]. En un
inspirado discurso, cuyos elocuentes párrafos arrancaron frecuentes
aplausos, trazó un animado cuadro de la vida y trabajos de nuestro
poeta, el elegante escritor, profesor y erudito polígrafo D. Ricardo
Becerro de Bengoa[6].
Puso término á la patriótica ceremonia con sentida, al par que elocuente
peroración, el Excmo. Sr. Duque de Almodóvar del Río, Ministro de
Estado, que hizo notar con mucha oportunidad que «en las Fábulas morales
del insigne hijo de Laguardia, no sólo gustamos las primicias del arte
literario, sino que aprendimos los preceptos morales, que más tarde en
nuestra vida habían de guiarnos, con más gusto, con mayor placer que
cuando esos mismos preceptos eran expuestos con la severidad de la
ciencia en los tratados áridos de la Filosofía Moral.»
* * * * *
Para terminar, agregaremos las siguientes notas que consignan los
biógrafos de Samaniego: «era de estatura pequeña, pelo negro, cara un
poco larga y expresiva; y en cuanto á lo moral, algo escéptico, socarrón
y alegre.»
Con motivo de la celebración de su centenario, casi todos los periódicos
españoles han honrado la memoria de Samaniego, lo cual demuestra, bien á
las claras, que, lejos de irse amortiguando su gloria y fama, no han
hecho sino crecer y consolidarse.
Miguel DE TORO GÓMEZ.
París, 7 de enero de 1902.
[imagen]
PRÓLOGO DEL AUTOR
Muchos son los sabios de diferentes siglos y naciones que han aspirado
al renombre de fabulistas; pero muy pocos los que han hecho esta carrera
felizmente. Este conocimiento debiera haberme retraído del arduo empeño
de meterme á contar fábulas en verso castellano. Así hubiera sido; pero
permítame el público protestar con sinceridad en mi abono, que en esta
empresa no ha tenido parte mi elección. Es puramente obra de mi pronta
obediencia, debida á una persona, en quien respeto unidas las calidades
de tío, maestro y jefe.
En efecto, el director de la real Sociedad Vascongada, mirando la
educación como á basa en que estriba la felicidad pública, emplea la
mayor parte de su celo patriótico en el cuidado de proporcionar á los
jóvenes alumnos del real Seminario Vascongado cuanto conduce á su
instrucción; y siendo, por decirlo así, el primer pasto conque se debe
nutrir el espíritu de los niños, las máximas morales disfrazadas en el
agradable artificio de la fábula, me destinó á poner una colección de
ellas en verso castellano, con el objeto de que recibiesen esta
enseñanza, ya que no mamándola con la leche, según deseó Platón, á lo
menos antes de llegar á estado de poder entender el latín.
Desde luego di principio á mi obrilla. Apenas pillaban los jóvenes
seminaristas alguno de mis primeros ensayos, cuando los leían y
estudiaban á porfía con indecible placer y facilidad; mostrando en esto
el deleite que les causa un cuentecillo adornado con la dulzura y
armonía poética, y libre para ellos de las espinas de la traducción, que
tan desagradablemente les punzan en los principios de su enseñanza.
Aunque esta primera prueba me asegura en parte de la utilidad de mi
empresa, que es la verdadera recomendación de un escrito, no se contenta
con ella mi amor propio. Siguiendo éste su ambiciosa condición, desea
que respectivamente logren mis fábulas igual acogida que en los niños,
en los mayores, y aun, si es posible, entre los doctos; pero á la verdad
esto no es tan fácil. Las espinas que dejan de encontrar en ellas los
niños, las hallarán los que no lo son en los repetidos defectos de la
obra. Quizá no parecerán éstos tan de marca, dando aquí una breve
noticia del método que he observado en la ejecución de mi asunto, y de
las razones que he tenido para seguirlo.
Después de haber repasado los preceptos de la fábula, formé mi pequeña
librería de fabulistas: examiné, comparé y elegí para mis modelos entre
todos ellos, después de Esopo, á Fedro y La Fontaine; no tardé en hallar
mi desengaño. El primero, más para admirado que para seguido, tuve que
abandonarle á los primeros pasos. Si la unión de la elegancia y
laconismo sólo está concedida á este poeta en este género, ¿cómo podrá
aspirar á ella quien escribe en lengua castellana, y palpa los grados
que á ésta le faltan para igualar á la latina en concisión y energía?
Este conocimiento, en que me aseguró más y más la práctica, me obligó á
separarme de Fedro.
Empecé á aprovecharme del segundo, como se deja ver en las fábulas de
_La Cigarra y la Hormiga_, _El Cuervo y el Zorro_ y alguna otra; pero
reconocí que no podía, sin ridiculizarme, trasladar á mis versos
aquellas delicadas nuevas gracias y sales, que tan fácil y naturalmente
derrama este ingenioso fabulista en su narración.
No obstante, en el estudio que hice de este autor, hallé no solamente
que la mayor parte de sus argumentos son tomados de Locmano, Esopo[7] y
otros de los antiguos, sino que no tuvo reparo en entregarse á seguir su
propio carácter tan francamente, que me atrevo á asegurar que apenas
tuvo presente otro precepto, en la narración, que la regla general que
él mismo asienta en el prólogo de sus fábulas en boca de Quintiliano:
_Por mucho gracejo que se dé á la narración, nunca será demasiado_.
Con las dificultades que toqué al seguir, en la formación de mi obrita,
á estos dos fabulistas, y con el ejemplo que hallé en el último, me
resolví á escribir tomando en cerro los argumentos de Esopo,
entresacando tal cual de algún moderno, y entregándome con libertad á
mi genio, no sólo en el estilo y gusto de la narración, sino aun en el
variar rara vez algún tanto ya del argumento, ya de la aplicación de la
moralidad, quitando, añadiendo ó mudando alguna cosa que, sin tocar al
cuerpo principal del apólogo, contribuya á darle cierto aire de novedad
y gracia.
En verdad que, según mi conciencia, más de cuatro veces se peca en este
método contra los preceptos de la fábula; pero esta práctica licenciosa
es tan corriente entre los fabulistas, que cualquiera que se ponga á
cotejar una misma fábula en diferentes versiones, la hallará tan
transformada en cada una de ellas respecto del original que, degenerando
por grados de una en otra versión, vendrá á parecerle diferente en cada
una de ellas. Pues si con todas estas licencias ó pecados contra las
leyes de la fábula, ha habido fabulistas que han hecho su carrera hasta
llegar al tempo de la inmortalidad, ¿á qué meterme yo en escrúpulos que
ellos no tuvieron?
Si en algo he empleado casi nimiamente mi atención, ha sido en hacer
versos fáciles, hasta acomodarlos, según mi entender, á la comprensión
de los muchachos. Que alguna vez parezca mi estilo no sólo humilde, sino
aun bajo, malo es; mas ¿no sería muchísimo peor que, haciéndolo
incomprensible á los niños, ocupasen éstos su memoria con inútiles
coplas?
Á pesar de mi desvelo en esta parte, desconfío de conseguir mi fin. Un
autor moderno, en su _Tratado de Educación_, dice que en toda la
colección de La Fontaine no conoce sino cinco ó seis fábulas, _en que
brilla con eminencia la sencillez pueril_; y aun, haciendo análisis de
alguna de ellas, encuentra pasajes desproporcionados á la inteligencia
de los niños.
Esta crítica ha sido para mí una lección. Confesaré sinceramente que no
he acertado á aprovecharme de ella, si en mi colección no se halla más
de la mitad de fábulas que, en la claridad y sencillez del estilo, no
pueda apostárselas á la prosa más trivial. Éste me ha parecido el solo
medio de acercarme al lenguaje en que debemos enseñar á los muchachos;
pero ¿quién tendrá bastante filosofía para acertar á ponerse en el lugar
de éstos, y medir así los grados á que llega la comprensión de un niño?
En cuanto al metro, no guardo uniformidad: no es esencial á la fábula,
como no lo es al epigrama y á la lira, que admiten infinita variedad de
metros. En los apólogos hay tanta inconexión de uno á otro, como en las
liras y epigramas. Con la variedad de metros he procurado huír de aquel
monotonismo[8] que adormece los sentidos y se opone á la varia armonía,
que tanto deleita el ánimo y aviva la atención. Los jóvenes que tomen de
memoria estos versos, adquirirán con la repetición de ellos alguna
facilidad en hacerlos arreglados á las diversas medidas, á que por este
medio acostumbren su oído.
Verdad es que se hallará en mis versos gran copia de endecasílabos
pareados con la alternativa de pies quebrados ó de siete sílabas; pero
me he acomodado á preferir su frecuente uso al de otros metros, por la
ventaja que no tienen los de estancias más largas, en las cuales, por
acomodar una sola voz que falte para la clara explicación de la
sentencia, ó queda confuso y como estrujado el pensamiento, ó
demasiadamente holgado y lleno de ripio.
En conclusión, puede perdonárseme bastante por haber sido el primero en
la nación que ha abierto el paso á esta carrera, en que he caminado sin
guía, por no haber tenido á bien entrar en ella nuestros célebres poetas
castellanos. Dichoso yo si logro que, con la ocasión de corregir mis
defectos, dediquen ciertos genios poéticos sus tareas á cultivar este y
otros importantes ramos de instrucción y provecho. Mientras así no lo
hagan, habremos de contentarnos con leer sus excelentes églogas, y sacar
de sus dulcísimos versos casi tanta melodía como de la mejor música del
divino Haydn, aunque tal vez no mayor enseñanza ni utilidad.
ADVERTENCIA.
_A excepción de un corto número de argumentos sacados de Esopo, Fedro y
La Fontaine, todos los asuntos contenidos en los apólogos de los libros_
VI, VII _y_ VIII, _pertenecen al fabulista inglés Gay. El libro_ IX _es
original._
[imagen]
LIBRO PRIMERO
FÁBULA PRIMERA
El Asno y el Cochino
Á LOS CABALLEROS ALUMNOS
DEL REAL SEMINARIO PATRIÓTICO VASCONGADO
Oh jóvenes amables
Que, en vuestros tiernos años,
Al templo de Minerva
Dirigís vuestros pasos;
Seguid, seguid la senda
En que marcháis, guiados
Á la luz de las ciencias
Por profesores sabios.
Aunque el camino sea
Ya difícil, ya largo,
Lo allana y facilita[9]
El tiempo y el trabajo.
Rompiendo el duro suelo,
Con la esteva agobiado,
El labrador sus bueyes
Guía con paso tardo;
Mas al fin llega á verse
En medio del verano
De doradas espigas,
Como Ceres[10], rodeado.
Á mayores tareas,
Á más graves cuidados
Es mayor y más dulce
El premio y el descanso.
Tras penosas fatigas,
La labradora mano
¡Con qué gusto recoge
Los racimos de Baco[11]!
Ea, jóvenes, ea,
Seguid, seguid marchando
Al templo de Minerva
Á recibir el lauro.
Mas yo sé, caballeros,
Que un joven entre tantos
Responderá á mis voces:
_No puedo, que me canso._
Descanse en hora buena,
¿Digo yo lo contrario?
Tan lejos estoy de eso,
Que en estos versos trato
De daros un asunto
Que instruya deleitando.
Los perros y los lobos,
Los ratones y gatos,
Las zorras y las monas,
Los ciervos y caballos
Os han de hablar en verso,
Pero con juicio tanto,
Que sus máximas sean
Los consejos más sanos.
Deleitaos en ello,
Y con este descanso
Á las serias tareas
Volved más alentados.
Ea, jóvenes, ea,
Seguid, seguid marchando
Al templo de Minerva
Á recibir el lauro.
Pero ¡qué! ¿os detiene[12]
El ocio y el regalo?
Pues escuchad á Esopo,
Mis jóvenes amados.
Envidiando la suerte del Cochino[13]
Un Asno maldecía su destino.
Yo, decía, trabajo y como paja;
Él come harina y berza, y no trabaja.
Á mí me dan de palos cada día;
Á él le rascan y halagan á porfía.
Así se lamentaba de su suerte;
Pero luego que advierte
Que á la pocilga alguna gente avanza
En guisa de matanza[14],
Armada de cuchillo y de caldera,
Y que con maña fiera
Dan al gordo Cochino fin sangriento,
Dijo entre sí el Jumento:
_Si en esto para el ocio y los regalos,
Al trabajo me atengo y á los palos._
FÁBULA II
[imagen]
La Cigarra y la Hormiga
Cantando la Cigarra,
Pasó el verano entero
Sin hacer provisiones
Allá para el invierno.
Los fríos la obligaron
Á guardar el silencio,
Y á acogerse al abrigo
De su estrecho aposento.
Vióse desproveída[15]
Del preciso sustento,
Sin mosca, sin gusano,
Sin trigo, sin centeno.
Habitaba la Hormiga
Allí tabique en medio[16],
Y con mil expresiones
De atención y respeto
La dijo:--Doña Hormiga,
Pues que en vuestros graneros
Sobran las provisiones
Para vuestro alimento,
Prestad alguna cosa
Con que viva este invierno
Esta triste Cigarra,
Que alegre en otro tiempo,
Nunca conoció el daño,
Nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
Que fielmente prometo
Pagaros con ganancias,
Por el nombre que tengo.--
La codiciosa Hormiga
Respondió con denuedo,
Ocultando á la espalda
Las llaves del granero:
--¡Yo prestar lo que gano
Con un trabajo inmenso!
Díme pues, holgazana,
¿Qué has hecho en el buen tiempo?
--Yo, dijo la Cigarra,
Á todo pasajero
Cantaba alegremente
Sin cesar ni un momento.
--¡Hola! ¿conque cantabas
Cuando yo andaba al remo[17]?
Pues ahora que yo como,
Baila ¡pese á tu cuerpo!
FÁBULA III
[imagen]
El Muchacho y la Fortuna.
Á la orilla de un pozo,
Sobre la fresca hierba,
Un incauto mancebo[18]
Dormía á pierna suelta.
Gritóle la Fortuna:
--Insensato, despierta;
¿No ves que ahogarte puedes
Á poco que te muevas?
Por ti y otros canallas
Á veces me motejan,
Los unos de inconstante,
Y los otros de adversa.
_Reveses de fortuna
Llamáis á las miserias:
¿Por qué, si son reveses
De la conducta necia?_
FÁBULA IV
[imagen]
La Codorniz.
Presa en estrecho lazo
La Codorniz sencilla
Daba quejas al aire,
Ya tarde arrepentida.
--¡Ay de mí miserable,
Infeliz avecilla[19],
Que antes cantaba libre,
Y ya lloro cautiva!
Perdí mi nido amado,
Perdí en él mis delicias;
Al fin perdílo todo,
Pues que perdí la vida.
¿Por qué desgracia tanta?
¿Por qué tanta desdicha?
Por un grano de trigo:
¡Oh cara golosina!
_¡El apetito ciego
Á cuántos precipita
Que, por lograr un nada,
Un todo sacrifican!_
FÁBULA V
[imagen]
El Águila y el Escarabajo.
«¡Qué me matan! favor»: así clamaba
Una Liebre infeliz, que se miraba
En las garras de un Águila sangrienta.
Á las voces, según Esopo cuenta,
Acudió un compasivo Escarabajo;
Y viendo á la cuitada en tal trabajo,
Por libertarla de tan cruda muerte,
Lleno de horror exclama de esta suerte:
--Oh reina de las aves escogida,
¿Por qué quitas la vida
Á este pobre animal, manso y cobarde?
¿No sería mejor hacer alarde
De devorar á dañadoras fieras:
Ó ya que resistencia hallar no quieras,
Cebar tus uñas y tu corvo pico
En el frío cadáver de un borrico?--
Cuando el Escarabajo así decía,
El Águila con desprecio se reía;
Y sin usar de más atenta frase,
Mata, trincha, devora, pilla y vase.
El pequeño animal así burlado,
Quiere verse vengado.
En la ocasión primera
Vuela al nido del Águila altanera:
Halla solos los huevos y, arrastrando,
Uno por uno fuélos[20] despeñando.
Mas como nada alcanza
Á dejar satisfecha una venganza,
Cuantos huevos ponía en adelante
Se los hizo tortilla en el instante.
La reina de las aves sin consuelo,
Remontando su vuelo,
Á Júpiter excelso humilde llega,
Expone su dolor, pídele, ruega
Remedie tanto mal. El dios propicio,
Por un incomparable beneficio,
En su regazo hizo que pusiese
El Águila sus huevos, y se fuese;
Que á la vuelta, colmada de consuelos[21],
Encontraría hermosos sus polluelos[22].
Supo el Escarabajo el caso todo;
Astuto é ingenioso, hace de modo,
Que una bola fabrica diestramente
De la materia en que continuamente
Trabajando se halla,
Cuyo nombre se sabe, aunque se calla;
Y que, según yo pienso,
Para los dioses no es muy buen incienso.
Carga con ella, vuela, y atrevido
Pone su bola en el sagrado nido.
Júpiter que se vió con tal basura,
Al punto sacudió su vestidura,
Haciendo, al arrojar la albondiguilla,
Con la bola y los huevos su tortilla.
Del trágico suceso noticiosa,
Arrepentida el Águila y llorosa,
Aprendió esta lección á mucho precio:
_Á nadie se le trate con desprecio,_
_Como al Escarabajo;_
_Porque al más miserable, vil y bajo,_
_Para tomar venganza, si se irrita,_
_¿Le faltará siquiera una bolita?_[23]
FÁBULA VI
El León vencido por el Hombre.
Cierto artífice pintó[24]
Una lucha, en que valiente,
Un Hombre tan solamente
Á un horrible León venció.
Otro León que el cuadro vió,
Sin preguntar por su autor,
En tono despreciador
Dijo: _Bien se deja ver
Que es pintar como querer;
Y no fué león el pintor._
FÁBULA VII
[imagen]
La Zorra y el Busto.
Dijo la Zorra al Busto,
Después de olerlo:
Tu cabeza es hermosa,
Pero sin seso[25].
_Como éste hay muchos
Que, aunque parecen hombres,
Sólo son bustos._
FÁBULA VIII
[imagen]
El Ratón de la corte y el del campo.
Un Ratón cortesano
Convidó con un modo muy urbano
Á un Ratón campesino.
Dióle gordo tocino,
Queso fresco de Holanda;
Y una despensa llena de vianda
Era su alojamiento;
Pues no pudiera haber un aposento
Tan magníficamente preparado,
Aunque fuese en _Ratópolis_[26] buscado
Con el mayor esmero,
Para alojar á _Roepán_[27] _primero_.
Sus sentidos allí se recreaban:
Las paredes y techos adornaban,
Entre mil ratonescas[28] golosinas,
Salchichones, perniles y cecinas.
Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso!
De pernil en pernil, de queso en queso.
En esta situación tan lisonjera
Llega la despensera:
Oyen el ruido, corren, se agazapan,
Pierden el tino; mas al fin se escapan
Atropelladamente
Por cierto pasadizo abierto á diente.
--¡Esto tenemos[29]! dijo el campesino;
Reniego yo del queso, del tocino,
Y de quien busca gustos
Entre los sobresaltos y los sustos.
Volvióse á su campaña en el instante,
Y estimó mucho más de allí adelante,
Sin zozobra, temor, ni pesadumbres,
Su casita de tierra y sus legumbres.
FÁBULA IX
[imagen]
El Herrero y el Perro.
Un Herrero tenía
Un Perro, que no hacía
Sino comer, dormir y estarse echado.
De la casa jamás tuvo cuidado;
Levantábase sólo á mesa puesta:
Entonces con gran fiesta
Al dueño se acercaba,
Con perrunas[30] caricias le halagaba,
Mostrando de cariño mil excesos
Por pillar las piltrafas y los huesos.
--He llegado á notar, le dijo el amo
Que aunque nunca te llamo,
Á la mesa te llegas prontamente:
En la fragua jamás te vi presente;
Y yo me maravillo
De que, no despertándote el martillo,
Te desveles al ruido de mis dientes.
Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes
Que el amo, hecho un gañán y sin reposo,
Te mantiene á lo conde muy ocioso.
El Perro le responde:
--¿Qué más tiene que yo cualquiera conde?
Para no trabajar debo al destino
Haber nacido perro y no pollino.
--Pues, señor conde, fuera de mi casa;
Verás en las demás lo que te pasa.
En efecto salió á probar fortuna,
Y las casas anduvo de una en una:
Allí le hacen servir de centinela,
Y que pase la noche toda en vela;
Acá de lazarillo[31] y de danzante;
Allá, dentro de un torno, á cada instante
Asa la carne que comer no espera.
Al cabo conoció de esta manera,
_Que el destino, y no es cuento,
Á todos nos cargó, como al jumento._
FÁBULA X
[imagen]
La Zorra y la Cigüeña.
Una Zorra[32] se empeña
En dar una comida á la Cigüeña.
La convidó con tales expresiones,
Que anunciaban sin duda provisiones
De lo más excelente y exquisito.
Acepta alegre, va con apetito;
Pero encontró en la mesa solamente
Jigote[33] claro sobre chata fuente.
En vano á la comida picoteaba,
Pues era para el guiso que miraba
Inútil tenedor su largo pico.
La Zorra con la lengua y el hocico
Limpió tan bien su fuente, que pudiera
Servir de fregatriz, si á Holanda[34] fuera.
Mas, de allí á poco tiempo convidada
De la Cigüeña, halla preparada
Una redoma de jigote llena:
Allí fué su aflicción, allí su pena.
El hocico goloso al punto asoma
Al cuello de la hidrópica[35] redoma:
Mas en vano, pues era tan estrecho,
Cual si por la Cigüeña fuese hecho.
Envidiosa de ver que, á conveniencia,
Chupaba la del pico[36] á su presencia.
Vuelve, tienta, discurre,
Huele, se desatina; en fin, se aburre.
Marchó rabo entre piernas, tan corrida,
Que ni aun tuvo siquiera la salida
De decir: _Están verdes_, como antaño.
_También hay para pícaros engaño._[37]
FÁBULA XI
[imagen]
Las Moscas.
Á un panal de rica miel
Dos mil Moscas acudieron,
Que, por golosas, murieron
Presas de patas en él.
Otras[38] dentro de un pastel
Enterró su golosina.
_Así, si bien se examina,
Los humanos corazones
Perecen en las prisiones
Del vicio que los domina._
FÁBULA XII
[imagen]
El Leopardo y las Monas.
No á pares, á docenas encontraba
Las Monas[39] en Tetuán, cuando cazaba,
Un Leopardo: apenas lo veían,
Á los árboles todas se subían,
Quedando del contrario tan seguras,
Que pudiera decir: No están maduras[40].
El cazador astuto se hace el muerto
Tan vivamente, que parece cierto;
Hasta las viejas Monas[41],
Alegres en el caso y juguetonas,
Empiezan á saltar: la más osada
Baja, arrímase al muerto de callada;
Mira, huele, y aun tienta,
Y grita muy contenta:
«Llegad, que muerto está de todo punto,
Tanto que empieza á oler el tal difunto».
Bajan todas con bulla y algazara:
Ya le tocan la cara,
Ya le saltan encima;
Aquella se le arrima,
Y haciendo mimos á su lado queda;
Otra se finge muerta, y lo remeda.
Mas luego que las siente fatigadas
De correr, de saltar y hacer monadas[42],
Levántase ligero,
Y más que nunca fiero,
Pilla, mata, devora, de manera
Que parecía la sangrienta fiera,
Cubriendo con los muertos la campaña[43],
Al Cid matando Moros en España.
_Es el peor enemigo el que aparenta
No poder causar daño; porque intenta,
Inspirando confianza,
Asegurar su golpe de venganza._
FÁBULA XIII
[imagen]
El Ciervo en la fuente.
Un Ciervo se miraba
En una hermosa cristalina fuente:
Placentero admiraba
Los enramados cuernos de su frente
Pero, al ver sus delgadas largas piernas,
Al alto cielo daba quejas tiernas.
«¡Oh dioses! ¿á qué intento[44],
Á esta fábrica hermosa de cabeza
Construís su cimiento,
Sin guardar proporción en la belleza?
¡Oh qué pesar! ¡oh qué dolor profundo,
No haber gloria cumplida en este mundo!
Hablando de esta suerte
El Ciervo vió venir á un lebrel fiero.
Por evitar su muerte
Parte al espeso bosque muy ligero;
Pero el cuerno retarda su salida
Con una y otra rama entretejida.
Mas libre del apuro
Á duras penas, dijo con espanto:
«Si me veo seguro,
Pese á mis cuernos, fué por correr tanto.
Lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos;
Haga mis feos pies[45] el cielo eternos».
_Así frecuentemente_
_El hombre se deslumbra con lo hermoso:_
_Elige lo aparente,_
_Abrazando tal vez lo más dañoso;_
_Pero escarmiente ahora en tal cabeza_[46].
_El útil bien es la mejor belleza._
FÁBULA XIV
El León y la Zorra[47].
Un León, en otro tiempo poderoso,
Ya viejo y achacoso,
En vano perseguía hambriento y fiero
Al mamón[48] becerrillo y al cordero,
Que trepando por la áspera montaña
Huían libremente de su saña.
Afligido del hambre á par de muerte,
Discurrió su remedio de esta suerte:
Hace correr la voz de que se hallaba
Enfermo en su palacio, y deseaba
Ser de los animales visitado.
Acudieron algunos de contado;
Mas, como el grave mal que lo postraba
Era una hambre voraz, tan sólo usaba
La receta exquisita
De engullirse al _Monsieur_[49] de la visita.
Acércase la Zorra de callada,
Y á la puerta asomada,
Atisba muy de espacio
La entrada de aquel cóncavo palacio.
El León la divisó, y en el momento
La dice:--Ven acá, pues que me siento
En el último instante de mi vida:
Visítame como otros, mi querida.
--¿Cómo otros? ¡ah, Señor! he conocido
Que entraron, sí, pero que no han salido.
Mirad, mirad la huella,
Bien claro lo dice ella;
Y no es bien el entrar do[50] no se sale.
_La prudente cautela mucho vale._
FÁBULA XV
[imagen]
La Cierva y el Cervato.
Á una Cierva decía[51]
Su tierno Cervatillo:--Madre mía,
¿Es posible que un perro solamente
Al bosque te haga huir cobardemente,
Siendo él mucho menor, menos pujante?
¿Por qué no has de ser tú más arrogante?
--Todo es cierto, hijo mío;
Y cuando así lo pienso, desafío
Á mis solas á veinte perros juntos:
Figúrome luchando, y que difuntos
Dejo á los unos; que otros falleciendo,
Pisándose las tripas, van huyendo
En vano de la muerte;
Y á todos venzo de gallarda suerte.
Mas, si embebida en este pensamiento,
Á un perro ladrar siento,
Escapo más ligera que un venablo[52],
Y mi victoria se la lleva el diablo.
_Á quien no sea de ánimo esforzado,_
_No armarle de soldado;_
_Pues por más que, al mirarse la armadura,_
_Piense, en tiempo de paz, que su bravura_
_Herirá, matará cuanto acometa;_
_En oyendo en campaña la trompeta,_
_Hará lo que la corza_[53] _de la historia,_
_Mas que_[54] _el diablo se lleve la victoria._
FÁBULA XVI
[imagen]
El Labrador y la Cigüeña.
Un Labrador miraba
Con duelo su sembrado,
Porque gansos y grullas
De su trigo solían hacer pasto.
Armó sin más tardanza
Diestramente sus lazos,
Y cayeron en ellos
La Cigüeña[55], las grullas y los gansos.
--Señor rústico[56], dijo
La Cigüeña temblando,
Quíteme las prisiones,
Pues no merezco pena de culpados.
La diosa Ceres sabe,
Que lejos de hacer daño,
Limpio de sabandijas,
De culebras y víboras los campos.
--Nada me satisface,
Respondió el Hombre airado:
Te hallé con delincuentes,
Con ellos morirás entre mis manos.
_La inocente Cigüeña
Tuvo el fin desgraciado
Que pueden prometerse
Los buenos que se juntan con los malos._
FÁBULA XVII
[imagen]
La Serpiente y la Lima.
En casa de un cerrajero[57]
Entró la serpiente un día,
Y la insensata mordía
En una Lima de acero.
Díjole la Lima[58]:--El mal,
Necia, será para ti:
¿Cómo has de hacer mella en mí,
Que hago polvos el metal?
_Quien pretende, sin razón,
Al más fuerte derribar,
No consigue sino dar
Coces contra el aguijón._
FÁBULA XVIII
[imagen]
El Calvo y la Mosca.
Picaba impertinente
En la espaciosa calva de un anciano
Una Mosca insolente.
Quiso matarla, levantó la mano,
Tiró un cachete, pero fuese salva,
Hiriendo el golpe la redonda calva.
Con risa desmedida
La mosca prorrumpió:--Calvo maldito[59],
Si quitarme la vida
Intentaste por un leve delito,
¿Á qué pena condenas á tu brazo,
Bárbaro ejecutor de tal porrazo?
--Al que obra con malicia,
La respondió el varón[60] prudentemente,
Rigurosa[61] justicia
Debe dar el castigo conveniente;
Y es bien ejercitarse la clemencia
En el que peca por inadvertencia.
Sabe, Mosca villana,
Que coteja el agravio recibido
La condición humana
Según la mano de donde ha venido:
_Que el grado de la ofensa á tanto asciende,
Cuanto sea más vil aquel que ofende._
FÁBULA XIX
[imagen]
Los dos Amigos y el Oso[62].
Á dos Amigos se aparece un Oso:
El uno muy medroso,
En las ramas de un árbol se asegura:
El otro, abandonado á la ventura[63],
Se finge muerto repentinamente.
El Oso se le acerca lentamente;
Mas como este animal, según se cuenta[64],
De cadáveres nunca se alimenta,
Sin ofenderle le registra y toca,
Huélele las narices y la boca;
No le siente el aliento,
Ni el menor movimiento;
Y así se fué diciendo sin recelo:
«Éste tan muerto está como mi abuelo.»
Entonces el cobarde,
De su grande amistad haciendo alarde,
Del árbol se desprende muy ligero,
Corre, llega y abraza al compañero:
Pondera la fortuna
De haberle hallado sin lesión alguna;
Y al fin le dice:--Sepas que he notado
Que el Oso te decía algún recado.
¿Qué pudo ser?--Direte lo que ha sido[65]:
Estas dos palabritas al oído:
_Aparta tu amistad de la persona
Que, si te ve en el riesgo, te abandona._
FÁBULA XX
[imagen]
El Águila, la Gata y la Jabalina.
Un Águila anidó sobre una encina.
Al pie criaba cierta Jabalina;
Y era un hueco del tronco corpulento
De una Gata y sus crías aposento.
Esta gran marrullera
Sube al nido del Águila altanera,
Y con fingidas lágrimas la[66] dice:
--¡Ay mísera de mí! ¡ay infelice!
Éste sí que es trabajo:
La vecina que habita el cuarto bajo,
Como tú misma ves, el día pasa
Hozando los cimientos de la casa:
La arruinará; y en viendo la traidora
Por tierra á nuestros hijos, los devora[67].
Después que dejó al Águila asustada,
Á la cueva se baja de callada[68],
Y dice á la cerdosa:--Buena amiga,
Has de saber que el Águila enemiga,
Cuando saques tus crías hacia el monte,
Las ha de devorar: así disponte.
La Gata, aparentando que temía,
Se retiró á su cuarto, y no salía
Sino de noche, que con maña astuta[69]
Abastecía su pequeña gruta[70].
La Jabalina, con tan triste nueva,
No salió de su cueva.
La Águila[71] en el ramaje temerosa,
Haciendo centinela no reposa.
En fin, á ambas familias la hambre mata[72],
Y de ellas hizo víveres la gata.
_¡Jóvenes, ojo alerta, gran cuidado!
Que un chismoso[73] en amigo disfrazado,
Con capa de amistad cubre sus trazas,
Y así causan el mal sus añagazas._
[imagen]
[imagen]
LIBRO SEGUNDO
FÁBULA PRIMERA
El León con su ejército.
Á DON JAVIER MARÍA DE MUNIVE É IDIÁQUEZ
CONDE DE PEÑAFLORIDA, DIRECTOR PERPETUO DE LA REAL SOCIEDAD VASCONGADA
DE LOS AMIGOS DEL PAÍS.
Mientras que con la espada, en mar y tierra,
Los ilustres varones
Engrandecen su fama por la guerra
Sojuzgando naciones;
Tú, conde, con la pluma y el arado[74]
Ya enriqueces la patria, ya la instruyes;
Y haciendo venturosos, has ganado
El bien que buscas, y el laurel que huyes.
Con darte todo al bien de los humanos
No contento tu celo,
Supo unir á los nobles ciudadanos
Para felicidad del patrio suelo.
La hormiga codiciosa
Trabaja en sociedad[75] fructuosamente;
Y la abeja oficiosa
Labra siempre ayudada de su gente.
Así unes á los hombres laboriosos,
Para hacer sus trabajos más fructuosos.
Aquél viaja observando
Por las naciones cultas;
Éste con experiencias va mostrando
Las útiles verdades más ocultas:
Cuál cultiva los campos, cuál las ciencias;
Y de diversos modos,
Juntando estudios, viajes y experiencias,
Resulta el bien en que trabajan todos.
¡En que trabajan todos! ya lo dije,
Por más que yo también sea contado;
El sabio presidente que nos rige,
Tiene aun al más inútil ocupado.
Darme, conde, querías un destino
Al contemplarme ocioso é ignorante:
Era difícil; mas al fin tu tino
Encontró un genio en mí versificante[76].
Á Fedro y La Fontaine por modelos
Me pusiste á la vista,
Y hallaron tus desvelos
Que pudiera ensayarme á fabulista.
Y pues viene al intento,
Pasemos al ensayo: va de cuento.
El León, rey de los bosques poderoso,
Quiso armar un ejército famoso.
Juntó sus animales al instante:
Empezó por cargar al Elefante
Un castillo con útiles[77], y encima
Rabiosos Lobos que pusiesen grima.
Al Oso lo encargó de los asaltos:
Al Mono con sus gestos y sus saltos
Mandó que al enemigo entretuviese:
A la Zorra que diese
Ingeniosos ardides al intento.
Uno gritó:--La Liebre y el Jumento,
Éste por tardo, aquélla por medrosa,
De estorbo servirán, no de otra cosa.
--¿De estorbo? dijo el rey, yo no lo creo:
En la Liebre tendremos un correo,
Y en el Asno mis tropas un trompeta.
Así quedó la armada bien completa.
_Tu retrato es el León, conde prudente.
Y si á tu imitación, según deseo,
Examinan los jefes á su gente,
A todos han de dar útil empleo.
¿Por qué no lo han de hacer? ¿Habrá cucaña
Como no hallar ociosos en España?_
FÁBULA II
[imagen]
La Lechera.
Llevaba en la cabeza
Una Lechera el cántaro[78] al mercado,
Con aquella presteza,
Aquel aire sencillo, aquel agrado,
Que va diciendo á todo el que lo advierte:
¡Yo si que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
Más compañía que su pensamiento,
Que alegre la ofrecía
Inocentes ideas de contento.
Marchaba sola la feliz Lechera,
Y decía entre sí de esta manera:
--Esta leche vendida,
En limpio[79] me dará tanto dinero;
Y con esta partida
Un canasto[80] de huevos comprar quiero,
Para sacar cien pollos, que al estío
Me rodeen cantando el _pío, pío_.
Del importe logrado
De tanto pollo, mercaré[81] un cochino;
Con bellota, salvado,
Berza, castaña engordará sin tino,
Tanto que puede ser que yo consiga
Ver como se le arrastra la barriga[82].
Llevaréle[83] al mercado,
Sacaré de él sin duda buen dinero[84]
Compraré de contado
Una robusta vaca y un ternero
Que salte y corra toda la compaña[85]
Hasta el monte cercano á la cabaña.
Con este pensamiento
Enajenada brinca de manera,
Que á su salto violento
El cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!
¡Qué compasión! Á Dios[86] leche, dinero,
Huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía,
Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
No sea que, saltando de contento,
Al contemplar dichosa tu mudanza,
Quiebre su[87] cantarillo la esperanza.
No seas ambiciosa
De mejor ó más próspera fortuna,
Que vivirás ansiosa,
Sin que pueda saciarte cosa alguna.
_No anheles impaciente el bien futuro,
Mira que ni el presente está seguro._
FÁBULA III
[imagen]
El Asno sesudo.
Cierto Burro pacía
En la fresca y hermosa pradería[88]
Con tanta paz, como si aquella tierra
No fuese entonces teatro de la guerra.
Su dueño, que con miedo le guardaba,
De centinela en la ribera estaba:
Divisa al enemigo en la llanura;
Baja, y al buen Borrico le conjura[89]
Que huya precipitado.
El asno muy sesudo y reposado
Empieza á andar á paso perezoso.
Impaciente su dueño y temeroso
Con el marcial ruido
De bélicas trompetas al oído,
Le exhorta con fervor á la carrera.
--¡Yo correr! dijo el Asno, ¡bueno fuera!
Que llegue en hora buena Marte[90] fiero:
Me rindo, y él me lleva prisionero.
Servir aquí ó allí ¿no es todo uno?
¿Me pondrán dos albardas? no, ninguno[91].
Pues nada pierdo, nada me acobarda,
Siempre seré un esclavo con albarda.
No estuvo más en sí, ni más entero
Que el buen Pollino[92], Amiclas el barquero,
Cuando en su humilde choza le despierta
César con sus soldados á la puerta,
Para que á la Calabria los guiase.
¿Se podría encontrar quién no temblase,
Entre los poderosos,
De insultos[93] militares horrorosos
De la guerra enemiga?
No hay sino la pobreza que consiga
Esta grande exención; de aquí proviene[94]:
_Nada teme perder quien nada tiene._
FÁBULA IV
[imagen]
El Zagal y las Ovejas.
Apacentando un joven su ganado,
Gritó desde la cima de un collado[95]:
¡Favor, que viene el lobo, labradores!
Éstos, abandonando sus labores,
Acuden prontamente,
Y hallan que es una chanza[96] solamente.
Vuelve á clamar, y temen la desgracia:
Segunda vez los burla: ¡linda gracia!
¿Pero qué sucedió la vez tercera?
Que vino en realidad la hambrienta fiera:
Entonces el Zagal se desgañita;
Y por más que patea, llora y grita,
No se mueve la gente escarmentada,
Y el lobo le devora la manada.
_¡Cuántas veces resulta de un engaño
Contra el engañador el mayor daño!_
FÁBULA V
[imagen]
El Águila, la Corneja y la Tortuga.
Á una Tortuga un Águila arrebata:
La ladrona se apura y desbarata
Por hacerla pedazos,
Ya que no con la garra, á picotazos[97].
Viéndola una Corneja en tal faena,
La dice[98]:--En vano tomas tanta pena:
¿No ves que es la Tortuga, cuya casa
Diente, cuerno ni pico la traspasa[99];
Y si siente que llaman á su puerta,
Se finge la dormida, sorda ó muerta?--
¿Pues qué he de hacer?--Remontarás tu vuelo
Y en mirándote allá cerca del cielo,
La dejarás caer sobre un peñasco
Y se hará una tortilla el duro casco.
La Águila[100], porque diestra lo ejecuta,
Y la Corneja astuta,
Por autora de aquella maravilla,
Juntamente comieron la tortilla.
_¿Qué podrá resistirse á un poderoso
Guiado de un consejo malicioso?
De éstos tales se aparta el que es prudente;
Y así por escaparse de esta gente,
Las descendientes de la tal Tortuga
Á cuevas ignoradas hacen fuga[101]._
FÁBULA VI
[imagen]
El Lobo y la Cigüeña.
Sin duda alguna que se hubiera ahogado
Un Lobo con un hueso atragantado,
Si á la sazón no pasa una Cigüeña.
El paciente la ve, hácela seña[102];
Llega, y ejecutiva
Con su pico, jeringa primitiva,
Cual diestro cirujano,
Hizo la operación, y quedó sano.
Su salario pedía,
Pero el ingrato lobo respondía[103]:
--¿Tu salario? ¿pues qué más recompensa
Que el no haberte causado leve ofensa,
Y dejarte vivir para que cuentes
Que pusiste tu vida entre mis dientes?
Marchó, por evitar una desdicha,
Sin decir tus ni mus[104] la susodicha.
_Haz bien_, dice el proverbio castellano,
_Y no sepas á quién_; pero es muy llano
Que no tiene razón ni por asomo:
Es menester saber á quién y cómo.
El ejemplo siguiente
Nos hará esta verdad más evidente.
FÁBULA VII
El Hombre y la Culebra.
Á una Culebra, que de frío yerta[105]
En el suelo yacía medio muerta,
Un Labrador cogió; mas fué tan bueno,
Que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
Á su gran bienhechor traidora mata.
FÁBULA VIII
[imagen]
El Pájaro herido de una flecha.
Un Pájaro inocente
Herido de una flecha,
Guarnecida de acero
Y de plumas ligeras,
Decía en su lenguaje
Con amargas querellas
«¡Oh crueles humanos,
Más crueles que fieras
Con nuestras propias alas,
Que la naturaleza
Nos dió, sin otras armas
Para propia defensa,
Forjáis el instrumento
De la desdicha nuestra,
Haciendo que inocentes
Prestemos la materia.
Pero no, no es extraño
Que así bárbaros sean
Aquellos que, en su ruina,
Trabajan, y no cesan.
Los unos y otros fraguan[106]
Armas para la guerra;
Y es dar contra sus vidas
Plumas para las flechas.»
FÁBULA IX
[imagen]
El Pescador[107] y el Pez.
Recoge un Pescador su red tendida,
Y saca un pececillo.--Por tu vida,
Exclamó el inocente prisionero,
Dame la libertad: sólo la quiero,
Mira que no te engaño,
Porque ahora soy ruin[108]; dentro de un año
Sin duda lograrás el gran consuelo
De pescarme más grande que mi abuelo.
¡Qué! ¿te burlas? ¿te ríes de mi llanto?
Sólo por otro tanto
Á un hermanito mío
Un señor Pescador lo tiró al río.--
¡Por otro tanto al río? ¡qué manía!
Replicó el Pescador; ¿pues no sabía
Que el refrán castellano
Dice: _Más vale pájaro en la mano..._[109]?
Á sartén te condeno, que mi panza
No se llena jamás con la esperanza.
FÁBULA X
[imagen]
El Gorrión y la Liebre.
Un maldito[110] Gorrión así decía
Á una Liebre, que un Águila oprimía:
--¿No eres tú tan ligera,
Que si el perro te sigue en la carrera,
Le acarician y alaban como al cabo
Acerque sus narices á tu rabo?
Pues empieza á correr ¿qué te detiene?--
De este modo la insulta, cuando viene
El diestro Gavilán y le arrebata.
El preso chilla, el prendedor le mata;
Y la Liebre exclamó: Bien merecido:
¿Quién te mandó insultar al afligido?
¿Y á más, á más meterte á consejero[111],
No sabiendo mirar por ti primero?
FÁBULA XI
[imagen]
Júpiter y la Tortuga.
Á las bodas de Júpiter estaban
Todos los animales convidados:
Unos y otros llegaban
Á la fiesta nupcial apresurados[112].
No faltaba á tan grande concurrencia
Ni aun la reptil y más lejana oruga,
Cuando llega muy tarde y con paciencia[113]
Á paso perezoso la Tortuga.
Su tardanza reprende el dios airado;
Y ella le respondió sencillamente:
--Si es mi casita mi retiro amado,
¿Cómo podré dejarla prontamente?
Por tal disculpa Júpiter Tonante,
Olvidando el indulto de las fiestas,
La ley del caracol le echó al instante,
Que es andar con la casa siempre á cuestas.
_Gentes machuchas hay que hacen alarde_[114]
_De que aman su retiro con exceso;_
_Pero á su obligación acuden tarde:_
_Viven como el ratón dentro del queso._
FÁBULA XII
[imagen]
El Charlatán.
«Si cualquiera de ustedes
Se da por las paredes,
Ó arroja de un tejado,
Y queda á buen librar descostillado,
Yo me reiré muy bien: importa un pito[115],
Como tenga mi bálsamo exquisito».
Con esta relación un chacharero[116]
Gana mucha opinión y más dinero;
Pues el vulgo, pendiente de sus labios,
Más quiere á un charlatán que á veinte sabios.
Por esta conveniencia
Los hay el día de hoy en toda ciencia,
Que ocupan igualmente acreditados
Cátedras, academias y tablados.
Prueba de esta verdad será un famoso
Doctor en elocuencia, tan copioso
En charlatanería,
Que ofreció enseñaría
Á hablar discreto, con fecundo pico,
En diez años de término á un borrico.
Sábelo el rey, le llama, y al momento
Le manda dé lecciones á un jumento;
Pero bien entendido.
Que sería, cumpliendo lo ofrecido,
Ricamente premiado;
Mas cuando no, que moriría ahorcado.
El doctor asegura nuevamente
Sacar un orador asno elocuente.
Dícele callandito[117] un cortesano:
--Escuche, buen hermano,
Su frescura me espanta:
Á cáñamo me huele su garganta.
--No temáis, señor mío,
Respondió el Charlatán, pues yo me río.
¿En diez años de plazo que tenemos,
El rey, el asno ó yo no moriremos?
_Nadie encuentra embarazo
En dar un largo plazo
Á importantes negocios; mas no advierte
Que ajusta mal su cuenta sin la muerte._
FÁBULA XIII
[imagen]
El Milano y las Palomas.
Á las tristes Palomas un Milano,
Sin poderlas pillar, seguía en vano;
Mas él á todas horas
Servía de lacayo á estas señoras.
Un día, en fin, hambriento é ingenioso,
Así las dice:--¿Amáis vuestro reposo,
Vuestra seguridad y conveniencia?
Pues creedme en mi conciencia:
En lugar de ser yo vuestro enemigo,
Desde ahora me obligo,
Si la banda por rey me aclama luego,
A tenerla en sosiego,
Sin que de garra ó pico tema agravio;
Pues tocante á la paz seré un Octavio[118].--
Las sencillas Palomas consintieron:
Aclámanlo por rey: ¡_Viva_, dijeron,
_Nuestro rey el Milano_!
Sin esperar á más, este tirano[119]
Sobre un vasallo mísero se planta:
Déjale con el _viva_[120] en la garganta;
Y continuando así sus tiranías,
Acabó con el reino en cuatro días.
_Quien al poder se acoja de un malvado,
Será, en vez de feliz, un desdichado._
FÁBULA XIV
[imagen]
Las dos Ranas.
Tenían dos Ranas
Sus pastos[121] vecinos;
Una en un estanque,
Otra en un camino.
Cierto día á ésta
Aquélla le dijo:
--¿Es creíble, amiga,
De tu mucho juicio,
Que vivas contenta
Entre los peligros,
Donde te amenazan,
Al paso preciso,
Los pies y las ruedas,
Riesgos infinitos?
Deja tal vivienda[122],
Muda de destino:
Sigue mi dictamen,
Y vente conmigo.--
En tono de mofa,
Haciendo mil mimos[123],
Respondió á su amiga:
--¡Excelente aviso!
¡Á mí novedades!
¡Vaya, qué delirio!
Eso si que fuera
Darme el diablo ruido.
¡Yo dejar la casa,
Que fué domicilio
De padres, abuelos
Y todos los míos,
Sin que haya memoria
De haber sucedido
La menor desgracia
Desde luengos[124] siglos!
--Allá te compongas:
Mas ten entendido,
Que tal vez suceda
Lo que no se ha visto.--
Llegó una carreta
Á este tiempo mismo,
Y á la triste Rana
Tortilla la hizo.
_Por hombres de seso
Muchos hay tenidos,
Que á nuevas razones
Cierran los oídos.
Recibir consejos
Es un desvarío:
La rancia costumbre
Suele ser su libro._
FÁBULA XV
[imagen]
El parto de los Montes.