[y es] colonia: y estuvimos en aquella ciudad algunos dias.
13 Y un dia de los sábados salimos de la ciudad al rio, donde solia ser la
oracion; y sentándonos hablamos á las mujeres que se hablan juntado.
14 Entonces una mujer, llamada Lidia, que vendia púrpura en la ciudad de los
Tiatiréos, temerosa de Dios, oyó: el corazon de la cual abrió el Señor, para
que estuviese atenta á lo que Pablo decia.
15 Y como fué bautizada, con su casa, [nos] rogó, diciendo: Si habeis
juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y nos
constriñió.
16 Y aconteció, que yendo nosotros á la oracion, una muchacha que tenia
espíritu Pitónico, nos salió delante: la cual daba grande ganancia á sus amos
adivinando.
17 Esta, siguiendo á Pablo, y á nosotros, daba voces, diciendo: Estos
hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud.
18 Y esto hacia por muchos dias, mas desagradando [esto] á Pablo, se volvió,
y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesu Cristo, que salgas de ella.
Y salió en la misma hora.
19 Y viendo sus amos que habia salido la esperanza de su ganancia,
prendieron á Pablo y á Silas; y los trajeron á la audiencia, al magistrado.
20 Y presentándolos á los magistrados, dijeron: Estos hombres alborotan
nuestra ciudad, siendo Judíos;
21 y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues
somos Romanos.
22 Y concurrió el pueblo contra ellos: y los magistrados rasgándoles sus
ropas los mandaron azotar con varas.
23 Y despues que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la
cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia.
24 El cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de mas
adentro, y les apretó los piés en el cepo.
25 Mas á media noche orando Pablo y Silas, cantaban himnos: y los que
estaban presos los oian.
26 Entonces fué hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los
cimientos de la cárcel se movian: y luego todas las puertas se abrieron; y
las prisiones de todos se soltaron.
27 Y despertado el carcelero, como vió abiertas las puertas de la cárcel,
sacando la espada se queria matar, pensando que los presos se habian huido.
28 Entonces Pablo clamó á gran voz, diciendo: No te hagas ningun mal: que
todos estamos aquí.
29 El entonces pidiendo lumbre, entró dentro, y temblando se derribó á los
piés de Pablo y de Silas.
30 Y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para
ser salvo?
31 Y ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesu Cristo, y serás salvo tú, y tu
casa.
32 Y le hablaron la palabra del Señor, y á todos los que estaban en su casa.
33 Y tomándolos [él] en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes;
y se bautizó luego él, y todos los suyos.
34 Y llevándolos á su casa, les puso la mesa; y se gozó de que con toda su
casa habia creido á Dios.
35 Y como fué de dia, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo:
Envia á aquellos hombres.
36 Y el carcelero hizo saber estas palabras á Pablo: Que los magistrados han
enviado que seais sueltos: así que ahora salid, é idos en paz.
37 Entonces Pablo les dijo: Azotados públicamente sin habernos oido,
[siendo] hombres Romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan
encubiertamente? no cierto: sino vengan ellos, y nos saquen.
38 Y los alguaciles volvieron á decir á los magistrados estas palabras: y
tuvieron miedo, oido que eran Romanos.
39 Y viniendo les pidieron perdon, y sacándolos, les rogaron que se saliesen
de la ciudad.
40 Entonces salidos de la cárcel, entraron en [casa de] Lidia, y visitados
los hermanos, los consolaron, y se salieron.
CAPITULO 17
1 Y PASANDO por Amfípolis, y por Apolonia, vinieron á Tesalónica, donde
habia sinagoga de Judíos.
2 Y Pablo, como acostumbraba, entró á ellos, y por tres sábados disputó con
ellos de las Escrituras,
3 declarando y proponiendo, que convenia que el Cristo padeciese, y
resucitase de los muertos; y que este era Jesu Cristo, el cual yo os anuncio.
4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los
Griegos religiosos grande multitud; y mujeres nobles no pocas.
5 Entonces los Judíos que eran incrédulos zelosos, tomando á algunos
ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y
acometiendo la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.
6 Y no hallándolos trajeron á Jasón y á algunos hermanos á los gobernadores
de la ciudad, dando voces: Que estos son los que alborotan el mundo, y han
venido acá;
7 á los cuales Jasón ha recibido, y todos estos hacen contra los decretos de
César, diciendo que Jesus es otro rey.
8 Y alborotaron el pueblo y á los gobernadores de la ciudad, oyendo estas
cosas.
9 Mas recibida satisfaccion de Jasón, y de los demás, los soltaron.
10 Entonces los hermanos luego de noche enviaron á Pablo y á Silas á Beréa,
los cuales como llegaron, entraron en la sinagoga de los Judíos.
11 Y fueron estos mas nobles que los [Judíos] que estaban en Tesalónica, que
recibieron la palabra con toda codicia, escudriñando cada dia las Escrituras,
si estas cosas eran así.
12 Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres Griegas honestas, y varones
no pocos.
13 Mas como entendieron los Judíos de Tesalónica que tambien en Beréa era
anunciada la palabra de Dios por Pablo, vinieron tambien allá alborotando el
pueblo.
14 Empero luego los hermanos enviaron á Pablo que fuese como á la mar: y
Silas y Timotéo se quedaron allí.
15 Y los que habian tomado á cargo á Pablo, le llevaron hasta Atenas: y
tomando mandado de él para Silas y Timotéo, que viniesen á él lo mas presto
que pudiesen, se partieron.
16 Y esperándolos Pablo en Atenas, su espíritu se deshacia en él, viendo la
ciudad dada á idolatría.
17 Así que disputaba en la sinagoga con los Judíos y religiosos, y en la
plaza cada dia con los que le ocurrian.
18 Y algunos filósofos de los Epicúreos y de los Estóicos disputaban con él;
y unos decian: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es
predicador de nuevos dioses; porque les predicaba á Jesus, y la resurreccion.
19 Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué sea
esta nueva doctrina que dices?
20 porque metes en nuestras orejas unas nuevas cosas: queremos pues saber
qué quiere ser esto.
21 Entonces todos los Atenienses, y los huéspedes extranjeros, en ninguna
otra cosa entendian sino, ó en decir, ó en oir alguna cosa nueva.
22 Estando pues Pablo en medio del Areópago, dijo: Varones Atenienses, en
todo os veo como mas supersticiosos:
23 porque pasando, y mirando vuestros santuarios, hallé tambien un altar en
el cual estaba esta inscripcion: Al Dios no conocido. Aquel, pues, que
vosotros honrais sin conocerle, á este os anuncio yo.
24 El Dios que hizo el mundo, y todas las cosas que en él [son,] este como
sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos;
25 ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo: pues él da á
todos vida, y respiracion, y todas las cosas.
26 El cual hizo de uno á todo el linaje de los hombres, para que habitasen
sobre toda la faz de la tierra, determinando las sazones, las cuales limitó,
y puestos los términos de la habitacion de ellos;
27 para que buscasen á Dios, si en alguna manera palpando le hallen: aunque
cierto no está lejos de cada uno de nosotros.
28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos: como tambien algunos de
vuestros poetas dijeron: Porque linaje de este somos tambien.
29 Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser
semejante ó á oro, ó á plata, ó piedra, ó á escultura de artificio, ó de
imaginacion de hombres.
30 Así que, disimulando Dios los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia
á todos los hombres que se arrepientan:
31 por cuanto ha establecido un dia, en el cual ha de juzgar con justicia á
todo el mundo por aquel varon al cual determinó, dando fé á todos,
levantándole de los muertos.
32 Y como oyeron la resurreccion de los muertos, unos entonces se burlaban;
y otros decian: Te oiremos acerca de esto otra vez.
33 Y así Pablo se salió en medio de ellos.
34 Mas algunos creyeron, juntándose con él: entre los cuales tambien [fué]
Dionisio él del Areópago, y una mujer llamada Damaris, y otros con ellos.
CAPITULO 18
1 PASADAS estas cosas Pablo se partió de Atenas, y vino á Corinto.
2 Y hallando á un Judío llamado Aquila, natural del Ponto, que hacia poco
que habia venido de Italia, y á Priscila su mujer, (porque Claudio habia
mandado que todos los Judíos saliesen de Roma,) se vino á ellos:
3 y porque era de su oficio, posó con ellos, y trabajaba: porque el oficio
de ellos era hacer tiendas.
4 Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadia á Judíos, y á
Griegos.
5 Y como Silas y Timotéo vinieron de Macedonia, Pablo era constreñido del
Espíritu, testificando á los Judíos que Jesus era el Cristo.
6 Y contradiciendo y blasfemando ellos, les dijo, sacudiendo sus vestidos:
Vuestra sangre [sea] sobre vuestra cabeza: yo limpio: desde ahora me iré á
los Gentiles.
7 Y partiendo de allí, entró en casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios,
la casa del cual estaba junto á la sinagoga.
8 Y Crispo, el prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa: y
muchos de los Corintios oyendo, creian, y eran bautizados.
9 Entonces el Señor dijo de noche en vision á Pablo: No temas, sino habla, y
no calles:
10 porque yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal: porque yo tengo
mucho pueblo en esta ciudad.
11 Y asentó [allí] un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.
12 Y siendo Gallion Procónsul de Achaya, los Judíos se levantaron de un
ánimo contra Pablo, y le trajeron al tribunal,
13 diciendo: Que este persuade á los hombres honrar á Dios contra la ley.
14 Y comenzando Pablo á abrir la boca, Gallion dijo á los Judíos: Si fuera
algun agravio, ó algun crímen enorme, oh Judíos, conforme á derecho yo os
tolerara:
15 mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo
vosotros: porque yo no quiero ser juez de esas cosas.
16 Y los echó del tribunal.
17 Entonces todos los Griegos tomando á Sóstenes, prepósito de la sinagoga,
le herian delante del tribunal: y á Gallion nada se le daba de ello.
18 MAS Pablo habiendo esperado aun allí muchos dias, despidiéndose de los
hermanos, navegó en Syria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose trasquilado
la cabeza en Cenchreas, porque tenia voto.
19 Y llegó á Efeso, y los dejó allí: y él entrando en la sinagoga, disputó
con los Judíos.
20 Los cuales rogándole que se quedase con ellos por mas tiempo, no se lo
concedió.
21 Antes se despidió de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso tenga
la fiesta que viene en Jerusalem: mas otra vez volveré á vosotros, queriendo
Dios. Y se partió de Efeso.
22 Y descendido á Cesaréa, subió [á Jerusalem,] y saludó á la Iglesia,
descendió á Antioquía.
23 Y habiendo estado allí algun tiempo, se partió, andando por órden la
provincia de Galacia, y la Frigia confirmando á todos los discípulos.
24 Llegó entonces á Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría,
varon elocuente, poderoso en las Escrituras.
25 Este era instruido en el camino del Señor, y ferviente de espíritu,
hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñado
solamente en el bautismo de Juan.
26 Y comenzó á tratar confiadamente en la sinagoga, al cual como oyeron
Priscila y Aquila, le tomaron, y le declararon mas particularmente el camino
de Dios.
27 Y queriendo él pasar á Achaya, los hermanos exhortados, escribieron á los
discípulos que le recibiesen, y venido él, aprovechó mucho por la gracia á
los que habian creido.
28 Porque con gran vehemencia convencia públicamente á los Judíos, mostrando
por las Escrituras que era el Cristo.
CAPITULO 19
1 Y ACONTECIÓ, que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas
las regiones superiores, vino á Efeso, donde hallando ciertos discípulos,
2 díjoles: ¿Habeis recibido al Espíritu Santo despues que creisteis? Y ellos
le dijeron: Antes ni aun hemos oido si hay Espíritu Santo.
3 Entonces les dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el
bautismo de Juan.
4 Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de penitencia, diciendo al pueblo,
que creyesen en el que habia de venir despues de él, es á saber, en Jesus el
Cristo.
5 Oidas estas cosas fueron bautizados en el nombre del Señor Jesus.
6 Y como Pablo les puso las manos encima, vino sobre ellos el Espíritu
Santo, y hablaban en lenguas, y profetizaban.
7 Y eran estos varones todos como doce.
8 Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de
tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios.
9 Mas endureciéndose algunos, y no creyendo, maldiciendo el camino [del
Señor] delante de la multitud, apartándose de ellos, apartó los discípulos,
disputando cada dia en la escuela de un señor:
10 y esto por dos años; de tal manera que todos los que habitaban en Asia,
Judíos y Griegos, oyeron la palabra del Señor Jesus.
11 Y hacia Dios maravillas no cualesquiera por la mano de Pablo.
12 De tal manera que aun se llevasen sobre los enfermos los sudarios y los
pañuelos de su cuerpo; y las enfermedades se iban de ellos, y los malos
espíritus salian de ellos.
13 Y algunos de los Judíos exorcistas vagabundos tentaron á invocar el
nombre del Señor Jesus sobre los que tenian espíritus malos, diciendo: Os
conjuramos por Jesus, el que Pablo predica.
14 Y habia unos siete hijos de un Sceva, Judío, príncipe de los sacerdotes,
que hacian esto.
15 Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesus conozco, y á Pablo sé:
mas, vosotros, ¿quién sois?
16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando en ellos, y
enseñoreándose de ambos, pudo mas que ellos, de tal manera que huyeron de
aquella casa desnudos y heridos.
17 Y esto fué notorio á todos, así Judíos como Griegos, los que habitaban en
Efeso: y cayó temor sobre todos ellos, y era ensalzado el nombre del Señor
Jesus.
18 Y muchos de los que habian creido, venian confesando, y dando cuenta de
sus hechos.
19 Asimismo muchos de los que habian seguido curiosidades, trajeron los
libros, y quemáronlos delante de todos: y echada cuenta del precio de ellos,
hallaron [que montaban] cincuenta mil denarios.
20 Así crecia poderosamente la palabra del Señor, y prevalecia.
21 Y ACABADAS estas cosas, propuso Pablo por espíritu (andada Macedonia y
Achaya) de partirse á Jerusalem, diciendo: Despues que hubiere estado allá,
me será menester ver tambien á Roma.
22 Y enviando á Macedonia á dos de los que le ayudaban, [es á saber,]
Timotéo y Erasto, él se estuvo por [algun] tiempo en Asia.
23 Entonces hubo un alboroto no pequeño acerca del camino [del Señor.]
24 Porque un platero, llamado Demetrio, el cual hacia de plata templos de
Diana, daba á los artífices no poca ganancia.
25 A los cuales juntados con los oficiales de semejante oficio, dijo:
Varones, ya sabeis que de este oficio tenemos ganancia:
26 y veis, y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, mas aun grande
multitud de casi toda la Asia, aparta con persuasion, diciendo: Que no son
dioses los que se hacen con las manos.
27 Y no solamente hay peligro de que esta ganancia se nos vuelva en
reproche, mas aun tambien que el templo de la grande diosa Diana sea estimado
en nada, y comience á ser destruida su majestad, la cual honra toda la Asia,
y el mundo.
28 Oidas estas cosas, se llenaron de ira, y dieron alarido, diciendo:
¡Grande Diana de los Efesios!
29 Y toda la ciudad se llenó de confusion, y unánimes arremetieron al
teatro, arrebatando á Gayo y á Aristarco, Macedonios, compañeros de Pablo.
30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron.
31 Tambien algunos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron
á él rogando que no se presentase en el teatro.
32 Y otros gritaban otro: porque la concurrencia era confusa, y los mas no
sabian porque se habian juntado.
33 Y sacaron de entre la multitud á Alejandro, rempujándole los Judíos.
Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, queria dar razon al pueblo.
34 Al cual como conocieron que era Judío, fué hecha una voz de todos que
gritaron casi por dos horas: ¡Grande Diana de los Efesios!
35 Entonces el escribano apaciguando las compañías, dijo: Varones Efesios,
porque ¿quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los Efesios es
honradora de la grande diosa Diana, y de la imágen venida de Júpiter?
36 así que pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüeis, y
que nada hagais temerariamente:
37 que habeis traido á estos hombres, ni sacrílegos, ni blasfemadores de
vuestra diosa:
38 que si Demetrio, y los oficiales que están con él, tienen negocio con
alguno, audiencias se hacen, y procónsules hay, acúsense los unos á los
otros:
39 y si demandais alguna otra cosa, en legítimo ayuntamiento se puede
despachar:
40 que peligro hay de que seamos argüidos de sedicion por hoy: no habiendo
ninguna causa por la cual podamos dar razon de este concurso. Y habiendo
dicho esto, despidió el concurso.
CAPITULO 20
1 Y DESPUES que cesó el alboroto, llamando Pablo los discípulos, habiéndolos
exhortado, se despidió, y se partió para ir á Macedonia.
2 Y despues que hubo andado aquellas partes, y exhortádolos con abundancia
de palabra, vino á Grecia.
3 Donde habiendo estado tres meses, habiendo de navegar en Siria, le fueron
puestas asechanzas por los Judíos: y tomó consejo de volverse por Macedonia.
4 Y le acompañaron hasta Asia Sopater Bereense; y Tesalonicenses, Aristarco
y Segundo; y Gayo Derbéo; y Timotéo; y Asianos, Tychico y Trófimo.
5 Estos yendo delante, nos esperaron en Troas.
6 Y nosotros, pasados los dias de los panes sin levadura, navegamos de
Filipos, y venimos á ellos á Troas en cinco dias, donde estuvimos siete dias.
7 Y el primero de los sábados, juntos los discípulos á partir el pan, Pablo
les enseñaba, habiendo de partir al dia siguiente; y alargó el sermon hasta
la media noche.
8 Y habia muchas lámparas en el cenadero donde estaban congregados.
9 Y un mancebo llamado Euticho, que estaba sentado en una ventana, tomado de
un sueño profundo, como Pablo disputaba largamente, derribado del sueño, cayó
desde el tercer cenadero abajo; y fué alzado muerto.
10 Al cual como Pablo descendiese, se derribó sobre él, y abrazándole, dijo:
No os alboroteis, que su alma está en él.
11 Y subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta el
alba, y así se partió.
12 Y trajeron al mozo vivo, y fueron consolados no poco.
13 Y nosotros subiendo en el navío navegamos á Asón, para recibir de allí á
Pablo: porque así habia determinado de venir por tierra.
14 Y como se juntó con nosotros en Asón, tomándole venimos á Mitilene.
15 Y navegando de allí, al dia siguiente venimos delante de Chio, y otro dia
tomamos puerto en Samo; y habiendo reposado en Trogilio, el dia siguiente
venimos á Mileto.
16 Porque Pablo habia propuesto de pasar adelante de Efeso, por no detenerse
en Asia: porque se apresuraba por hacer el dia de Pentecostes, si le fuese
posible, en Jerusalem.
17 Y ENVIANDO desde Mileto á Efeso, hizo llamar á los ancianos de la
Iglesia.
18 los cuales como vinieron á él, les dijo: Vosotros sabeis que desde el
primer dia que entré en Asia, como he sido con vosotros por todo el tiempo,
19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas y tentaciones
que me han venido por las asechanzas de los Judíos:
20 como nada que os fuese útil, he rehuido de anunciaros, y enseñaros
públicamente, y por las casas,
21 testificando á los Judíos, y á los Gentiles la conversion á Dios, y la fé
en nuestro Señor Jesu Cristo.
22 Y ahora hé aquí, que yo atado del Espíritu, voy á Jerusalem sin saber lo
que allá me ha de acontecer:
23 mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio,
diciendo: Que prisiones y tribulaciones me esperan.
24 Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida mas que á mí: solamente
que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesus,
para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
25 Y ahora hé aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros por quien he pasado
predicando el reino de Dios, verá mas mi rostro.
26 Por tanto yo os protesto el dia de hoy, que yo soy limpio de la sangre de
todos.
27 Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.
28 Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu
Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia de Dios, la cual
ganó por su sangre.
29 Porque yo sé, que despues de mi partida entrarán en vosotros graves
lobos, que no perdonarán ál ganado;
30 y que de vosotros mismos se levantarán hombres, que hablen cosas
perversas, para llevar discípulos tras sí.
31 Por tanto velad, acordándoos que por tres años, de noche y de dia, no he
cesado de amonestar con lágrimas á cada uno de vosotros.
32 Y ahora tambien, hermanos, os encomiendo á Dios, y á la palabra de su
gracia, el cual es poderoso para sobreedificar, y daros herencia con todos
los santificados.
33 La plata, ó el oro, ó el vestido de nadie he codiciado.
34 Antes vosotros sabeis, que para lo que me ha sido necesario, y á los que
están conmigo, estas manos me han servido.
35 [En] todo os he enseñado, que trabajando así, es necesario sobrellevar á
los enfermos, y acordarnos del dicho del Señor Jesus, el cual dijo:
Bienaventurada cosa es dar, antes que recibir.
36 Y como hubo dicho estas cosas, puesto de rodillas oró con todos ellos.
37 Entonces hubo un gran lloro de todos; y derribándose sobre el cuello de
Pablo, le besaban,
38 doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habian de ver
mas su rostro. Y le acompañaron al navío.
CAPITULO 21
1 COMO navegamos, arrancados de ellos, venimos camino derecho á Coos, y el
dia siguiente á Rodas, y de allí á Pátara.
2 Y hallando un navío que pasaba á Phenicia, embarcámonos [en él,] y
partimos.
3 Y como comenzó á mostrársenos Cipro, dejándola á mano izquierda, navegamos
á Siria y venimos á Tyro: porque el navío habia de descargar allí su carga.
4 Y nos quedamos allí siete dias, hallados los discípulos, los cuales decian
á Pablo por Espíritu, que no subiese á Jerusalem.
5 Y cumplidos aquellos dias, nos partimos, acompañándonos todos con sus
mujeres é hijos hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera,
oramos.
6 Y abrazándonos los unos á los otros, subimos en el navío; y ellos se
volvieron á sus casas.
7 Y nosotros, cumplida la navegacion, venimos de Tyro á Tolemaida, y
habiendo saludado á los hermanos, nos quedamos con ellos un dia.
8 Y otro dia, partidos Pablo y los que con él estabamos, venimos á Cesaréa;
y entrando en casa de Felipe el evangelista, el cual era uno de los siete,
posamos con él.
9 Y este tenia cuatro hijas doncellas que profetizaban.
10 Y reposando nosotros allí por muchos dias, descendió de Judéa un profeta
llamado Agabo.
11 El cual como vino á nosotros, tomó el cinto de Pablo, y atándose los piés
y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Al varon, cuyo es este cinto,
así le atarán los Judíos en Jerusalem, y le entregarán en manos de los
Gentiles.
12 Lo cual como oimos, rogamos nosotros, y los que estaban en aquel lugar,
que no subiese á Jerusalem.
13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué haceis llorando, y afligiéndome el
corazon? porque yo no solo á ser atado, mas aun á morir en Jerusalem, estoy
presto, por el nombre del Señor Jesus.
14 Y como no le pudimos persuadir, nos reposamos, diciendo: Hágase la
voluntad del Señor.
15 Y despues de estos dias, apercibidos, subimos á Jerusalem.
16 Y vinieron tambien con nosotros de Cesaréa algunos de los discípulos,
trayendo consigo á un Nasón Ciprio, discípulo antiguo con el cual posásemos.
17 Y como llegamos á Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena
voluntad.
18 Y EL dia siguiente Pablo entró con nosotros á Jacobo, y todos los
ancianos se juntaron.
19 A los cuales, como los hubo saludado, contó por menudo lo que Dios habia
hecho entre los Gentiles por su ministerio.
20 Y ellos como [lo] oyeron, glorificaron al Señor; y le dijeron: Ya ves,
hermano, cuantos millares de Judíos son los que han creido: mas todos son
celadores de la ley:
21 y han oido de tí por relacion de otros, que enseñas á apartarse de Moisés
á todos los Judíos que están entre los Gentiles; y que dices, que no han de
circuncidar sus hijos, ni andar segun la costumbre:
22 ¿qué hay pues? en todo caso es menester que la multitud se junte: porque
oirán que has venido:
23 haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro varones, que
tienen voto sobre sí: