arrepentido.
22 Hé aquí, yo la postraré en una cama, y á los que adulteran con ella, en
muy grande tribulacion, si no se arrepintieren de sus obras.
23 Y heriré de muerte sus hijos; y todas las Iglesias sabrán, que yo soy el
que escudriño los riñones, y los corazones; y daré á cada uno de vosotros
segun sus obras.
24 Pero yo digo á vosotros y á los demos que estais en Tiatira: Aquellos que
no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satanás,
como dicen, yo no enviaré sobre vosotros otra carga.
25 Empero la que teneis, tenedla hasta que yo venga.
26 Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo
le daré potestad sobre las naciones:
27 y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de
ollero, como tambien yo la he recibido de mi Padre.
28 Y le daré la estrella de la mañana.
29 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
CAPITULO 3
1 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Sardo: El que tiene los siete
espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus
obras: tienes nombre que vives, y estás muerto.
2 Sé vigilante, y confirma las otras cosas que están para morir: porque no
he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
3 Acuérdate pues de lo que has recibido, y has oido, y guárdalo, y
arrepiéntete. Y si no velares, vendré á tí como ladron, y no sabrás á qué
hora vendré á tí.
4 Mas tienes unas pocas personas tambien en Sardo, que no han ensuciado sus
vestiduras, y andarán conmigo en vestiduras blancas: porque son dignos.
5 El que venciere, será así vestido de vestiduras blancas; y no borraré su
nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y
delante de sus ángeles.
6 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
7 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia que está en Filadelfia: El Santo y
Verdadero, que tiene la llave de David; que abre, y ninguno cierra; que
cierra, y ninguno abre, dice estas cosas:
8 Yo conozco tus obras: hé aquí, te he puesto delante de tí una puerta
abierta, y ninguno la puede cerrar: porque tú tienes una poquita de potencia,
y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
9 Hé aquí, yo daré de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y
no lo son, mas mienten: hé aquí, yo los constreñiré á que vengan, y adoren
delante de tus piés, y sepan que yo te he amado.
10 Porque has guardado la palabra de mi paciencia, y yo te guardaré de la
hora de la tentacion, que ha de venir en todo el mundo, para probar los que
moran en la tierra.
11 Mira, que yo vengo presto: reten lo que tienes, para que ninguno tome tu
corona.
12 Al que venciere yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca mas
saldrá fuera: y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la
ciudad de mi Dios, que es la nueva Jerusalem, la cual ha descendido del cielo
de mi Dios, y mi nombre nuevo.
13 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
14 Y ESCRIBE al ángel de la Iglesia de los Laodicenses: Hé aquí, dice el
Amen, el testigo fiel y verdadero, el principio de la criatura de Dios:
15 Yo conozco tus obras: que ni eres frio, ni caliente: ojalá fueses frio, ó
hirviente:
16 mas porque eres tibia, y no frio ni hirviente, yo te vomitaré de mi boca.
17 Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad
de ninguna cosa: y no conoces que tú eres cuitado, y miserable, pobre, y
ciego, y desnudo:
18 yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas
hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la
vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
19 Yo reprendo y castigo á todos los que amo: ten pues zelo, y enmiéndate.
20 Mira, que yo estoy á la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y me
abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.
21 Al que venciere, yo le daré que se asiente conmigo en mi trono: así como
yo he vencido, y me he asentado con mi Padre en su trono.
22 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las Iglesias.
CAPITULO 4
1 DESPUES de estas cosas miré, y hé aquí una puerta abierta en el cielo: y
la primera voz que oí era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo:
Sube acá, y yo te mostraré las cosas que es necesario que sean hechas despues
de estas.
2 Y luego yo fuí en espíritu: y he aquí un trono que estaba puesto en el
cielo, y sobre el trono estaba uno asentado.
3 Y el que estaba asentado, era al parecer semejante á una piedra de jaspe y
de sardio, y el íris estaba al rededor del trono semejante á una vision de
esmeralda.
4 Y al rededor del trono habia veinte y cuatro sillas: y ví sobre las sillas
veinte y cuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas: y tenian sobre
sus cabezas coronas de oro.
5 Y del trono salian relámpagos, y truenos, y voces: y habia siete lámparas
de fuego ardiendo delante del trono, las cuales son los siete espíritus de
Dios.
6 Y delante del trono [habia] como un mar de color de vidrio semejante al
cristal: y en medio del trono, y al rededor del trono cuatro animales llenos
de ojos delante y detrás.
7 Y el primer animal era semejante á un leon, y el segundo animal, semejante
á un becerro, y el tercer animal tenia la cara como hombre, y el cuarto
animal, semejante al águila que vuela.
8 Y los cuatro animales tenian cada uno por sí seis alas al rededor: y
dentro estaban llenos de ojos; y no tenian reposo dia ni noche, diciendo:
Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que
ha de venir.
9 Y cuando aquellos animales daban gloria, y honra, y alabanza al que estaba
sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,
10 los veinte y cuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado
en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás, y echaban sus coronas
delante del trono, diciendo:
11 Señor, digno eres de recibir gloria, y honra, y virtud: porque tú criaste
todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser, y fueron criadas.
CAPITULO 5
1 Y VÍ en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro
escrito dentro y fuera, sellado con siete sellos.
2 Y ví un ángel fuerte, predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el
libro, y de desatar sus sellos?
3 Y ninguno podia, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra,
abrir el libro, ni mirarle.
4 Y yo lloraba mucho, porque no habia sido hallado ninguno digno de abrir el
libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
5 Y uno de los ancianos me dice: No llores: hé aquí, el leon de la tribu de
Judá, la raiz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus
siete sellos.
6 Y miré: y hé aquí, en medio del trono, y de los cuatro animales, Y en
medio de los ancianos, estaba un Cordero como muerto, que tenia siete
cuernos, y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda
la tierra.
7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado
en el trono.
8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales, y los veinte y cuatro
ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y redomas
de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:
9 y cantaban uno nuevo cantico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de
abrir sus sellos: porque tú fuiste muerto, y nos has redimido para Dios con
tu sangre, de todo linaje, y lengua, y pueblo, y nacion:
10 y nos has hecho para nuestro Dios, reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre
la tierra.
11 Y miré, y oí voz de muchos ángeles al rededor del trono, y de los
animales, y de los ancianos: y la multitud de ellos era millones de millones,
12 que decian en alta voz: El Cordero que fué muerto es digno de tomar
potencia, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y
alabanza.
13 Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de
la tierra, y que está en la mar, y todas las cosas que en ellos están,
diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea alabanza, honra,
y gloria, y potencia para siempre jamás.
14 Y los cuatro animales decian: Amen. Y los veinte y cuatro ancianos
cayeron las caras contra tierra, y adoraron al que vive para siempre jamás.
CAPITULO 6
1 Y MIRÉ cuando el Cordero hubo abierto el uno de los sellos, y oí á uno de
los cuatro animales diciendo como con una voz de trueno: Ven, y ve.
2 Y miré, y hé aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él,
tenia un arco; y le fué dada una corona, y salió victorioso, para que tambien
venciese.
3 Y CUANDO él hubo abierto el segundo sello, oí el segundo animal, que
decia: Ven, y ve.
4 Y salió otro caballo bermejo: y al que estaba sentado sobre él, fué dado
poder de quitar la paz de la tierra, y que se matasen unos á otros: y le fué
dada una grande espada.
5 Y CUANDO él hubo abierto el tercer sello, oí al tercer animal, que decia:
Ven, y mira. Y miré, y hé aquí un caballo negro: y el que estaba sentado
encima de él tenia una balanza en su mano.
6 Y oí una voz en medio de los cuatro animales, que decia: Un cheniz de
trigo por un denario, y tres chenices de cebada por un denario; y no hagas
daño al vino, ni al aceite.
7 Y DESPUES que él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto animal, que
decia: Ven, y ve.
8 Y miré, y hé aquí un caballo pálido: y el que estaba sentado sobre él,
tenia por nombre Muerte, y el infierno le seguia: y le fué dada potestad
sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con
mortandad, y con bestias de la tierra.
9 Y CUANDO él hubo abierto el quinto sello, ví debajo del altar las almas de
los que habian sido muertos por la palabra de Dios, y por el testimonio que
ellos tenian:
10 y clamaban en alta voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y
verdadero, no juzgas, y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?
11 Y fueron dadas ropas blancas á cada uno de ellos, y les fué dicho, que
aun reposasen un poco de tiempo hasta que sus consiervos fuesen cumplidos, y
sus hermanos que tambien habian de ser muertos como ellos.
12 Y MIRÉ cuando él abrió el sexto sello: y hé aquí, fué hecho un gran
terremoto: y el sol se volvió negro como un saco de cilicio, y la luna fué
hecha toda como sangre:
13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja
caer sus higos prematuros cuando es movida de gran viento:
14 y el cielo se apartó como un libro que es envuelto: y todo monte y todas
islas fueron movidas de sus lugares:
15 y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes,
y los fuertes, y todo siervo, y todo libre se escondieron en las cuevas, y
entre las rocas de los montes:
16 y decian á los montes, y á las rocas: Caed sobre nosotros, y escondednos
de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:
17 porque el gran dia de su ira ha llegado: ¿y quién podrá resistir?
CAPITULO 7
1 DESPUES de estas cosas, ví cuatro ángeles que estaban sobre las cuatro
esquinas de la tierra, tenian los cuatro vientos de la tierra, para que no
soplase viento sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre ningun árbol.
2 Y ví otro ángel que subia del nacimiento del sol, teniendo el sello de
Dios vivo. Y clamó con gran voz á los cuatro ángeles, á los cuales era dado
hacer daño á la tierra, y á la mar,
3 diciendo: No hagais daño á la tierra, ni á la mar, ni á los árboles, hasta
que señalemos á los siervos de nuestro Dios en sus frentes.
4 Y oí el número de los señalados, ciento y cuarenta y cuatro mil señalados
de todas las tribus de los hijos de Israél.
5 De la tribu de Judá, doce mil señalados. De la tribu de Rubén, doce mil
señalados. De la tribu de Gad, doce mil señalados.
6 De la tribu de Asér, doce mil señalados. De la tribu de Nephthalí, doce
mil señalados. De la tribu de Manassé, doce mil señalados.
7 De la tribu de Simeón, doce mil señalados. De la tribu de Leví, doce mil
señalados. De la tribu de Isachár, doce mil señalados.
8 De la tribu de Zabulón, doce mil señalados. De la tribu de Joseph, doce
mil señalados. De la tribu de Benjamin, doce mil señalados.
9 Despues de estas cosas miré, y hé aquí una gran multitud, la cual ninguno
podia contar, de todas gentes, y linajes, y pueblos, y lenguas, que estaban
delante del trono, y en la presencia del Cordero, vestidos de largas ropas
blancas, y palmas en sus manos;
10 y clamaban á alta voz, diciendo: Salud al que esta sentado sobre el trono
de nuestro Dios, y al Cordero.
11 Y todos los ángeles estaban al rededor del trono, y de los ancianos, y de
los cuatro animales: y postráronse sobre sus caras delante del trono, y
adoraron á Dios,
12 diciendo: Amen: Alabanza, y gloria, sabiduría, y accion de gracias,
honra, potencia, y fortaleza á nuestro Dios para siempre jamás. Amen.
13 Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de
largas ropas blancas, ¿quiénes son? ¿y de dónde han venido?
14 Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han
venido de grande tribulacion, y han lavado sus largas ropas, y las han
blanqueado en la sangre del Cordero:
15 por esto están delante del trono de Dios, y le sirven dia y noche en su
templo: y el que está sentado en el trono morará entre ellos.
16 No tendrán mas hambre, ni sed; y el sol no caerá mas sobre ellos, ni otro
ningun calor:
17 porque el Cordero que está en medio del trono los alimentará, y los
guiará á las fuentes de aguas vivas. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos
de ellos.
CAPITULO 8
1 Y CUANDO él hubo abierto el séptimo sello, fué hecho silencio en el cielo
casi por media hora.
2 Y VÍ siete ángeles que estaban delante de Dios, y les fueron dadas siete
trompetas.
3 Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de
oro: y le fueron dados muchos inciensos para que pusiese de las oraciones de
todos los santos sobre el altar de oro, el cual estaba delante del trono.
4 Y el humo de los inciensos de las oraciones de los santos subió de la mano
del ángel delante de Dios.
5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo echó
en la tierra, y fueron hechos truenos, y voces, y relámpagos, y temblor de
tierra.
6 Y los siete ángeles que tenian las siete trompetas, se aparejaron para
tocarlas.
7 Y EL primer ángel tocó la trompeta, y fué hecho granizo, y fuego mezclado
con sangre, y fué echado sobre la tierra: y la tercera parte de los árboles
fué quemada, y toda la yerba verde fué quemada.
8 Y EL segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiente con
fuego fué lanzado en la mar, y la tercera parte de la mar fué vuelta en
sangre.
9 Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las
cuales tenian vida, y la tercera parte de los navíos pereció.
10 Y EL tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella
ardiendo como una antorcha encendida, y cayó en la tercera parte de los rios,
y en las fuentes de las aguas.
11 El nombre de la estrella se llama Ajenjo; y la tercera parte de las aguas
fué vuelta en ajenjo; y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron
hechas amargas.
12 Y EL cuarto ángel tocó la trompeta, y fué herida la tercera parte del
sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas: de
tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la
tercera parte del dia, y semejantemente de la noche.
13 Y ví, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: ¡Ay,
ay, de los que moran en la tierra! á causa de las otras voces de la trompeta
que los tres ángeles habian de tocar.
CAPITULO 9
1 Y EL quinto ángel tocó la trompeta, y ví una estrella que cayó del cielo
en la tierra: y le fué dada la llave del pozo del abismo.
2 Y abrió el pozo del abismo, y subió el humo del pozo como el humo de una
grande hornaza; y fué oscurecido el sol, y el aire con el humo del pozo.
3 Y del humo del pozo salieron langostas á la tierra: y les fué dada
potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.
4 Y les fué mandado que no hiciesen daño á la yerba de la tierra, ni á
ninguna cosa verde, ni á ningun árbol, sino solamente á los hombres que no
tienen la señal de Dios en sus frentes.
5 Y les fué dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses:
y su tormento era como tormento de escorpion cuando hiere al hombre.
6 Y en aquellos dias buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán: y
desearán morir, y la muerte huirá de ellos.
7 Y la forma de las langostas era semejante á caballos aparejados para
guerra: y sobre sus cabezas tenian como coronas semejantes al oro: y sus
caras eran como caras de hombres.
8 Y tenian cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como
dientes de leones.
9 Y tenian corazas como corazas de hierro: y el estruendo de sus alas, como
el ruido de los carros, que con muchos caballos corren á la batalla.
10 Y tenian colas semejantes á las colas de los escorpiones, y tenian en sus
colas aguijones: y su potestad era de hacer daño á los hombres cinco meses.
11 Y tienen sobre sí un rey, que es el ángel del abismo, el cual tenia por
nombre en hebráico Abaddon, y en griego Apollyon.
12 El un ay es pasado: y hé aquí, vienen aun dos ayes despues de estas
cosas.
13 Y EL sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de los cuatro cuernos del
altar de oro, el cual está delante de los ojos de Dios, que decia al sexto
ángel que tenia la trompeta:
14 Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran rio Eúfrates.
15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la
hora, y el dia, y el mes, y el año, para matar la tercera parte de los
hombres.
16 Y el número del ejército de los de á caballo era doscientos millones. Y
oí el número de ellos.
17 Y así ví los caballos en vision: y los que estaban sentados sobre ellos
tenian corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los
caballos eran como cabezas de leones: y de la boca de ellos salia fuego,
humo, y azufre.
18 Y de estas tres [plagas] fué muerta la tercera parte de los hombres, del
fuego, y del humo, y del azufre, que salian de la boca de ellos.
19 Porque su potencia esta en su boca, y en sus colas. Porque sus colas eran
semejantes á serpientes que tenian cabezas, y por ellas dañan.
20 Y los otros hombres que no fueron muertos de estas plagas, no se
enmendaron de las obras de sus manos, para que no adorasen demonios, é
imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera: las cuales
no pueden ver, ni oir, ni andar.
21 Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su
fornicacion, ni de sus hurtos.
CAPITULO 10
1 Y VÍ otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el íris
estaba en su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus piés como columnas de
fuego.
2 Y tenia en su mano un libro abierto: y puso su pié derecho sobre la mar, y
el izquierdo sobre la tierra:
3 y clamó con grande voz, como cuando un leon brama: y cuando hubo clamado,
siete truenos hablaron sus voces.
4 Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, iba á escribir; y
oí una voz del cielo, que me decia: Sella las cosas que los siete truenos han
hablado, y no las escribas.
5 Y el ángel que yo ví estar sobre la mar, y sobre la tierra, levantó su
mano al cielo,
6 y juró por el que vive para siempre jamás, que ha criado el cielo, y las
cosas que en él hay, y la tierra, y las cosas que en ella hay, y la mar, y
las cosas que en ella hay, que no habria ya mas tiempo.
7 Pero en los dias de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare á tocar
la trompeta, el secreto de Dios será consumado, como él lo evangelizó á sus
siervos los profetas.
8 Y oí una voz del cielo que hablaba conmigo otra vez, y me decia: Anda, ve,
y toma el libro abierto de la mano del ángel, que está sobre la mar, y sobre
la tierra.
9 Y fuí al ángel, diciéndole que me diese el librito; y él me dijo: Toma, y
trágalo, y él te hará amargar tu vientre; pero en tu boca será dulce como la
miel.
10 Y tomé el librito de la mano del ángel, y le tragué: y era dulce en mi
boca como la miel: y despues que le tragué, fué amargo mi vientre.
11 Y él me dice: Necesario es que otra vez profetices delante de muchos
pueblos y gentes, y lenguas, y reyes.
CAPITULO 11
1 Y ME fué dada una caña semejante á una vara, y me fué dicho: Levántate, y
mide el templo de Dios, y el altar, y á los que adoran en él:
2 y echa fuera el patio que está fuera del templo, y no le midas, porque es
dado á los Gentiles, y pisarán la santa ciudad cuarenta y dos meses.
3 Y daré á mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil y doscientos y
sesenta dias, vestidos de sacos.
4 Estos son los dos olivos, y los dos candeleros que están delante del Dios
de la tierra.
5 Y si alguno les quisiere dañar, sale fuego de la boca de ellos, y traga á
sus enemigos; y si alguno les quisiere hacer daño, es necesario que tambien
él sea muerto.
6 Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los dias de su
profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para
herir la tierra con toda plaga, todas las veces que quisieren.
7 Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del
abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará.
8 Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad, que
espiritualmente es llamada Sodoma, y Egipto; donde tambien nuestro Señor fué
crucificado.
9 Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de los
Gentiles verán los cuerpos de ellos por tres dias y medio, y no permitirán
que sus cuerpos sean puestos en sepulcros.
10 Y los moradores de la tierra se gozarán sobre ellos, y se alegrarán, y se
enviarán dones los unos á los otros: porque estos dos profetas han
atormentado á los que moran sobre la tierra.
11 Y despues de tres dias y medio el espíritu de vida entró en ellos,
[enviado] de Dios, y se enhestaron sobre sus piés, y vino gran temor sobre
los que los vieron.
12 Y oyeron una gran voz del cielo que les decia: Subid acá. Y subieron al
cielo en una nube; y sus enemigos los vieron.
13 Y en aquella hora fué hecho gran temblor de tierra: y la décima parte de
la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra los nombres de siete
mil hombres: y los demás fueron espantados, y dieron gloria á Dios del cielo.
14 EL segundo ay es pasado: y hé aquí, el tercero ay vendrá presto.
15 Y EL séptimo ángel tocó la trompeta; y fueron hechas grandes voces en el
cielo, que decian: los reinos de este mundo son reducidos á nuestro Señor, y
á su Cristo, y reinará para siempre jamás.
16 Y los veinte y cuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en
sus sillas, se postraron inclinadas sus caras, y adoraron á Dios,
17 diciendo: Te damos gracias, Señor, Dios Todopoderoso, que eres, y que
eras, y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has
reinado:
18 y los Gentiles se han airado, y tu ira es venida, y el tiempo de los
muertos para que sean juzgados, y para que des el galardon á tus siervos los
profetas, y á los santos, y á los que temen tu nombre, á los pequeñitos, y á
los grandes, y para que destruyas á los que destruyen la tierra.
19 Y el templo de Dios fué abierto en el cielo, y el arca de su testamento
fué visto en su templo, y fueron hechos relámpagos, y voces, y truenos, y
terremotos, y grande granizo.
CAPITULO 12
1 Y UNA gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la
luna debajo de sus piés, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
2 Y estando en cinta, clama con dolores de parto, y sufre tormento por
parir.
3 Y fué vista otra señal en el cielo: y hé aquí, un grande dragon bermejo,
que tenia siete cabezas y diez cuernos; y en sus cabezas siete diademas.
4 Y su cola traia con violencia la tercera parte de las estrellas del cielo,
y las echó en tierra. Y el dragon se paró delante de la mujer que estaba de
parto, para que cuando ella hubiese parido á su hijo se le tragase.
5 Y ella parió un hijo varon, el cual habia de regir todas las gentes con
vara de hierro: y su hijo fué arrebatado para Dios, y para su trono.
6 Y la mujer huyó á un desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para
que allí la mantengan mil y doscientos y sesenta dias.
7 Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Michaél y sus ángeles
batallaban contra el dragon: y el dragon batallaba, y sus ángeles:
8 mas no prevalecieron, ni su lugar fué mas hallado en el cielo.
9 Y fué lanzado fuera aquel gran dragon, que es la antigua serpiente, que es
llamada diablo, y Satanás, el cual engaña á todo el mundo: y fué arrojado en
tierra, y sus ángeles fueron derribados con él.
10 Y oí una gran voz en el cielo que decia: Ahora es hecha salvacion, y
virtud, y reino de nuestro Dios, y potencia de su Cristo: porque el acusador
de nuestros hermanos es ya derribado, el cual los acusaba delante de nuestro
Dios dia y noche.
11 Y ellos le han vencido por causa de la sangre del Cordero, y por la
palabra de su testimonio: y no han amado sus vidas hasta la muerte.