21 y le he dado tiempo para que se arrepienta de la fornicacion, y no se ha

arrepentido.

22 Hé aquí, yo la postraré en una cama, y á los que adulteran con ella, en

muy grande tribulacion, si no se arrepintieren de sus obras.

23 Y heriré de muerte sus hijos; y todas las Iglesias sabrán, que yo soy el

que escudriño los riñones, y los corazones; y daré á cada uno de vosotros

segun sus obras.

24 Pero yo digo á vosotros y á los demos que estais en Tiatira: Aquellos que

no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satanás,

como dicen, yo no enviaré sobre vosotros otra carga.

25 Empero la que teneis, tenedla hasta que yo venga.

26 Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo

le daré potestad sobre las naciones:

27 y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de

ollero, como tambien yo la he recibido de mi Padre.

28 Y le daré la estrella de la mañana.

29 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.

CAPITULO 3

1 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Sardo: El que tiene los siete

espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus

obras: tienes nombre que vives, y estás muerto.

2 Sé vigilante, y confirma las otras cosas que están para morir: porque no

he hallado tus obras perfectas delante de Dios.

3 Acuérdate pues de lo que has recibido, y has oido, y guárdalo, y

arrepiéntete. Y si no velares, vendré á tí como ladron, y no sabrás á qué

hora vendré á tí.

4 Mas tienes unas pocas personas tambien en Sardo, que no han ensuciado sus

vestiduras, y andarán conmigo en vestiduras blancas: porque son dignos.

5 El que venciere, será así vestido de vestiduras blancas; y no borraré su

nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y

delante de sus ángeles.

6 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.

7 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Filadelfia: El Santo y

Verdadero, que tiene la llave de David; que abre, y ninguno cierra; que

cierra, y ninguno abre, dice estas cosas:

8 Yo conozco tus obras: hé aquí, te he puesto delante de tí una puerta

abierta, y ninguno la puede cerrar: porque tú tienes una poquita de potencia,

y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

9 Hé aquí, yo daré de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y

no lo son, mas mienten: hé aquí, yo los constreñiré á que vengan, y adoren

delante de tus piés, y sepan que yo te he amado.

10 Porque has guardado la palabra de mi paciencia, y yo te guardaré de la

hora de la tentacion, que ha de venir en todo el mundo, para probar los que

moran en la tierra.

11 Mira, que yo vengo presto: reten lo que tienes, para que ninguno tome tu

corona.

12 Al que venciere yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca mas

saldrá fuera: y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la

ciudad de mi Dios, que es la nueva Jerusalem, la cual ha descendido del cielo

de mi Dios, y mi nombre nuevo.

13 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.

14 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia de los Laodicenses: Hé aquí, dice el

Amen, el testigo fiel y verdadero, el principio de la criatura de Dios:

15 Yo conozco tus obras: que ni eres frio, ni caliente: ojalá fueses frio, ó

hirviente:

16 mas porque eres tibia, y no frio ni hirviente, yo te vomitaré de mi boca.

17 Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad

de ninguna cosa: y no conoces que tú eres cuitado, y miserable, pobre, y

ciego, y desnudo:

18 yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas

hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la

vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19 Yo reprendo y castigo á todos los que amo: ten pues zelo, y enmiéndate.

20 Mira, que yo estoy á la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y me

abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.

21 Al que venciere, yo le daré que se asiente conmigo en mi trono: así como

yo he vencido, y me he asentado con mi Padre en su trono.

22 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.

CAPITULO 4

1 DESPUES de estas cosas miré, y hé aquí una puerta abierta en el cielo: y

la primera voz que oí era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo:

Sube acá, y yo te mostraré las cosas que es necesario que sean hechas despues

de estas.

2 Y luego yo fuí en espíritu: y he aquí un trono que estaba puesto en el

cielo, y sobre el trono estaba uno asentado.

3 Y el que estaba asentado, era al parecer semejante á una piedra de jaspe y

de sardio, y el íris estaba al rededor del trono semejante á una vision de

esmeralda.

4 Y al rededor del trono habia veinte y cuatro sillas: y ví sobre las sillas

veinte y cuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas: y tenian sobre

sus cabezas coronas de oro.

5 Y del trono salian relámpagos, y truenos, y voces: y habia siete lámparas

de fuego ardiendo delante del trono, las cuales son los siete espíritus de

Dios.

6 Y delante del trono [habia] como un mar de color de vidrio semejante al

cristal: y en medio del trono, y al rededor del trono cuatro animales llenos

de ojos delante y detrás.

7 Y el primer animal era semejante á un leon, y el segundo animal, semejante

á un becerro, y el tercer animal tenia la cara como hombre, y el cuarto

animal, semejante al águila que vuela.

8 Y los cuatro animales tenian cada uno por sí seis alas al rededor: y

dentro estaban llenos de ojos; y no tenian reposo dia ni noche, diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que

ha de venir.

9 Y cuando aquellos animales daban gloria, y honra, y alabanza al que estaba

sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,

10 los veinte y cuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado

en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás, y echaban sus coronas

delante del trono, diciendo:

11 Señor, digno eres de recibir gloria, y honra, y virtud: porque tú criaste

todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser, y fueron criadas.

CAPITULO 5

1 Y VÍ en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro

escrito dentro y fuera, sellado con siete sellos.

2 Y ví un ángel fuerte, predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el

libro, y de desatar sus sellos?

3 Y ninguno podia, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra,

abrir el libro, ni mirarle.

4 Y yo lloraba mucho, porque no habia sido hallado ninguno digno de abrir el

libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

5 Y uno de los ancianos me dice: No llores: hé aquí, el leon de la tribu de

Judá, la raiz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus

siete sellos.

6 Y miré: y hé aquí, en medio del trono, y de los cuatro animales, Y en

medio de los ancianos, estaba un Cordero como muerto, que tenia siete

cuernos, y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda

la tierra.

7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado

en el trono.

8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales, y los veinte y cuatro

ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y redomas

de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:

9 y cantaban uno nuevo cantico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de

abrir sus sellos: porque tú fuiste muerto, y nos has redimido para Dios con

tu sangre, de todo linaje, y lengua, y pueblo, y nacion:

10 y nos has hecho para nuestro Dios, reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre

la tierra.

11 Y miré, y oí voz de muchos ángeles al rededor del trono, y de los

animales, y de los ancianos: y la multitud de ellos era millones de millones,

12 que decian en alta voz: El Cordero que fué muerto es digno de tomar

potencia, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y

alabanza.

13 Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de

la tierra, y que está en la mar, y todas las cosas que en ellos están,

diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea alabanza, honra,

y gloria, y potencia para siempre jamás.

14 Y los cuatro animales decian: Amen. Y los veinte y cuatro ancianos

cayeron las caras contra tierra, y adoraron al que vive para siempre jamás.

CAPITULO 6

1 Y MIRÉ cuando el Cordero hubo abierto el uno de los sellos, y oí á uno de

los cuatro animales diciendo como con una voz de trueno: Ven, y ve.

2 Y miré, y hé aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él,

tenia un arco; y le fué dada una corona, y salió victorioso, para que tambien

venciese.

3 Y CUANDO él hubo abierto el segundo sello, oí el segundo animal, que

decia: Ven, y ve.

4 Y salió otro caballo bermejo: y al que estaba sentado sobre él, fué dado

poder de quitar la paz de la tierra, y que se matasen unos á otros: y le fué

dada una grande espada.

5 Y CUANDO él hubo abierto el tercer sello, oí al tercer animal, que decia:

Ven, y mira. Y miré, y hé aquí un caballo negro: y el que estaba sentado

encima de él tenia una balanza en su mano.

6 Y oí una voz en medio de los cuatro animales, que decia: Un cheniz de

trigo por un denario, y tres chenices de cebada por un denario; y no hagas

daño al vino, ni al aceite.

7 Y DESPUES que él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto animal, que

decia: Ven, y ve.

8 Y miré, y hé aquí un caballo pálido: y el que estaba sentado sobre él,

tenia por nombre Muerte, y el infierno le seguia: y le fué dada potestad

sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con

mortandad, y con bestias de la tierra.

9 Y CUANDO él hubo abierto el quinto sello, ví debajo del altar las almas de

los que habian sido muertos por la palabra de Dios, y por el testimonio que

ellos tenian:

10 y clamaban en alta voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y

verdadero, no juzgas, y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?

11 Y fueron dadas ropas blancas á cada uno de ellos, y les fué dicho, que

aun reposasen un poco de tiempo hasta que sus consiervos fuesen cumplidos, y

sus hermanos que tambien habian de ser muertos como ellos.

12 Y MIRÉ cuando él abrió el sexto sello: y hé aquí, fué hecho un gran

terremoto: y el sol se volvió negro como un saco de cilicio, y la luna fué

hecha toda como sangre:

13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja

caer sus higos prematuros cuando es movida de gran viento:

14 y el cielo se apartó como un libro que es envuelto: y todo monte y todas

islas fueron movidas de sus lugares:

15 y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes,

y los fuertes, y todo siervo, y todo libre se escondieron en las cuevas, y

entre las rocas de los montes:

16 y decian á los montes, y á las rocas: Caed sobre nosotros, y escondednos

de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:

17 porque el gran dia de su ira ha llegado: ¿y quién podrá resistir?

CAPITULO 7

1 DESPUES de estas cosas, ví cuatro ángeles que estaban sobre las cuatro

esquinas de la tierra, tenian los cuatro vientos de la tierra, para que no

soplase viento sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre ningun árbol.

2 Y ví otro ángel que subia del nacimiento del sol, teniendo el sello de

Dios vivo. Y clamó con gran voz á los cuatro ángeles, á los cuales era dado

hacer daño á la tierra, y á la mar,

3 diciendo: No hagais daño á la tierra, ni á la mar, ni á los árboles, hasta

que señalemos á los siervos de nuestro Dios en sus frentes.

4 Y oí el número de los señalados, ciento y cuarenta y cuatro mil señalados

de todas las tribus de los hijos de Israél.

5 De la tribu de Judá, doce mil señalados. De la tribu de Rubén, doce mil

señalados. De la tribu de Gad, doce mil señalados.

6 De la tribu de Asér, doce mil señalados. De la tribu de Nephthalí, doce

mil señalados. De la tribu de Manassé, doce mil señalados.

7 De la tribu de Simeón, doce mil señalados. De la tribu de Leví, doce mil

señalados. De la tribu de Isachár, doce mil señalados.

8 De la tribu de Zabulón, doce mil señalados. De la tribu de Joseph, doce

mil señalados. De la tribu de Benjamin, doce mil señalados.

9 Despues de estas cosas miré, y hé aquí una gran multitud, la cual ninguno

podia contar, de todas gentes, y linajes, y pueblos, y lenguas, que estaban

delante del trono, y en la presencia del Cordero, vestidos de largas ropas

blancas, y palmas en sus manos;

10 y clamaban á alta voz, diciendo: Salud al que esta sentado sobre el trono

de nuestro Dios, y al Cordero.

11 Y todos los ángeles estaban al rededor del trono, y de los ancianos, y de

los cuatro animales: y postráronse sobre sus caras delante del trono, y

adoraron á Dios,

12 diciendo: Amen: Alabanza, y gloria, sabiduría, y accion de gracias,

honra, potencia, y fortaleza á nuestro Dios para siempre jamás. Amen.

13 Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de

largas ropas blancas, ¿quiénes son? ¿y de dónde han venido?

14 Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han

venido de grande tribulacion, y han lavado sus largas ropas, y las han

blanqueado en la sangre del Cordero:

15 por esto están delante del trono de Dios, y le sirven dia y noche en su

templo: y el que está sentado en el trono morará entre ellos.

16 No tendrán mas hambre, ni sed; y el sol no caerá mas sobre ellos, ni otro

ningun calor:

17 porque el Cordero que está en medio del trono los alimentará, y los

guiará á las fuentes de aguas vivas. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos

de ellos.

CAPITULO 8

1 Y CUANDO él hubo abierto el séptimo sello, fué hecho silencio en el cielo

casi por media hora.

2 Y VÍ siete ángeles que estaban delante de Dios, y les fueron dadas siete

trompetas.

3 Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de

oro: y le fueron dados muchos inciensos para que pusiese de las oraciones de

todos los santos sobre el altar de oro, el cual estaba delante del trono.

4 Y el humo de los inciensos de las oraciones de los santos subió de la mano

del ángel delante de Dios.

5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo echó

en la tierra, y fueron hechos truenos, y voces, y relámpagos, y temblor de

tierra.

6 Y los siete ángeles que tenian las siete trompetas, se aparejaron para

tocarlas.

7 Y EL primer ángel tocó la trompeta, y fué hecho granizo, y fuego mezclado

con sangre, y fué echado sobre la tierra: y la tercera parte de los árboles

fué quemada, y toda la yerba verde fué quemada.

8 Y EL segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiente con

fuego fué lanzado en la mar, y la tercera parte de la mar fué vuelta en

sangre.

9 Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las

cuales tenian vida, y la tercera parte de los navíos pereció.

10 Y EL tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella

ardiendo como una antorcha encendida, y cayó en la tercera parte de los rios,

y en las fuentes de las aguas.

11 El nombre de la estrella se llama Ajenjo; y la tercera parte de las aguas

fué vuelta en ajenjo; y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron

hechas amargas.

12 Y EL cuarto ángel tocó la trompeta, y fué herida la tercera parte del

sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas: de

tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la

tercera parte del dia, y semejantemente de la noche.

13 Y ví, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: ¡Ay,

ay, de los que moran en la tierra! á causa de las otras voces de la trompeta

que los tres ángeles habian de tocar.

CAPITULO 9

1 Y EL quinto ángel tocó la trompeta, y ví una estrella que cayó del cielo

en la tierra: y le fué dada la llave del pozo del abismo.

2 Y abrió el pozo del abismo, y subió el humo del pozo como el humo de una

grande hornaza; y fué oscurecido el sol, y el aire con el humo del pozo.

3 Y del humo del pozo salieron langostas á la tierra: y les fué dada

potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.

4 Y les fué mandado que no hiciesen daño á la yerba de la tierra, ni á

ninguna cosa verde, ni á ningun árbol, sino solamente á los hombres que no

tienen la señal de Dios en sus frentes.

5 Y les fué dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses:

y su tormento era como tormento de escorpion cuando hiere al hombre.

6 Y en aquellos dias buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán: y

desearán morir, y la muerte huirá de ellos.

7 Y la forma de las langostas era semejante á caballos aparejados para

guerra: y sobre sus cabezas tenian como coronas semejantes al oro: y sus

caras eran como caras de hombres.

8 Y tenian cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como

dientes de leones.

9 Y tenian corazas como corazas de hierro: y el estruendo de sus alas, como

el ruido de los carros, que con muchos caballos corren á la batalla.

10 Y tenian colas semejantes á las colas de los escorpiones, y tenian en sus

colas aguijones: y su potestad era de hacer daño á los hombres cinco meses.

11 Y tienen sobre sí un rey, que es el ángel del abismo, el cual tenia por

nombre en hebráico Abaddon, y en griego Apollyon.

12 El un ay es pasado: y hé aquí, vienen aun dos ayes despues de estas

cosas.

13 Y EL sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de los cuatro cuernos del

altar de oro, el cual está delante de los ojos de Dios, que decia al sexto

ángel que tenia la trompeta:

14 Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran rio Eúfrates.

15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la

hora, y el dia, y el mes, y el año, para matar la tercera parte de los

hombres.

16 Y el número del ejército de los de á caballo era doscientos millones. Y

oí el número de ellos.

17 Y así ví los caballos en vision: y los que estaban sentados sobre ellos

tenian corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los

caballos eran como cabezas de leones: y de la boca de ellos salia fuego,

humo, y azufre.

18 Y de estas tres [plagas] fué muerta la tercera parte de los hombres, del

fuego, y del humo, y del azufre, que salian de la boca de ellos.

19 Porque su potencia esta en su boca, y en sus colas. Porque sus colas eran

semejantes á serpientes que tenian cabezas, y por ellas dañan.

20 Y los otros hombres que no fueron muertos de estas plagas, no se

enmendaron de las obras de sus manos, para que no adorasen demonios, é

imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera: las cuales

no pueden ver, ni oir, ni andar.

21 Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su

fornicacion, ni de sus hurtos.

CAPITULO 10

1 Y VÍ otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el íris

estaba en su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus piés como columnas de

fuego.

2 Y tenia en su mano un libro abierto: y puso su pié derecho sobre la mar, y

el izquierdo sobre la tierra:

3 y clamó con grande voz, como cuando un leon brama: y cuando hubo clamado,

siete truenos hablaron sus voces.

4 Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, iba á escribir; y

oí una voz del cielo, que me decia: Sella las cosas que los siete truenos han

hablado, y no las escribas.

5 Y el ángel que yo ví estar sobre la mar, y sobre la tierra, levantó su

mano al cielo,

6 y juró por el que vive para siempre jamás, que ha criado el cielo, y las

cosas que en él hay, y la tierra, y las cosas que en ella hay, y la mar, y

las cosas que en ella hay, que no habria ya mas tiempo.

7 Pero en los dias de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare á tocar

la trompeta, el secreto de Dios será consumado, como él lo evangelizó á sus

siervos los profetas.

8 Y oí una voz del cielo que hablaba conmigo otra vez, y me decia: Anda, ve,

y toma el libro abierto de la mano del ángel, que está sobre la mar, y sobre

la tierra.

9 Y fuí al ángel, diciéndole que me diese el librito; y él me dijo: Toma, y

trágalo, y él te hará amargar tu vientre; pero en tu boca será dulce como la

miel.

10 Y tomé el librito de la mano del ángel, y le tragué: y era dulce en mi

boca como la miel: y despues que le tragué, fué amargo mi vientre.

11 Y él me dice: Necesario es que otra vez profetices delante de muchos

pueblos y gentes, y lenguas, y reyes.

CAPITULO 11

1 Y ME fué dada una caña semejante á una vara, y me fué dicho: Levántate, y

mide el templo de Dios, y el altar, y á los que adoran en él:

2 y echa fuera el patio que está fuera del templo, y no le midas, porque es

dado á los Gentiles, y pisarán la santa ciudad cuarenta y dos meses.

3 Y daré á mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil y doscientos y

sesenta dias, vestidos de sacos.

4 Estos son los dos olivos, y los dos candeleros que están delante del Dios

de la tierra.

5 Y si alguno les quisiere dañar, sale fuego de la boca de ellos, y traga á

sus enemigos; y si alguno les quisiere hacer daño, es necesario que tambien

él sea muerto.

6 Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los dias de su

profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para

herir la tierra con toda plaga, todas las veces que quisieren.

7 Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del

abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará.

8 Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad, que

espiritualmente es llamada Sodoma, y Egipto; donde tambien nuestro Señor fué

crucificado.

9 Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de los

Gentiles verán los cuerpos de ellos por tres dias y medio, y no permitirán

que sus cuerpos sean puestos en sepulcros.

10 Y los moradores de la tierra se gozarán sobre ellos, y se alegrarán, y se

enviarán dones los unos á los otros: porque estos dos profetas han

atormentado á los que moran sobre la tierra.

11 Y despues de tres dias y medio el espíritu de vida entró en ellos,

[enviado] de Dios, y se enhestaron sobre sus piés, y vino gran temor sobre

los que los vieron.

12 Y oyeron una gran voz del cielo que les decia: Subid acá. Y subieron al

cielo en una nube; y sus enemigos los vieron.

13 Y en aquella hora fué hecho gran temblor de tierra: y la décima parte de

la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra los nombres de siete

mil hombres: y los demás fueron espantados, y dieron gloria á Dios del cielo.

14 EL segundo ay es pasado: y hé aquí, el tercero ay vendrá presto.

15 Y EL séptimo ángel tocó la trompeta; y fueron hechas grandes voces en el

cielo, que decian: los reinos de este mundo son reducidos á nuestro Señor, y

á su Cristo, y reinará para siempre jamás.

16 Y los veinte y cuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en

sus sillas, se postraron inclinadas sus caras, y adoraron á Dios,

17 diciendo: Te damos gracias, Señor, Dios Todopoderoso, que eres, y que

eras, y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has

reinado:

18 y los Gentiles se han airado, y tu ira es venida, y el tiempo de los

muertos para que sean juzgados, y para que des el galardon á tus siervos los

profetas, y á los santos, y á los que temen tu nombre, á los pequeñitos, y á

los grandes, y para que destruyas á los que destruyen la tierra.

19 Y el templo de Dios fué abierto en el cielo, y el arca de su testamento

fué visto en su templo, y fueron hechos relámpagos, y voces, y truenos, y

terremotos, y grande granizo.

CAPITULO 12

1 Y UNA gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la

luna debajo de sus piés, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

2 Y estando en cinta, clama con dolores de parto, y sufre tormento por

parir.

3 Y fué vista otra señal en el cielo: y hé aquí, un grande dragon bermejo,

que tenia siete cabezas y diez cuernos; y en sus cabezas siete diademas.

4 Y su cola traia con violencia la tercera parte de las estrellas del cielo,

y las echó en tierra. Y el dragon se paró delante de la mujer que estaba de

parto, para que cuando ella hubiese parido á su hijo se le tragase.

5 Y ella parió un hijo varon, el cual habia de regir todas las gentes con

vara de hierro: y su hijo fué arrebatado para Dios, y para su trono.

6 Y la mujer huyó á un desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para

que allí la mantengan mil y doscientos y sesenta dias.

7 Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Michaél y sus ángeles

batallaban contra el dragon: y el dragon batallaba, y sus ángeles:

8 mas no prevalecieron, ni su lugar fué mas hallado en el cielo.

9 Y fué lanzado fuera aquel gran dragon, que es la antigua serpiente, que es

llamada diablo, y Satanás, el cual engaña á todo el mundo: y fué arrojado en

tierra, y sus ángeles fueron derribados con él.

10 Y oí una gran voz en el cielo que decia: Ahora es hecha salvacion, y

virtud, y reino de nuestro Dios, y potencia de su Cristo: porque el acusador

de nuestros hermanos es ya derribado, el cual los acusaba delante de nuestro

Dios dia y noche.

11 Y ellos le han vencido por causa de la sangre del Cordero, y por la

palabra de su testimonio: y no han amado sus vidas hasta la muerte.

Reina Valera New Testament of the Bible 1858 · 第 36 / 38 段